El fin de semana llega dejándonos descansar finalmente de los exámenes. Todo ha estado muy tranquilo, demasiado tranquilo. Después de aquel día, Ezra no ha intentado acercarse a mí de nuevo, es más, ni siquiera me mira. Imploraba al cielo que las palabras que pronuncié en el lago lo alcanzaran, pero ahora sé que mis deseos son solo míos. El ánimo y valor que me dio Elliot se desvaneció ese mismo día por la noche y aunque a veces regresa, siento que sigo hundida.
Para celebrar el fin de semana y de los exámenes, decidimos venir a “Hambre Buena”, el mejor lugar para saturar nuestras arterias.
Mientras bebo mi malteada, Frida y Thiago devoran su hamburguesa.
—Odio los exámenes —confiesa ella.
—Si estudiaras diligentemente no te estresarías tanto —le dice Thiago.
—Cállate cerebrito.
Divertida, observo como pelean por las papas que quedan mientras se lamentan la vida escolar.
—Moriré si tengo que hacer un examen más —vuelve a quejarse.
—Apenas comienza el semestre —le informa.
—Eres un insensible —le digo a Thiago.
Despreocupado, comienza a beber su soda.
Al terminar todos de comer, nos levantamos de la mesa para salir hacia nuestro próximo destino.
—Que bueno estuvo eso —comenta Frida estirando sus brazos hacia el cielo.
Las puertas automáticas se cierran tras nosotros y el sol brillante se muestra delante nuestro.
—Espero que no haya mucha gente en el boliche —dice Thiago mientras caminamos.
La semana pasada no pudimos ir por culpa de Nicol, por eso, en ésta ocasión planeamos disfrutar el resto de nuestra tarde ahí.
—Pues yo espero que hayas aprendido a jugar.
—Yo sí sé jugar —se defiende Thiago.
—La pizarra dice lo contrario —se burla ella.
Comienzan de nuevo otra pelea amistosa, pero de un momento a otro, se detienen.
Despego la vista del teléfono al ver que no tengo mensajes ni llamadas perdidas.
—¿Por qué se detienen? —pregunto.
Entre el silencio y el sol brillante, Ezra se mantiene de pie frente a nosotros.
—Cariño —me llama.
Su aparición repentina me bloquea el cerebro y no sé cómo reaccionar.
—¿Qué es lo que quieres? —le habla Frida.
—Necesito hablar contigo —se dirige a mí.
Después de tantos días ¿es ahora que me busca? ¿por qué? ¿qué es lo que quiere decirme? ¿qué hago si quiere terminar conmigo? ¿qué hago si yo no quiero?
Estoy segura que toda esa incertidumbre se refleja en mi rostro porque al ver mi expresión, Ezra intenta acercarse, pero Frida lo detiene poniéndose frente a mí.
—Aún no puede hablar contigo —le dice.
—Frida, por favor.
—Vete —le ordena.
Ignorándola, intenta rodearla, pero ahora es Thiago quien le corta el paso.
—No te acerques. —Como un escudo protector, nuestro amigo permanece delante de nosotras haciéndole frente a Ezra.
—Aquí no hay suspensiones Thiago —le advierte tomándolo de la chaqueta.
Al escucharlo, me doy cuenta del verdadero motivo por el cual no me buscó en la universidad.
Sin amedrentarse, Thiago le muestra una sonrisa burlona.
—¿Acaso eso importó en algún momento? —le dice—. Tú eres el único que tiene miedo.
La tensión puede sentirse entre nosotros. Yo estoy que muero de angustia, en cambio Frida, se mantiene serena, atenta a la situación.
Todo esto está pasando por mi culpa.
Si yo supiera qué hacer o decir, si no me bloqueara al ponerme nerviosa nada de esto sucedería, pero tengo miedo. Si él quiere hablar conmigo porque quiere terminar nuestra relación para estar con aquella mujer, ¿qué haré yo? Si aún sigo llorando por el beso que no vi, pero sé que ocurrió, ¿cuánto tiempo me llevará levantarme si me cambia por ella?
—No eres más que un niño rico —gruñe Ezra.
Con intención de golpearlo, eleva el puño para darle en el rostro.
—¡No lo toques!
De repente, un empleado de “Hambre Buena” sale seguido de dos guardias.
—¿Está todo bien? —nos pregunta—. ¿Debería llamar a la policía? —sugiere, más bien, advirtiéndole a Ezra, quien aun sostiene a Thiago de la ropa.
Al ver la situación, lo suelta y retrocede.
—Yo no hice nada malo —asegura antes de marcharse.
Mis ojos se quedan pendientes de él hasta que lo pierdo de vista.
—¿Están bien? —El empleado se acerca a nosotros tras indicarle a seguridad que se marche.
—Estamos bien —respondo.
—Y lo estaríamos sin ti —suelta Frida.
—Lamento haber salido tan tarde, pero desde adentro parecía que solo charlaban —se excusa.
Frida no le habla más, en cambio, nos mira a nosotros.
—Vámonos —nos dice.
—¡Espera! —grita el joven deteniéndonos—. La otra vez te di mi número, pero no me has contactado.
Evidentemente, Frida no sabe de qué habla asi que solo lo ve de mala manera.
—¿A quién le hablas? —pregunta Thiago.
El chico se limita a mirar a Frida. El pobre se ve tan tímido que seguramente reunió todo su valor para darle su contacto.
—Ni siquiera te conozco —le dice.
—Lo anoté en un papel —menciona tratando de que recuerde.
Al oír su referencia, llega a mi memoria el número dirigido a la “chica de rosa”.
—¿Roman? —pronuncio no muy segura de que ese fuera el nombre anotado.
—¡Sí! —Entusiasmado, pasa su vista de mí a Frida, esperando que ahora sepa quién es.
—¿Lo conoces? —pregunta ella.
—Es el del papel en las hamburguesas.
Aunque le cuesta un poco, puedo ver que finalmente recuerda. Le da una mirada al joven y luego una a mí.
—No me interesa —aclara antes de marcharse.
Thiago la sigue y no mucho después me uno a ellos dejando al pobre chico de pie en el mismo sitio.
—Pudiste ser más amable —le digo.
—Deberías preocuparte por ti y no por los sentimientos de otros —responde sin despegar la vista del frente mientras conduce.
—Tendrás que hablar con él algún día, seguramente muy pronto —advierte Thiago en el asiento del copiloto.
—Lo sé —respondo.
—Mientras tanto, medita lo que quieres hacer. Aunque quiera acercarse a la fuerza, no se lo permitiremos mientras no te sientas lista. Frida se encargará de eso —comenta eso último con una pizca de burla.
—Claro. No necesitas a nadie más si me tienes a mí —asegura confiada.
Sonrío agradecida por sus palabras y por tenerlos conmigo. A su manera, aunque pueda parecer tosca, intentan protegerme.
Si me apoyo demasiado en ellos en algún momento me convertiré en una carga. Ellos seguramente tienen cosas de que preocuparse, pero por ponerme primero a mí se descuidan a si mismos.
¿Qué clase de amiga soy si no puedo ser un soporte también?
No puedo solo recibir.
Ezra quiere hablar conmigo y no puedo seguir postergándolo más. Ésta noche debo tomar una decisión.
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Editado: 10.01.2026