NEREA KAIRON
El peor tipo de silencio no es el vacío.
Es el silencio después de que alguien importante se va.
Nerea lo sintió desde que entró al despacho.
No había risas.
No había apuestas.
No había comentarios disfrazados de bromas.
Solo trabajo.
Y miradas que evitaban mirarla demasiado tiempo.
Como si todos supieran algo que ella aún no quería aceptar.
—No ha vuelto a llamar —dijo Laura en voz baja.
Nerea no levantó la vista de su escritorio.
—No tiene por qué.
—Han pasado tres días.
—Lo sé.
Silencio.
Laura la observó con cuidado.
—No estás bien.
—Estoy trabajando.
—Eso no es una respuesta.
—Es la única que tengo.
En la oficina de Enzo… todo seguía exactamente igual.
Demasiado igual.
Ricardo entró sin tocar.
Otra vez.
—Esto ya no es gracioso.
Enzo no levantó la vista.
—No intento que lo sea.
—Tres días sin aparecer.
—Estoy resolviendo algo importante.
—Ella es algo importante.
Silencio.
El bolígrafo de Enzo se detuvo.
Solo un segundo.
Pero suficiente.
—No mezcles cosas —dijo él.
—Ya están mezcladas.
—No lo están.
—Enzo…
Ricardo suspiró.
—Te estás rompiendo en dos direcciones.
—Estoy tomando una decisión.
—Estás huyendo.
Enzo finalmente lo miró.
Y esta vez su mirada no fue fría.
Fue cansada.
—No entiendes lo que está en juego.
Ricardo lo observó.
—Entonces explícamelo.
Silencio.
Enzo no respondió.
Porque no podía.
O no quería.
Mientras tanto, Nerea recibió una llamada inesperada.
Número desconocido.
Dudó.
Contestó.
—¿Sí?
Silencio al otro lado.
Luego una voz.
Conocida.
Demasiado.
—Soy yo.
El corazón de Nerea se detuvo.
—Enzo…
—Necesito verte.
Su voz no sonaba como siempre.
No era orden.
No era control.
Era otra cosa.
Algo más crudo.
—¿Dónde estás?
—En la ciudad.
—Eso no responde nada.
—Lo sé.
Silencio.
Nerea cerró los ojos.
—Pensé que ibas a quedarte fuera unos días.
—No pude.
Esa frase lo dijo todo.
—Ven a la oficina —dijo ella finalmente.
Pausa.
—No.
Silencio.
Nerea abrió los ojos.
—¿Entonces?
—No ahí.
—¿Dónde?
Enzo tardó unos segundos.
Demasiados.
—El lugar donde todo empezó a complicarse.
Nerea sintió un nudo en el estómago.
—La terraza.
El viento estaba más frío de lo que recordaba.
O tal vez era ella.
O tal vez era todo lo demás.
Nerea llegó primero.
No tuvo que esperar mucho.
La puerta se abrió.
Enzo apareció.
Sin corbata.
Sin el control habitual.
Sin esa armadura perfecta.
Solo él.
Por unos segundos ninguno habló.
Solo se miraron.
Como si el mundo hubiera detenido el tiempo para obligarlos a enfrentar lo inevitable.
—Te fuiste —dijo ella finalmente.
—Tuve que hacerlo.
—Siempre tienes que hacerlo.
Silencio.
Enzo dio un paso adelante.
Luego otro.
Pero más lento que antes.
Como si esta vez no supiera si tenía derecho.
—No vine a justificarme.
—Entonces a qué viniste.
Él la miró.
Y esta vez no evitó la verdad.
—A decirte que no puedo seguir sin esto.
Silencio.
Nerea lo observó.
—¿Sin qué?
Enzo respiró hondo.
Como si la respuesta le pesara físicamente.
—Sin ti.
El mundo no se rompió.
Pero casi.
Nerea bajó la mirada un segundo.
Solo uno.
Porque si lo mantenía mucho tiempo…
perdería el control.
—Te fuiste igual.
—Porque tenía miedo.
Eso la detuvo.
Lo miró.
—¿Miedo de qué?
Enzo tardó.
Pero cuando respondió…
no hubo estrategia.
No hubo cálculo.
Solo verdad.
—De no ser suficiente para ti.
Silencio absoluto.
Nerea sintió que algo dentro de ella se aflojaba.
Lento.
Doloroso.
Irreversible.
—Enzo…
Él la miró como si esa fuera la única palabra que necesitaba escuchar.
—No soy bueno con esto —dijo él.
—Ya me di cuenta.
Pequeña sonrisa de ella.
Casi invisible.
—Pero no quiero perderte.
Eso fue lo más directo que había dicho en su vida.
Y lo más peligroso.
Nerea dio un paso hacia él.
Luego otro.
Hasta que la distancia volvió a desaparecer.
—Entonces no me pierdas.
Silencio.
Enzo levantó una mano.
Pero esta vez no dudó.
No pidió permiso.
Solo la tocó.
Y cuando la besó…
no había huida esta vez.
No había caos.
Solo elección.
Pero en algún lugar lejano del mundo…
el teléfono de Enzo volvió a sonar.
Y esta vez…
él no lo ignoró.
Solo cerró los ojos.
Como si supiera que lo que venía…
iba a cambiarlo todo otra vez.
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PSD: Cuando escribi esto estaba escuchando Mi buen amor ....
V.N