—¡Blash! ¡Fiu! ¡Wind Powers! —gritó Miyu, agitando su varita de juguete con la emoción de una niña en pleno campo de batalla.
Mientras tanto, Seiyi cerraba la puerta del departamento con el pie, dejando la mochila caer junto a la entrada. El silencio del lugar solo era interrumpido por el sonido del refrigerador vacío cuando lo abrió.
—¡Oye! ¡Pásame un dulce! ¡Fiush! —gritó Miyu, lanzando una pequeña ráfaga de aire que le despeinó el cabello.
«¿Otra vez miércoles?», pensó, mirando los estantes desolados. «Se acabó la despensa del mes... carajo, no quiero ir mañana.»
Una lata vacía de refresco voló directo hacia su cabeza, impulsada por una ráfaga de aire. El golpe resonó con un clank seco.
—¡Agh! —exclamó él, sujetándose la frente—. ¡¿Qué te pasa?!
—¡Hazme caso! —respondió Miyu—. ¡Tengo hambre!
—¡Acabamos de salir de una hamburguesería! ¡Te dije que comieras algo!
—Pero en ese momento no tenía hambre… ¡Fiu!
Una corriente repentina cerró la puerta del refrigerador con fuerza, atrapándole la mano.
—¡AGH! ¡Maldición! ¡Deja esa porquería de una vez!
—¡No!
—Hace rato casi llorabas diciendo que no querías ser del F.O.W, ¡pero sigues usando esa cosa!
—¡Ey! Dije que no quería ser del F.O.W, no que no me guste la magia. ¡Me encanta! ¡Fush!
Seiyi suspiró, aún sobándose los dedos adoloridos.
«Hablando de magia… si hoy es jueves… la plataforma de streaming debe estar transmitiendo justo ahora...»
—¡Elementalist! —soltó de pronto.
—¿Ah? —preguntó Miyu, desconcertada.
Antes de que pudiera reaccionar, su hermano ya estaba rebuscando entre las bolsas vacías y las botellas, buscando algo que comer o beber. Miyu lo miraba desde el sofá, jugando distraída con la varita. Entonces, sin previo aviso, Seiyi la empujó fuera del sillón de un solo movimiento
—¡OYE! ¿¡Qué te pasa!?
—¡Nuevo episodio de Elementalist!
—¡Pero yo siempre me acuesto en el sofá!
—No los jueves.
—¡Aghhh! —protestó ella, gritando de coraje.
En un acto de venganza, Miyu levantó la varita y desató una ráfaga de aire más potente que antes. Los snacks de Seiyi volaron por toda la mesa, junto con las bebidas.
—¿¡Qué demonios!? ¡Serás...!
—¡Si no tengo el sofá, nadie lo tiene! ¡Ahora limpia tu desastre!
—¡Ven aquí!
Seiyi saltó sobre la mesa con la agilidad de un gato furioso, alcanzándola justo antes de que pudiera encerrarse en su cuarto.
—¡No! ¡Suéltame! —gritó Miyu, forcejeando.
—¡Tu asquerosa varita me tiene HARTO!
Con un movimiento brusco, se la arrebató de las manos.
—¡Devuélvela, idiota!
Pero él no dijo nada. Seiyi caminó hacia la ventana, con la varita entre los dedos. Miyu corrió tras él, intentando alcanzarlo, pero fue inútil. Seiyi soltó la varita. Los dos se quedaron quietos, mirando el vacío hasta que, un par de segundos después llegó un 'clack' seco desde el pavimento La varita de plástico se había convertido en basura tres pisos más abajo.
—¡Deja de joder! —exclamó él, girándose—. ¡Esto es muy importante para mí!
—Mi… varita… —murmuró ella, sin aliento.
—Ahora iré al sofá, veré mi maldito capítulo de Elementalist, ¿sí?
—Mi… ¡TE ODIO! ¡POR ESO NADIE TE QUIERE!
—Ah, ¿sí? Di lo que quieras, estúpida…
Con los ojos brillando de rabia, Miyu se dio la vuelta y cerró su habitación de un portazo. Seiyi se dejó caer en el sofá, sonriendo con una mezcla de cansancio y triunfo.
«Ja… no me arrepiento en lo absoluto. Limpiaré todo esto cuando termine», pensó, buscando el control remoto.
El reflejo del televisor apagado le devolvió la mirada cansada de un chico que, por más que lo intentaba, aun no entendía el camino correcto para cumplir su promesa.
PARTE 1 - ¡RETIRO LO DICHO!
«Hmph… son más flashbacks que episodio…»
Pensó Seiyi mientras veía que ya había pasado la mitad del capítulo y la serie parecía un recopilatorio barato de lo anterior. Reclinándose en el sofá, jugó distraídamente con su ombligo, luego vio al techo y soltó un largo suspiro de aburrimiento.
«Quizá debería disculparme con mi hermana… sí… podría hacerlo.»
Rascándose la espalda, se levantó y caminó hacia la puerta cerrada del cuarto de Miyu. Abrió con cuidado, apenas un crujido. Miyu levantó la vista de su celular de inmediato, como un animalito salvaje que oye una rama romperse. Su mirada era puro veneno.
—¿Tienes algo que decirme?… —escupió, cada sílaba afilada como un cuchillo.
Seiyi quedó en silencio. Luego, sin la más mínima vergüenza, estiró el brazo… y encendió la luz del cuarto. Miyu parpadeó, ofendida a un nivel espiritual.
—¿Ah? ¡La luz! ¡Apágala!
Pero Seiyi simplemente retrocedió, paso a paso, con una sonrisita maliciosa que anunciaba que su intención nunca fue disculparse. Cerró la puerta dejándola con la luz encendida y regresó triunfal al sofá.
Desde allí, miró hacia el pasillo y alcanzó a escuchar el berrinche que ya empezaba a hervir.
«Olvídalo. Esto es mucho más divertido.»
—¡Apágala! ¡APÁGALA! ¡AGHHMMMPHH! —chilló Miyu, enterrando la cara en la almohada para ahogar el grito.
Una bandeja metálica golpeó suavemente la mesa de la cafetería. Miyu, aún furiosa por todo el día anterior, se dejó caer en la silla, hundiendo la cara en su ropa. Un tenedor apareció frente a ella, empujado por su mejor amiga.
—Come —dijo la amiga sin levantar la mirada.
Miyu bufó, abrió la boca y recibió el bocado de mala gana.
—Lo odio… —murmuró con la comida a medio masticar—. ¡Ojalá se vaya para siempre!
Su amiga la vio de reojo, levantando una ceja.
—Ayer decías que querías lo mejor para él… nadie te entiende.
—¡Retiro lo dicho! —bufó Miyu, empujando el plato como si también fuera culpa de Seiyi.
Al otro lado de la cafetería, como siempre, Seiyi conversaba con sus amigos, ajeno al minidrama que lo tenía de villano de la semana.