Tan Cerca

Capitulo 3

El sol se colaba por las rendijas de mi persiana, invitando a un nuevo día. La luz tenue se esparcía por la habitación. Lo primero que hice, casi por reflejo, fue estirar la mano hacia el teléfono en mi mesita de noche. Una sonrisa ya se asomaba en mis labios, preparada para ver el mensaje de Gael.

Siempre era el primero. Cada mañana, sin falta, su "Buenos días, princesa" o un simple emoticono de sol me esperaba. Era mi ritual, la dulce melodía con la que el mundo comenzaba a tener sentido. Pero esta vez, la pantalla estaba oscura, silenciosa. Ni una notificación, ni un mensaje suyo.

Un leve fruncimiento se dibujó en mi ceño. Qué raro Seguro se había quedado dormido, o quizás su despertador no sonó. Últimamente estaba muy ocupado con sus cosas de la universidad. O a lo mejor no había visto bien la hora. Sí, eso tenía que ser. Gael era tan atento, nunca se olvidaría de mí.

Decidí tomar la iniciativa. Desbloqueé el teléfono, navegué hasta nuestro chat y le envié un simple:
-Buenos días.

La respuesta llegó al instante. Una vibración inmediata, un mensaje que apareció en menos de un segundo de haber enviado el mío.

-Buenos días, princesa. ¿Cómo amaneces?

Ahí estaba Mi Gael, era como si hubiera estado esperando mi mensaje. Le hice una sonrisa enorme al teléfono. Seguro que me había adelantado por unos segundos, o que justo en ese momento él también iba a escribirme. Era tan dulce, siempre tan pendiente de mí. Me imaginé su sonrisa al otro lado.

Me obligué a sonreír y a responder su mensaje con la misma ligereza y amor con la que él siempre me trataba.
Con el corazón más ligero y una sonrisa en los labios, dejé el teléfono y me levanté. El dulce intercambio mañanero con Gael había borrado cualquier atisbo de duda, o de cualquier otra cosa. La energía que él me daba era suficiente para arrancar el día.

Bajé las escaleras, el silencio de la casa ya no se sentía tan denso. Al entrar en la cocina, Inoa ya estaba allí. Mi hermana estaba sentada en la mesa del desayuno, la barbilla apoyada en una mano, revolviendo con desgana un tazón de cereales. Sus ojos, normalmente chispeantes, reflejaban una mezcla de aburrimiento adolescente y hambre.

Nuestra madre como de costumbre ya se había ido a trabajar, su turno en el hospital siempre empezaba temprano, dejándonos a Inoa y a mí a cargo de nuestras mañanas. Solía dejar el desayuno preparado, pero hoy la mesa estaba casi vacía, salvo por los cereales a medio comer de Inoa y una nota rápida de mamá, su letra apresurada pero cariñosa.

"Buenos días, mis princesas. Tuve que salir muy temprano hoy. El desayuno está en el refrigerador. Alma, no olvides el dinero para el almuerzo. Las amo. Mamá."

Inoa levantó la vista, sus ojos grandes y curiosos me observaron.

-Alma, ¿vas a hacer algo? –Su voz sonó un poco exasperada. –Estos cereales son incomibles sin leche y no hay más.

Me acerqué a ella, una risa suave escapando de mis labios.
-Déjame ver dramática. –Me asomé al refrigerador. –Mamá dejó una nota dice que hay algo en la nevera.

Inoa suspiró, recostándose en el respaldo de la silla.
-Sí, un yogur caducado y un par de manzanas. Muero de hambre! ¿Me harás panqueques hoy? Porfa, porfa, porfa..

La vi suplicar con esa cara de adolescente que sabe cómo conseguir lo que quiere. Era difícil negarle algo a Inoa cuando ponía esa expresión. Sonreí.

-Mira drama queen el problema no es que no te haga panqueques, el problema es que... –Abrí el armario donde guardábamos los ingredientes de repostería. Un vistazo bastó. –No hay harina.

El rostro de Inoa se descompuso.
-No Alma necesito mis panqueques moriré de inanición.
Puse los ojos en blanco, aunque una sonrisa divertida se curvaba en mis labios.

-Está bien, está bien, no vas a morir, pero si quieres panqueques tendremos que hacer una excursión.
Los ojos de Inoa se iluminaron de nuevo.
-¿A dónde?

-A la tienda. Tendremos que comprar harina. Y ya que vamos buscaremos algo decente para el desayuno. No vamos a empezar el día con yogur caducado y manzanas viejas.

-Sí! –exclamó Inoa, levantándose de golpe de la silla con una energía renovada. –Vamos me muero de hambre de verdad, esta vez no es drama.

-Vale, pero ve a arreglarte. No vamos a salir en pijama por el barrio, ¿verdad? –Le lancé una mirada de advertencia.

Inoa puso los ojos en blanco, la típica respuesta adolescente, pero se dirigió a su habitación. Mientras esperaba, aproveché para dejar la cocina un poco más ordenada, recogiendo los cereales de Inoa y guardando la nota de mamá. La idea de salir me sentaba bien. Un poco de aire fresco, el sol. Y quizás, solo quizás, eso me distraería de ese pensamiento fugaz de la mañana.
Justo cuando terminaba de limpiar la encimera, mi teléfono vibró en el bolsillo de mi pantalón. Era un mensaje de Valeria, mi mejor amiga.

-¿Qué planes para esta noche, Almy? –decía el texto, seguido de unos cuantos emojis de fiesta.
Le respondí al instante, una sonrisa formándose en mi cara. Valeria era siempre sinónimo de aventura, de algo que mi madre probablemente desaprobaría.

-Nada de lo que me propongas, te lo aseguro –escribí, riéndome.

La respuesta de Val no se hizo esperar.
-Ay vamos Almy es solo una fiesta ya sabes, para desestresarnos un poco anímate.

Negué con la cabeza, aunque ella no pudiera verme.
-Val, sabes que mi madre no me dejará ir. Y menos de noche. Está más estricta que nunca.

-Pero no se enterará, piénsalo bien. –Me envió otro mensaje y, de inmediato, una foto graciosa de un meme de un perro disfrazado de detective, como insinuando que ella encontraría la manera.




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