«Historia de Loryenna… debe ser esta aula».
Al encontrar el salón correspondiente en su horario, Seiyi y sus amigos entraron con sigilo, intentando pasar desapercibidos ante el profesor. Pero algo en la forma en que aquel hombre sujetaba los papeles, junto con la confusión que se respiraba en el aire, le dio a Seiyi algo de mala espina.
«Esto no es bueno… esa expresión ya la he visto antes. Aunque, bueno… tengo un plan para eso».
Sin pensarlo dos veces, abrió la ventana junto a su asiento. Dejó que los rayos de sol atravesaran el aula, apuntando directamente hacia su pupitre. Luego se sentó, aparentando tranquilidad.
Claro que ese asiento tampoco era casualidad: justo frente a él estaba un elfo blanco de la raza Aelvari, con el típico brazalete del Reino de las Fábulas. Perfecto. Su plan dependía completamente de ese tipo.
«Mi intuición nunca falla. Ahora solo falta que diga… la frase».
—Oye, Seiyi… ¿no tienes un mal presentimiento? —susurró Manny, sudando frío.
—Examen sorpresa.
—¿Eh?
—Es Historia de Loryenna II. Estoy casi seguro de que hoy nos van a probar. Hicieron lo mismo hace unos años en Fundamentos de la Magia II.
—Carajo… no recuerdo absolutamente nada.
—A mí me pasa igual —respondió Seiyi con una sonrisa que no inspiraba ninguna confianza—, pero tengo un plan. ¿Ves al Aelvari de enfrente? Es de Loryenna. Seguro sabe hasta el color de calzones de su rey.
—¡Oh, tienes razón! Pero… ¿cómo piensas copiarte?
—Solo necesito que se levante de su asiento.
—Pero… recuerda que escribimos con el bolígrafo. Solo le bastara con ocultar la hoja, ¡imbécil!
—Ya te dije que tengo una idea. ¿Todavía tienes la botella de jugo?
—Sí… ¿por qué?
—Solo observa, mi bizco favorito.
—¿Ah? ¿Otra vez con eso?
Antes de que Manny pudiera replicar, la voz autoritaria del profesor resonó por toda el aula.
—¡Guarden todo lo que tengan sobre la mesa y dejen los celulares donde pueda verlos! ¡Examen sorpresa!
«Ahí está la frase. Je… nunca falla».
—¡Agh! Tuviste razón… voy a quedar como un idiota —murmuró Manny.
—¡Silencio por allá! —gruñó el profesor, señalando con el dedo.
Seiyi bajó la cabeza, conteniendo la risa.
—Tranquilo —susurró—. Solo hay que esperar a que ese tipo termine.
Cuando el profesor dejó frente a él la hoja del examen y el bolígrafo de tinta mágica, Seiyi escaneó las preguntas con un horror que iba creciendo con cada palabra.
«Veamos… “¿Cuál es el nombre del segundo descendiente de la familia Surious?” Ja, claro, como si fuera su primo. “Nombra todas las especies de orcos actuales”. ¡Dios! ¿Me ven cara de Wikipedia? Ni siquiera recuerdo las regiones de Loryenna…».
A los pocos minutos, notó que el elfo enfrente suyo avanzaba con una facilidad insultante. Cuando lo vio dar vuelta a la hoja, supo que era el momento. Con disimulo, Seiyi apuntó su anillo elemental hacia su compañero y canalizó unas runas controlando los movimientos de sus dedos. Un pequeño chorro de agua salió disparado, empapando su espalda y su pupitre.
—¡¿Pero qué?! —saltó el elfo, empapado—. ¡¿Por qué hiciste eso?!
—Lo siento, mi culpa —dijo Seiyi con su mejor cara de "imbécil inofensivo"—. Intentaba apuntar a mi boca con el hechizo de hidratación… todavía no controlo bien la trayectoria de los elementos.
—¡Sí, claro! ¡Cabron…! —ruñó el elfo, limpiándose la cara—Profesor, ¿puedo ir al baño?
—Hazlo rápido. Y recuerda ocultar tu examen.
El elfo suspiró, tomó el bolígrafo y canalizo unas pequeñas runas que se incrustaron en la hoja, borrando toda la tinta hasta dejarla completamente en blanco.
«Hechizo de “Ocultar” ... ese maldito truco me ha jugado muchas bromas».
Justo en ese momento, Seiyi tomó la botella de cristal que Manny había dejado sobre el pupitre. Con la pluma especial que le habían entregado para el examen, trazó en el vidrio unas pequeñas runas improvisadas, garabatos que formaban el símbolo de “Mostrar”.
—Pss… ¿Qué haces con mi botella? —susurró Manny, mirando con curiosidad.
—El calor es uno de los mejores conductores de esencia mágica —respondió Seiyi, concentrado—. Si logro que refleje la luz correctamente, podré canalizar el hechizo a distancia, sin levantarme de mi asiento.
—¿Qué? —preguntó Manny, más confundido que nunca.
Seiyi colocó la botella en el ángulo exacto para que los rayos del sol que entraban por la ventana rebotaran exactamente sobre las runas. Una fina línea de luz atravesó el aula, apuntando justo hacia la hoja en blanco de su compañero elfo.
—El hechizo de “Mostrar” solo sirve si se dirige hacia algo oculto… lo primero que debes saber antes de revelar lo desconocido... —murmuró con una sonrisa confiada.
En cuanto el reflejo de luz tocó la hoja del elfo, las runas comenzaron a brillar débilmente. La esencia mágica viajó por la línea de luz como el viento mismo, hasta chocar con la superficie del papel. Poco a poco, la tinta invisible volvió a revelarse, mostrando las respuestas escritas, aunque solo en el área donde el sol alcanzaba.
—…es saber dónde se esconde lo oculto. —terminó Seiyi, mientras la sonrisa se agrandaba en su rostro.
—¡Seiyi, mira! —susurró Manny, maravillado—. ¡Ahora todo es visible! ¡Ja!
Poco a poco, Seiyi empezó a copiar con calma, ajustando el ángulo del cristal cada vez que necesitaba ver una nueva parte del examen. La luz se movía apenas unos centímetros, suficiente para seguir el ritmo antes de que el elfo regresara. A los pocos minutos, ya tenía casi todas las respuestas, y de paso, ayudó a Manny a completar las suyas.
Intentando contener su emoción, se levantó de su asiento y caminó con una expresión de total serenidad hasta el escritorio del profesor. Entregó su examen antes que todos, dio media vuelta y empezó a caminar hacia la puerta con aire de victoria.
«Mira cómo todos me ven… no cabe duda, después de esto llamaré la atención de todos.»