El llegar a nuestro destino fue la parte fácil, justo ahora es cuando debemos ser valientes.
—Toca tú.
—No. Toca tú.
Frente a la casa de Nicol, mi amigo y yo debatimos quién debería tocar primero.
—Tú eres amiga de su hija.
—¡Tú también!
—Si no van a entrar, váyanse a casa. —A través del interfono, suena la voz de Nicol.
—Nos vio por las cámaras —musito—. Es tu culpa por no tocar.
Las puertas se abren de par en par sin embargo, no me siento bienvenida.
Los pasos que nos separan de Nicol son cada vez menos y el camino hasta ella es silencioso, como si fuera el preludio de nuestro fin. No digo que ella sea la bruja del mal suprema, pero sí es una bruja.
—Sus veinte minutos dando vueltas en la entrada no sirvieron de nada. Frida no está —nos informa apenas llegamos.
—Pero no nos dijo nada —comento.
—Pues no es asunto mío, ¿o sí? —cortante e indiferente, tan estilo Nicol.
—No, no lo es —respondo.
Al tener que hacerle frente a su madre ahora, me doy cuenta de lo mucho que pasa Frida a su lado. Es sofocante e incómodo.
—Si eso es lo único a lo que vinieron, váyanse. Me dio gusto verlos.
No hay que mentir por convivir.
—Nos vemos —me despido, ansiando que el camino de salida sea más corto que el de llegada—. Vámonos —le indico a Thiago tomándolo del brazo.
—Aún no. —Negándose, camina directo hasta Nicol con una determinación que jamás había visto en él.
Lo ve acercarse, pero permanece inmóvil en su sofá. Mi amigo, al estar frente a ella, se sienta en el sillón paralelo.
—No importa cuantos años pasen, ésta casa sigue pareciéndome inmensa —comenta mirando alrededor.
—¿Ah, sí? Tu casa no es muy diferente en cuanto a tamaño.
—Tienes razón —pronuncia sonriente—. En mi casa hay una gran cocina en donde mi madre intenta preparar un buen café cada mañana, tenemos una habitación enorme llena de aparatos para ejercitarse los cuales mi padre jura usará algún día. Y también, a diferencia de tu comedor que es inmenso, el de nosotros es tan pequeño que puedo tomar la sal del centro yo mismo.
Observo la expresión de Nicol e imagino que debe haber una muy similar en mi rostro.
Thiago, ¿qué haces?
—Estar aquí me hizo recordar la comida de ayer —continúa—. Cada platillo lucía mejor que el anterior y el aroma tentaba al paladar, pero ¿sabes? en ese comedor tan grande la comida no tiene sabor. —De repente, la expresión risueña de mi amigo se torna sombría.
—Es una lástima que no disfrutaras de mi deslumbrante comida, pero estoy segura de que no estás aquí para quejarte de eso. Déjate de rodeos, Thiago, ¿qué es lo que quieres decir en realidad? —Inclinándose hacia adelante, la presencia de Nicol se vuelve más intimidante y su rostro causa escalofríos con esa tenue sonrisa de lado.
—Deja de hacerle daño —espeta—. Es lo único que te queda y lo estás perdiendo.
El corazón me palpita en la garganta, mis ojos casi se salen de sus cuencas y mi boca no podría abrir más grande. Nicol debería estar gritando y profiriendo cien maldiciones hacia nosotros, en cambio, su gesto se relaja mientras su sonrisa se hace grande y escalofriante.
—Los niños como tú se creen que lo saben todo —le dice a Thiago—, pero en realidad no saben nada.
—Tienes razón —acepta Thiago—. No entiendo el gozo que causa torturar a tu hija amenazándola con un sujeto que no conoce, desconozco la dicha de comprometerla sin su consentimiento y seguramente soy muy idiota como para comprender cómo puedes dormir cada noche luego de arruinarle la vida. —Thiago se pone de pie sin dejar de verla a los ojos—. Sé que soy un ignorante en muchos aspectos, pero hasta alguien tan estúpido como yo se da cuenta de cuánto está sufriendo. Frida no necesita un marido, necesita una madre.
—Ella me tiene a mí —afirma plantándole frente a mi amigo de pie y es así, como me doy cuenta de que en ésta ocasión las palabras de Thiago han logrado afectarle.
—Tu sola presencia no basta.
Nicol abre la boca, como tratando de refutar lo dicho, pero al final se mantiene en silencio un instante.
—No voy a cancelar la boda.
Thiago no le baja la mirada, en cambio, sus palmas hechas puño muestran los sentimientos que se esfuerza por contener.
—Espero que no sea demasiado tarde cuando intentes ser su madre de nuevo. —Con esas últimas palabras, se da la vuelta para marcharse llevándome consigo.
—Una madre haría cualquier cosa por sus hijos. Ojalá no odies a Olimpia cuando sea su turno. —Sin detenernos, las últimas palabras de Nicol nos alcanzan mientras nos alejamos.
Al no estar en casa de su madre, sabemos perfectamente en dónde sí está nuestra amiga.
…
El camino en carretera es silencioso y tranquilo hasta que me canso de escuchar solo el sonido de las llantas rodando.
—No sabía que fueras tan valiente. Jamás te había visto tan seguro e imponente.
—Y jamás lo verás de nuevo —asegura—. ¿Tienes idea de lo cerca que estuve de un paro cardiaco?
—Pero si te veías tan sereno.
—Aparentar es sencillo cuando ya estás acostumbrado.
Después de otros quince minutos viajando en carretera, llegamos a casa de Noah.
—Ahora sí toco yo —anuncia Thiago adelantándose a la puerta.
—Gracioso.
Luego de entrar a la casa, nos informan que Noah se encuentra en la sala. Mientras caminamos hacia alla observo los cuadros que cuelgan de las paredes. Algunos enmarcan cumpeaños, otros, navidades y algunos mas días comunes en familia, pero si hay algo que tienen en común es que cada una de las fotografías fue tomada por Esteban y por lo tanto, tienen un brillo particular.
Luego de entrar a la casa, nos informan que Noah se encuentra en la sala. Mientras caminamos hacia allá, observo los cuadros que cuelgan de las paredes. Algunos enmarcan cumpleaños, otros, navidades y algunos más fines de semana comunes, pero si hay algo que tienen en común es que cada una de las fotografías que adornan este lugar, fueron tomadas por Esteban y por lo tanto, tienen un brillo peculiar.
—Hola, Noah —saludamos al verla sentada en su sofá.
—Yo sabía que vendrían —nos dice al recibirnos con un beso en la mejilla.
—¿Cómo?
—Mi hija me marcó hace un rato —comenta—. ¿Qué le dijiste para ponerla así? —se dirige a Thiago.
—Nada que no se mereciera —responde.
—Sé que están preocupados por mi nieta y lo agradezco, pero no deberían enfrentarse a Nicol. Así como ustedes creen que ella está equivocada, Nicol asegura que está haciendo lo correcto. El camino que ella ha elegido no es uno que ustedes puedan comprender a menos que lleven sus zapatos.
No lo esperaba, pero es lógico que Noah se ponga del lado de Nicol, después de todo es su hija.
—Lo lamento. No lo haré de nuevo —promete Thiago.
Noah se acerca hasta él y con un gesto amable, le da unas palmaditas en las mejillas.
—Cali está regando las flores —informa—. Salió de su casa huyendo de la fiera, pero no contaba con que en su refugio se encontraría un cachorro.
—¿A qué te refieres? —cuestiono.
Caminando tranquilamente y con más confianza de la que debería, Elliot atraviesa la puerta.
—Abuela, ya está el chocolate caliente, también traje galletas —anuncia risueño, pero al vernos, se le borra la sonrisa—. ¿Hola? —nos dice—. Voy por más galletas —avisa al darse la vuelta y marcharse, a pesar de traer una bandeja repleta de ellas.
—Pues ese es un cachorro muy grande —comenta Thiago.
—¿Qué hace él aquí?
—Bueno, cuando supe que vendría le ofrecí quedarse aquí. Era obvio que Cali no permitiría que se hospedase en su casa, asi que lo invité. Jamás imaginé que mi nieta terminaría aquí también.
—Entonces, ¿de verdad te agrada ese tipo? —Creí que solo era compasión por parte de Noah, pero parece que no es así.
—Elliot es un muchacho amable, cariñoso y noble. Lo conozco desde hace años y lo aprecio mucho. Por eso, les agradecería que le dieran una oportunidad. No les pido que lo acepten, de eso se encargará él. Y con respecto a Nicol, me gustaría que dejaran de meterse con ella. Sé muy bien cuál es su objetivo en realidad, por favor, no la odien. —Su rostro refleja un profundo amor al abogar por ellos—. Entiendo que les pido demasiado al ser los mejores amigos de mi nieta, pero se los pido porque son ustedes.
—Pues yo apenas la tolero —comenta Thiago—, sin embargo, prefiero escuchar sus gritos que no saber de ella.
A pesar de que discuten tanto como conviven, en los momentos importantes siempre están ahí.
—El clima ha mejorado, saquen a Cali del jardín antes de que pudra mis begonias. —Insitandonos a salir, Noah nos sigue de cerca a la puerta—. Los esperamos en la terraza —anuncia.
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Editado: 04.01.2026