Tan Cerca

Capitulo 1

La lluvia caía suave, constante… como si el mundo estuviera en pausa.

Estaba acostada en mi cama, con el teléfono en la mano, deslizando sin prestar demasiada atención.

Afuera todo se sentía tranquilo, como esas noches en las que no pasa nada… pero tampoco quieres que pase.

Entonces lo escuché.

Un golpe suave en la ventana.
Fruncí el ceño y levanté la mirada.

Otra vez.

Me incorporé lentamente, con esa sensación extraña en el pecho, como si algo estuviera a punto de pasar. Caminé hasta la ventana y corrí la cortina.
Y ahí estaba.

—Gael…

Empapado, con el cabello pegado a la frente y esa media sonrisa que siempre podía conmigo.

Golpeó el cristal otra vez, como si necesitara que confirmara que era real.
Abrí la ventana sin pensarlo.

—¿Estás loco? —susurré, jalándolo hacia adentro—. ¿Cómo vienes en medio de la lluvia?

—Tenía que verte.

Lo dijo tan simple… como si eso explicara todo.

Antes de que pudiera responder, se inclinó y me besó.

Sus labios estaban fríos,solté una pequeña risa contra él.

—Estás helado.
—Culpa tuya por hacerme esperar —respondió, sonriendo.

Negué con la cabeza, apartándome.
—Espera, te vas a enfermar así.

Fui al armario y busqué entre mi ropa hasta encontrar una camiseta grande. Se la lancé sin mirarlo demasiado.

—Toma. Cámbiate.
Sentí su mirada antes de verlo.

—¿Qué? —dije, cruzándome de brazos—. No te voy a dejar ahí empapando todo.

—Sí, señora.
Rodé los ojos, pero no pude evitar sonreír.

Mientras se cambiaba, me di la vuelta, apoyándome contra la pared.
No era la primera vez que hacía algo así… aparecer sin avisar, como si siempre tuviera un lugar aquí.
Como si siempre fuera a ser así.

—Ya —dijo detrás de mí.
Me giré.
La camiseta le quedaba grande. Demasiado.
Y aún así… se veía bien.
Demasiado bien.

—Te queda mejor que a mí —murmuré.
—Obvio —respondió sin dudar.
Me acerqué un poco más, lo suficiente para sentir ese calor que siempre traía consigo, incluso cuando venía de la lluvia.

Por un momento, todo se sintió… fácil.
Como si no hubiera nada que cuestionar.
Como si no existiera un “después”.
Apoyé mi frente contra su pecho, cerrando los ojos.
Y él no se apartó.

Me rodeó con los brazos, lento, como si tuviera todo el tiempo del mundo.
—¿Sabes? —murmuré.

—¿Qué?

Dudé un segundo.
—Nada.

Porque en ese momento…
no quería pensar.
No quería preguntarme nada.
Solo quería quedarme ahí.
Con él.

Tan cerca… que no existiera nada más.

Se dejó caer en la cama como si siempre hubiera sido su lugar.

Yo lo miré unos segundos antes de acercarme.

Aún tenía el cabello un poco húmedo, y la camiseta… mi camiseta… le quedaba demasiado bien.

—Te vas a acostumbrar —dijo, notando que lo estaba mirando.

—¿A qué?

—A verme así.
Solté una risa baja y negué con la cabeza.

—No te creas tanto.

Me acosté a su lado, dejando un pequeño espacio entre nosotros que no duró mucho.

El tiró de la cobija y me cubrió también, acercándose lo suficiente para que nuestras piernas se rozaran.
Ese tipo de cercanía siempre me desarmaba.

—Ven —murmuró.
Me acomodé a su lado, apoyando la cabeza cerca de su hombro mientras él ajustaba la cobija alrededor de los dos.

Afuera, la lluvia seguía cayendo.
Adentro,todo se sentía en calma.

—Tu cumpleaños está cerca —dijo de repente.

Levanté la mirada.
—¿Ya empezaste con eso?

—Faltan como dos semanas —respondió—. Es importante.

—Es un día normal.

—No —negó suavemente—. No lo es.
Lo miré en silencio unos segundos.
Había algo en su forma de decirlo que me hizo sonreír sin querer.

—¿Y qué se supone que haga? —pregunté.

—No sé —se encogió de hombros—. ¿Qué quieres?

Solté una pequeña risa.
—No sé.

—¿Cómo que no sabes?

—No sé —repetí, girándome un poco hacia él—. Nunca hago nada especial.

Gael me miró fijo, como si esa respuesta no le gustara.
—Entonces este año sí.

—¿Ah, sí?

—Sí.

—¿Y qué propones?
Se quedó en silencio un segundo, como si realmente lo estuviera pensando.

—¿Quieres ir a París?
Lo miré… y luego me reí.
—Claro bonito Mañana mismo saco el vuelo.

—Oye, hablo en serio.

—Yo también —seguí riendo—. Obvio quiero ir.
Negué con la cabeza, aún sonriendo.

—Quiero ir… pero no así.

—¿Entonces cómo?
Lo miré un momento más.

—Quiero ir a vivir contigo a París.
Las palabras salieron más suaves de lo que esperaba… pero se quedaron en el aire.

El no respondió de inmediato.
Y no sé por qué pero ese pequeño silencio se sintió más largo de lo normal.

—¿Conmigo? —repitió al final, con una media sonrisa.

—Sí, contigo —dije, como si fuera lo más obvio del mundo.
Lo era, ¿no?

—Estás loca.

—Un poco.
Soltó una risa baja y negó con la cabeza.

—No te imagino en París.

—¿Por qué no?

—Porque te perderías en el primer día.




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