Take Me: Tómame

Capítulo 3

﴾Cinco años atrás﴿

Simone Cárter

Aunque cada día despertaba lista para enfrentar mi muerte, nunca me puse a imaginar lo que se sentiría, ¿cómo sería?, ¿cuánto tardaría?, si en algún momento quise pensar en eso, simplemente lo evité, porque cual sea la respuesta, no puede ser agradable, lo tuve que averiguar en su momento, sentada en los escalones del pórtico, con la esperanza de que alguien llegara en mi auxilio, de pronto la mujer fuerte que era se escondió y la pequeña niña indefensa salió gritando, ahogada en dolor mientras el frío se apoderaba lentamente de mi cuerpo, de un momento a otro ya no había dolor, me sentía en un sopor; tal vez por la hemorragia, había perdido mucha sangre y seguía haciéndolo, mi cuerpo se entumía y era una sensación tan extraña, era como si me fuera apagando lentamente, primero se fue la sensibilidad, después el oído, me imaginaba ese momento como en una gran empresa que se fue a la quiebra, deteniendo las máquinas, apagando las luces y sacando a todos hasta que queda sola, así mi cuerpo estaba “cerrando”.

Lo último que me quedó fue la mirada, lentamente se empezó a apagar como un televisor viejo, los bordes se volvían oscuros y cada vez se cerraban más, haciendo el túnel más delgado, estaba lista, estaba resignada, solo quería dejar de sentir frío y por un momento estaba agradecida, ¿cuánto dolor ya había pasado?, ¿cuánto sacrificio?, no tenía nada… estaba sola, si en algún momento lo tuve todo, el reconocimiento por mi trabajo, el cariño de mis compañeros, el valor para enfrentarme a los obstáculos, ya no tenía nada de eso, solo era un despojo de lo que alguna vez fue Simone Cárter, heroína y vergüenza, pero si algo me dolía más que todo eso… era Aiden… lo había tenido, su cariño, su amor, su apoyo, ¡carajo!, estaba perdidamente enamorada de él, lo hubiera dado todo sin pensarlo, lástima que de un momento a otro, lo perdí.

Cuando creí tener una segunda oportunidad, también la perdí; había quedado embarazada, era el último vestigio del amor que Aiden y yo tuvimos, mi última esperanza para ser feliz, pero una vez más el destino decidió arrebatármelo, ¿qué tan infeliz debía de ser?

Fue lo último, la gota que me llevó a perder la cordura, a alejarme de todo, dejar la policía y mantenerme en una casa lejos de la ciudad, entre el bosque, esperando que mi final llegara, anhelando desaparecer cada mañana, simplemente dejar de existir, creyendo que así dejaría de doler y por un breve instante, por unos segundos antes de que mi mirada se terminara de apagar, tuve la falsa sensación de que así era, el dolor, no solo el corporal, había desaparecido, no sabía a donde iría, que pasaría después, pero estaba resignada y eso me hacía feliz, por fin todo acabaría, mi corazón ya no tenía un buen motivo para volver a latir y en el último segundo, algo volvió a doler en mi pecho, algo se volvió a encender como una llama.

Al final del túnel que se rehusaba a dejarse consumir por la oscuridad, lo vi, corriendo hacia mí con desesperación, mi corazón despertó, intentó dar un último latido. Aiden se acercaba, desesperado, angustiado, oliendo mi muerte, sabiendo en el fondo de su alma que las cosas estaban mal; su imagen fue suficiente estímulo para que yo quisiera regresar, el dolor en sus ojos me rompía, quería abrazarlo, consolarlo, decirle que todo estaría bien, pero… la muerte ya se había apoderado de mi cuerpo, la partida había comenzado, mi espíritu solo pendía de un delgado hilo de mi cuerpo, hilo que se rompió en cuanto Aiden poso sus manos en mí y mi mirada se terminó de apagar.

Algo dentro de mí se quería aferrar de nuevo a la vida, la muerte que tanto anhelé, en ese punto, ya no la quería, deseaba regresar, deseaba continuar, de pronto una lista de pendientes llegaron a mi cabeza,  ahora resultaba que tenía asuntos sin concluir, entre ellos, Aiden.

Pese a mis esfuerzos por rehusarme a buscarlo e incluso esconderme de él, necesitaba verlo una vez más, necesitaba hablar con él, decirle lo que había pasado, decirle de nuestro bebé, decirle que me sentía sola, dolida, que necesitaba de él para volver a estar bien, que me había cansado de aparentar ser fuerte, que no podía con su ausencia, que dolía en mi corazón, pero… ya era tarde, había dejado de existir, mi mente se había disuelto en el ambiente, me volví parte de todo y dejé de existir.

Los recuerdos pasaban ante mí, solo agradecía que fueran dulces, con mis padres, con mis amigos, con Aiden, esos momentos de amor y ternura, sus caricias, sus palabras tiernas, de nuevo volvía a sentir, de nuevo algo dolía en mi pecho y los ojos ardían, pero ¿cómo era eso posible si ya no existía?

Con forme los recuerdos se desvanecían como humo, el dolor iba en aumento, las lágrimas salían, ¿qué ocurría?, ¿cómo era posible?, de pronto era como volver a morir, un infarto al corazón retorciendo lo que quedaba de mi alma y de pronto, de nuevo la luz, de nuevo un entorno, de nuevo veía una imagen nueva.

Una luz cegadora, blanca y resplandeciente llegando a mis ojos, intento mover mis manos y piernas, pero no reaccionan, me siento entumida, congelada, cada articulación rechina como puerta vieja y sin aceitar, cierro mis parpados por un momento intentando huir de esa luz, la cabeza me punza tan fuerte que siento que me va a reventar.

Con la poca fuerza que tengo me apoyo sobre mis brazos y echo un vistazo, estoy en una plancha de metal, fría y dura.

—Así que… así se siente estar aquí, en su lugar— escucho mi propia voz retumbando con fuerza en mi cabeza, levanto la mirada y veo a Aiden colocándose sus guantes de látex, sonriendo de lado y viéndome de forma desaprobatoria, pero conteniéndose.




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