Cuatro días han pasado desde que huí de casa. Podrían haber sido más si Nicol me lo hubiera permitido, pero alegando que su casa no era un hotel, me echó sin remordimiento.
Al principio mi idea era quedarme en casa de Olimpia, pero recordé a tiempo cuán bien se lleva con mamá y lo rápido que le habría llamado. Sin duda se habría enterado de la verdad y por consiguiente, Thiago. No quería eso, así que al final, junto a Frida pedimos permiso a Nicol para que me pudiera quedar ahí. Ella, con su habitual rostro inexpresivo solo dijo: “hagan lo que quieran” y por primera vez en la vida agradecí que ya no fuera amiga de mi madre. Lamentablemente su buena voluntad no duró lo suficiente como para aclarar mi mente.
Luego de que la madre de mi amiga me echó de su casa, Frida se ofreció a llevarme a la mía. Antes de dirigirnos hacia allá vagamos de un lado a otro alrededor de la ciudad.
—Puedo quedarme a dormir si quieres —sugiere luego de estacionar frente a mi casa.
Sé que está preocupada y que “fue solo un desacuerdo” no fue suficiente cuando me preguntó qué ocurría la primera noche que pasé en su casa.
No es que no le importe lo suficiente como para no insistir, más bien, está esperando a que esté lista para contárselo.
—¿Quieres quedarte para siempre? —bromeo.
Su respuesta es una mueca que indica cuan serio quiere que me tome el asunto.
—No importa la hora, si me necesitas llámame.
Después de despedirnos, bajo del coche para entrar finalmente al que era mi dulce hogar.
El interior de la casa está a oscuras y en silencio pues pasan de las diez de la noche. Me quito los zapatos para no hacer ruido y evitar ser descubierta. A pesar de que han pasado varios días desde que me enteré del compromiso, sé que si veo a mi madre, un montón de sentimientos negativos emergerán de mi ser y seré cruel otra vez. Aunque crea que se lo merece por haberme engañado de tal manera, algo en mi interior también siente dolor al herirla y ver sus ojos cristalizados.
Camino sigilosa rumbo a mi habitación y al pasar frente a la sala el recuerdo de aquella noche se aviva con tan solo un vistazo adentro. De repente, se enciende una lámpara de mesa anunciando la presencia de alguien más.
—Señorita, no es muy digno de su parte esconderse como un ladrón entre las penumbras. —Sentada en un sofá, Darla me observa atentamente con una sonrisa de lado—. Después de todo, está en su propia casa.
—Y por eso mismo puedo andar como me plazca —respondo.
—¿Qué manera de contestar es esa? —Como si se tratara de una emboscada, mi padre aparece del otro lado de la sala encendiendo la luz.
—Padre. —Al verlo, siento cómo un escalofrío recorre mi cuerpo.
—Creí haber sido claro cuando te pedí que no me avergonzaras.
—Pero yo no te he…
—¿Qué crees que has estado haciendo estos últimos días? ¿Acaso creíste que no me enteraría que estuviste quedándote en casa de Nicol? Ahora le debemos un favor a esa mujer. —Su semblante molesto evidencia cuánto le desagrada el hecho.
—Perdón, papá.
—Con un “perdón, papá” no solucionas nada —sentencia sentándose en su sillón.
¿Cómo sabe que me quedé con Nicol? O mejor aun, si sabe que pasé estos últimos días en casa de Nicol, ¿también sabe que pasé una noche en casa de Ezra?
La sola idea me hace temblar y entume mis manos. ¿Cómo voy a explicarle eso?
—Disculpe que lo interrumpa, pero he de retirarme para que pueda conversar a solas con su hija —anuncia Darla.
Respondiendo con un asentimiento de cabeza, papá se despide de Darla.
—Si fueras al menos la mitad de lo que es Darla, no me avergonzarías tanto.
Jamás había recibido palabras tan crueles de su parte. Al instante, las lágrimas comienzan a acumularse en mis ojos.
—De ahora en adelante me esforzaré para no avergonzarte más. —Seguramente solo haré que se moleste si me ve llorar, así que limpio mis lágrimas tan pronto tocan mis mejillas.
—No deberías preocuparte por complacerme a mí, sino más bien a tu madre —me dice—. Desde que te fuiste no ha salido de la habitación y apenas ha probado bocado. Está tan triste que temo que pueda colapsar en cualquier momento.
—Pero ella…
—Sí, lo sé. Te ocultó algo sumamente importante, pero no deberías ser tan dura con ella. Emma solo intenta seguir con la tradición de su familia —comenta con una actitud muy diferente a la de recién.
—¿Qué tradición?
—Verás —comienza a hablar mientras palmea al sofá de enfrente indicándome que me acerque—, durante generaciones la familia Lara se ha esforzado arduamente por conseguir la pareja apropiada para cada uno de sus descendientes. Tu madre siempre esperó este momento, ella quería asegurarse de que fueras feliz por el resto de tu vida, pero ahora que tenemos a la pareja indicada para ti, tú te rehúsas a complacerla.
—Ella nunca me habló de semejante tradición.
—Seguramente temía que la rechazaras. Emma siempre te cuidó con sumo cuidado, sin embargo, en lugar de hacerla sumamente feliz le gritaste que la odiabas y desapareciste por cuatro días.
Escuchar a mi padre relatar lo que hice me deja un sabor amargo.
—Si ella me hubiera hablado antes de su tradición…
—¿Habrías aceptado? —cuestiona seriamente—. Te lo acahe dicho ahora, ¿aceptarás?
En silencio, observo a mi padre a los ojos.
—No lo sé.
—Tu madre es una mujer muy sensible y debe ser tratada con cuidado. Últimamente ha estado muy agobiada por pensar en ti y el compromiso —me informa poniéndose de pie—. Independientemente del si fue antes o después, solo debería importarte el ahora. —Como hacía mucho tiempo no me tocaba, sostiene mi mentón con su mano acariciándome con su pulgar—. Tú madre es muy frágil, no deberías presionarla tanto o podría romperse. —Tras dar tres palmadas a mi cabeza, se marcha.
Que mi padre recalcara tanto la sensibilidad de mamá es una clara muestra de cuánto se preocupa por ella.
Si algo le sucede a mi madre, ¿será entonces culpa mía?
El solo pensarlo me llena de pánico. Apresurada, corro hasta su habitación. La puerta está abierta asi que supongo que papá no ha regresado. Entro sigilosamente y camino hasta su cama. La luz del pasillo que entra por la puerta me permite ver su rostro demacrado. Es evidente que ha llorado, pero me sorprende que aún dormida continúe.
Con mi dedo, limpio la lágrima que derrama mientras susurra mi nombre.
Amo a mi madre y no quiero verla asi, pero si acepto, seguro yo terminaré mucho peor.
Doy la vuelta para salir de ahí con más dudas que cuando entré. Sin más rumbo, camino a mi habitación.
#7557 en Novela romántica
#1125 en Joven Adulto
traicion, venganza amor odio y un doloroso pasado, amistad amor ilusion tristeza dolor
Editado: 14.03.2026