Tan libre como puedas

CAPITULO 4

—¿Que me adelante?

—Sí, tengo algunas cosas que hacer.

—Aún falta para la entrada, puedo esperarte un poco más.

—No. Es que no sé cuánto tiempo me va a tomar terminar con esto. —En su voz, puedo notar cierta frustración.

—Está bien. Nos vemos.

—Adiós —se despide antes de colgar.

No quiero exagerar al asegurar que algo le pasa asi que no le doy más vueltas al asunto y me levanto de la banquita que hace años se convirtió en nuestro punto de encuentro para ir a la universidad.

Desde que nos hicimos pareja, se volvió una costumbre ir juntos a clases. Como es poco el tiempo que pasamos juntos, siempre aprovechamos cualquier oportunidad para convivir.

Aún faltan varios minutos para el timbre, por lo tanto, me tomo con calma el camino restante. Al entrar al salón, lo primero que veo es la radiante sonrisa de mi mejor amigo.

—¿Y Ezra? —pregunta luego de saludarnos.

—Dijo que tenía cosas que hacer —le informo añadiendo un vaivén de hombros.

—Que oportuno —comenta—. ¿Ya decidiste qué comprar?

—Aún no, por eso los necesito.

Mañana es el cumpleaños de Ezra y mis inseparables amigo y yo quedamos previamente para ir al centro comercial después de clases.

El profesor entra justo cuando el timbre suena comenzando así nuestra clase. Cuando termina esta, le sigue otra y después una más, terminando así nuestro horario matutino.

—Si aún no te llama es porque sigue ocupado —comenta Thiago mientras avanzamos en la fila.

Tan pronto terminó la clase nos dirigimos a la cafetería para aprovechar el tiempo y comer tranquilamente.

—Pero ya pasaron más de tres horas y no ha llegado.

—Ya no te preocupes, él está bien.

—Tu intento de hacerla sentir mejor apesta —acusa Frida sentándose con nosotros a la mesa.

—¿Y a ti quién te invitó?

—Si no te gusta, vete.

Ver a este par ser tan amistoso como cada día es refrescante y me hace sentir que todo está bien.

—Agh, te aguanto solo porque eres su amiga.

—Pues es igual para mí.

Los ataques verbales continúan incluso mientras comemos lo cual me hace pensar que debieron extrañarse mucho ayer.

—Si estás muy preocupada podemos ir a su casa antes de ir de compras —sugiere Frida.

—No sabemos dónde vive, genia.

—Pues podemos preguntarle, bobo.

Mientras siguen conversando, considero la posibilidad de ir a buscarlo, pero desisto rápidamente.

Cuando es importante, Ezra siempre me cuenta lo que le pasa, bueno o malo, asi que en ésta ocasión le daré la oportunidad de hacerlo de nuevo, a su tiempo.

—Creo que deberíamos continuar con nuestros planes —informo.

—¿Segura?

—Sí.

—Pues está decidido entonces.

Una hora tras otra, las clases faltantes se terminan indicando el inicio de nuestra tarde libre.

Frida nos lleva hasta el centro comercial y Thiago nos dirige hasta nuestra primera parada.

—Mi mamá siempre compra cosas aquí para mi papá y para mi —comenta Thiago al entrar a la primer boutique.

—¿Eso es bueno o malo? —susurra Frida.

Recorremos un estante y luego otro, un perchero y otro más.

—¿Qué tal ésta camisa?

—No usa rayas.

—¿Un abrigo?

—Se ve muy formal.

—¿Y una chaqueta?

—Esa no le va a gustar.

Con paciencia, Frida continúa mostrándome una prenda tras otra hasta que da por sentado que no vamos a comprar y salimos de ahí.

Después de esa tienda visitamos tres más, pero todas son un fracaso y al final, optamos por tomar un descanso y calentarnos el estomago con alguna deliciosa bebida.

—¿De verdad quieres darle un regalo? —cuestiona Frida.

—¿Por qué me preguntas eso? Claro que quiero. —Divertida, respondo a su pregunta.

—¿Entonces por qué no has elegido alguna de las cien camisas que te mostré o de los cincuenta pantalones, o tal vez uno de los miles pares de calcetines.

—¿Quién regala calcetines? —interviene Thiago.

—Yo que sé.

—La ropa era muy bonita —aclaro—, pero quiero darle algo que use gustoso y no por compromiso.

—Tú siempre pensando en cómo complacer a los demás.

—Se supone que eso se hace en un cumpleaños, tonta —ataca Thiago.

—Agh, ya cállate, fastidioso.

Después de terminar nuestras bebidas, retomamos nuestro rumbo.

—Antes de comenzar a vagar por doquier, piensa en qué es lo que le gusta o lo que le hace falta —indica mi amiga—. Un bolso, una cartera, zapatos, lentes…




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.