Take Me: Tómame

Capítulo 38

—Supongo que hay cosas que no nos podemos explicar, pero creo que todo puede coexistir… creo que… no tienes que escoger un bando, creo que aquí no se trata de una pelea de dioses, simplemente… hacer lo correcto o no… eso es todo, ¿no crees?—, resopla y se recarga contra la mesa de atrás de nosotros —y hablando de hacer lo correcto… ¿hablaste con Simone?—, tuerce los ojos, creo saber la respuesta.

—Lo iba a hacer, no pude… y menos cuando la vi usando un par de hachas muy afiladas, se las dieron las nornas, eran de Ladgertha… ¿cómo iba a decirle algo?, pude morir en verdad…

—Dudo que tu mayor temor hubieran sido las hachas…

—No sé cómo decirle la verdad… no sé cómo acercarme y decirle… ¡oye! ¿qué crees?, soy tu padre y la tal Sigyn, quien ayuda a Burak, es tu madre, fue una noche loca, de copas y naciste tú y ¿qué crees?, tu madre te quiere arrancar el corazón para dárselo de comer a tu medio hermano, Grendel…

—Pues… eso fue muy conciso y directo… tal vez funcione…

—¡No funcionará!, ¡me odiará!, yo lo haría… la abandoné…

—No la abandonaste… solo hiciste lo que creíste mejor para ella…

—Arruiné su vida…

—Bien, tal vez un poco cuando fuimos a visitarla aquella vez, pero… no es momento para dudar, no puedes evitar decirle la verdad…

—Lo sé… mañana iremos a desayunar y hablaremos del tema.

—También deberías de hablar con ella sobre otra cosita…— voltea de nuevo hacia mí con el ceño fruncido.

—¿Qué “cosita”?

—Sitriuc… el hijo de Ivar.

—¿Qué hay con él?

—Al parecer está trabajando en la policía junto con Simone, es quien ha estado metiendo ruido en todo esto… está manipulando las cosas para que ella salga de balance, sea descubierta y… empiece la batalla que tanto anhela Ivar.

—¡¿Qué?!—, se levanta molesto, puedo ver el odio llameando en sus ojos.

—Me lo dijo Lucifer, el no me mentiría.

—No creo que sea mentira… esos dos son capaces de lo que sea, tu has visto la postura de Ivar, si cometen un error esto terminará muy mal para nosotros, para Simone…

—Tiene que estar enterada… tendrás que agregar ese pequeño detalle a su conversación.

—No, tendré que hablar con Ivar… me tiene que escuchar— emprende el camino hacia la habitación de Ivar.

—No lo encontrarás… ¿crees que no fue lo primero que se me ocurrió?

—Esto no se quedará así— me dice apretando los dientes y esos ojos que me dicen que está dispuesto a llegar a las últimas consecuencias para poner a ese par en su lugar.

 

Simone Cárter

De pronto abro los ojos, siento la suavidad de la cama, mi cuerpo está enredado en las sábanas, veo el reloj despertador, son las 8:00 de la mañana, estiro mis manos buscando por el colchón, pero no encuentro nada, me levanto, intento sentarme, estoy sola, ¿fue un sueño lo que ocurrió anoche?, el dolor de mis muslos me dice que no.

Me levanto con algo de torpeza y me estiro, cubro mi cuerpo con una sábana y permanezco frente al espejo del tocador, aún está el vino y las copas que no pudimos degustar el día de ayer; mi cabello está hecho un nido y mi cuello aún tiene sangre seca, pero las heridas han cicatrizado y desaparecido por completo.

De pronto un sonido llega a mis oídos, el caer de agua, alguien está en el baño tomando una ducha y sé perfectamente quien es. Mis pies descalzos no hacen el menor ruido, abro la puerta lentamente y el vapor llega a mi piel. Avanzo hacia la regadera y corro lentamente la cortina. Lo primero que veo son sus espaldas anchas, aun con los rasguños que le hice anoche, se mantiene recargado en la pared mientras el agua cae en su cuerpo, cubriendo sus músculos; me quedo hipnotizada viendo fijamente su cuerpo, mi corazón se detiene y mis labios se entreabren, en  verdad es imponente, atractivo, lo que ese traje serio esconde es… maravilloso.

Levanta la cabeza y la gira sutilmente hacia mí, lo suficiente para verme por el rabillo del ojo y descubrirme. Una sonrisa aparece y ese hoyuelo que tanto me fascina se asoma, es entonces cuando decide girar para encararme y mostrarme su pecho y abdomen firme, las heridas del fuego que alguna vez sufrió casi han desaparecido, sin prestar atención a su mirada de depredador, acerco mi mano hacia su piel, trato de delinear las finas líneas de aquellas cicatrices, son casi imperceptibles.

—Casi desaparecen…— le digo en voz baja y no puedo evitar sonreír, es como si estas se diluyeran con forme nuestra relación comienza a sanar. Pone su mano encima de la mía, presionándola contra su pecho, haciendo que mí mirada vuelva a subir hacia sus ojos granate.

—Casi, pero aún falta mucho— lleva mi mano hasta su boca y la besa suavemente, robándome de nuevo el aliento con tan simple gesto —¿me acompañas?—, cuando me hace la pregunta mi cerebro parece no entender bien.

—¿A dónde?—, capto tarde que se refería a tomar un baño. Su sonrisa se vuelve más grande, divertido por mi torpeza.

—Podrán cambiar muchas cosas en nosotros, podrás ser una inmortal con un poder de regeneración impresionante, una asesina nórdica letal, una valquiria vengadora, pero aun guardas esa inocencia espontanea que tanto me encanta— no puedo evitar sonrojarme, que vergüenza, tanto esfuerzo por verme más agresiva y ruda y esto es lo que termino siendo, para él siempre seré una niña.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.