Tan libre como puedas

CAPITULO 17 Parte 2

Estaba segura de que el supuesto vestido era mentira, pero me equivoqué.
—Es perfecto. —Mis ojos y sonrisa reflejan mis genuinos sentimientos ante tal hallazgo.
Deslumbrada, giro sobre la alfombra para ver el vestido desde distintos ángulos en el espejo. Los delgados tirantes verdes forman un nudo sobre mis hombros haciéndolos lucir delicados, el escote es sutil y justo para la ocasión mientras el talle a la cintura hace que la parte de la falta alargue mi figura. La tela, de un color palo de rosa, es ligera y lo suficientemente alegre gracias al estampado de rosas y hojas verdes; además, como último detalle, adornando mi cintura luce el listón del mismo color y material que los tirantes.
—Te ves preciosa —afirma Frida.
—Éste es —aseguro.
—Claro que sí. Ya vuelvo, voy a pagarlo —anuncia poniéndose de pie.
—No es necesario.
—Lo sé. Lo hago por mero placer —aclara antes de marcharse.
Antes de ir a cambiarme doy un último vistazo al espejo.
Definitivamente es lo que buscaba.
Cuando termino de ponerme mis ropas nuevamente, salgo para encontrarme con Frida en el mostrador, pero me topo con ella a medio camino.
—Oye, no traigo la cartera, ¿traes mi bolso?
—No, pero tampoco lo ví en los probadores.
—¿En dónde lo habré dejado?
Mientras ella hace memoria, viene a mi mente cierto recuerdo.
—Lo dejé en la otra tienda —confieso avergonzada.
—Entonces vamos por él, ahí debe de estar. —Sin una pizca de molestia, me toma de la mano llevándome consigo hacia allá.
—Cuando me diste el montón de vestidos también me diste tu bolso porque te estorbaba. Seguramente lo dejé en el probador.
—Tranquila, está bien. No debí cargarte con todo. Ahora, deja de culparte y date prisa o te ganaran el vestido.
Sin más, apresuramos el paso para ir y volver en menos de quince minutos.
Sabemos lo que queremos, así que al entrar a la tienda vamos directamente al mostrador.

—¿Cómo que no está disponible?
—Una joven llegó hace un rato y se lo está probado ahora.
—¿Y es que acaso es el único?
—Lo es.
—Tiene que ser una broma —musita.
Al verla tan molesta comienzo a culparme. Si no hubiera sido tan descuidada no estaríamos en ésta situación.
—Oye, vayamos a otra tienda —propongo.
—Se lo está probando, ¿cierto?
—Sí.
—Entonces aún no lo paga.
—Así es.
Sin dejar pasar un segundo más, se da la vuelta para dirigirse hacia los probadores.
—Frida, ¿qué vas a hacer?
—Comprarte ese vestido.
—No puedes obligar a la chica a que te lo ceda.
—No hay necesidad de obligar, solo seré persuasiva y muy sutil.
¿Por qué eso suena peor?
Al llegar a la sala, identificamos fácilmente a la joven que buscamos ya que trae el vestido puesto. Sin titubear, mi amiga se dirige hacia ella.
—Disculpa, ¡señorita!
La chica, siendo la única en el sitio, se gira de inmediato.
—Jade —la llamo al reconocer ese tierno rostro y cabello sedoso.
—¿Jade? —repite Frida.
—Anya.
—Cariño.
—¿Ezra?
—¿Otra vez? —reclama Frida.
—No es lo que piensas —niega tranquilamente—. Como tenía algo de tiempo libre Jade me pidió que la acompañara.
—¿Y si tienes tiempo por qué no estás acompañando a tu novia en su lugar?
—Porque ustedes hicieron planes antes. Además, no podría interponerme entre ustedes aunque quisiera. “El tiempo se vuelve de calidad solo cuando yo estoy con ella” ¿recuerdas?
Desde el primer día en que anunciamos nuestro noviazgo a Frida y Thiago, ella lo sentenció con esa frase.
—Muy bien. Ya que eres tan listo, deberías intuir lo que tienes que hacer ahora.
—Frida.
—No entiendo —le dice.
—Queremos que nos den el vestido.
—¿Ese vestido? —Apunta la prenda que aún viste Jade.
Por un momento nos quedamos en silencio mirándonos unos a otros.
—Yo quiero comprarlo —suelta Jade tímidamente.
—Así que no planeas cooperar. Bien, se acabó la persuasión.
—Denos un momento. —De la mano, llevo a Frida conmigo para alejarnos un poco—. Frida, sigamos nuestro camino.
—Pero ella tiene que…
—Ella no tiene que enmendar el error que yo cometí. Es debido a mi descuido que ahora estamos en ésta situación. Ya vámonos, ¿sí?
—Esa nobleza tuya solo te traerá desgracias —rezonga antes de soltar un suspiro—. Agradece al cielo que pasaré mi vida a tu lado, de lo contrario, no podrías seguir teniendo un corazón tan blando.
—Gracias.
—Como sea —reniega abandonando mi lado para acercarse a ellos nuevamente—. Dejaré que te quedes con el vestido.
—Te lo agradezco —le dice Jade.
—Pero será lo único que podrás arrebatarle, porque ¿sabes? éste hombre no está disponible —termina sujetando a Ezra para darle más énfasis a sus palabras—. Y tú, espero que se lo dejes bien claro —le exige a él antes de marcharse.
Miro a Frida y luego a Ezra.
—Cariño —me habla antes de que pueda decir algo—, te amo, lo sabes ¿cierto?
—Lo sé —respondo sin entender por qué lo menciona ahora.
—Por favor, haz que se lo tatúe en el cerebro antes de que me asesine —entre risas, sé que se refiere a Frida —. Te llamo esta noche.
Nos despedimos sin decir adiós, con solo una sonrisa cómplice.
Luego de salir del local alcanzo a mi amiga.
—Oye, ¿y si te compro un helado?
—No puedes solucionarlo todo con un helado.
—¿De galleta, con chocolate y lunetas?
—Bueno.

Mientras el día sigue su curso, nosotras nos tomamos un momento para descansar y saborear nuestra nieve. Al terminar, nos ponemos de pie para continuar la búsqueda. Pasamos aún más escaparates que en la primera ronda, pero en ésta ocasión, ya ni siquiera presto atención a los modelos expuestos porque solo pienso en el vestido que perdí. Por un momento, me pregunto si de verdad hubiera obtenido el vestido de haber dejado que Frida insistiera un poco más.
—Ahora eres tú quien necesita un helado —comenta.
Al darme cuenta de que mi rostro refleja mi remordimiento, relajo mi expresión.
—No puedes solucionar todo con un helado —respondo.
—Quien sabe.
—Creo que voy a tener que usar uno del armario —le digo tratando de aligerar el ambiente.
—No quiero aceptarlo, pero tal vez tengas razón.
—O tal vez no.
A un costado, una boutique que amenaza con cerrar sus puertas me ofrece lo que tanto hemos estado buscando. Es sorprendente cómo es que solo por el rabillo del ojo logró llamar tanto mi atención. La sensación al ver este vestido es tan diferente como la prenda en sí. Aquel vestido era como la alegría misma, mientras que éste refleja paz. El color, los holanes y la pedrería, todo armoniza en conjunto creando una belleza cautivadora.
—Tienes suerte. Solo había uno de tu talla. —Sacándome de mis pensamientos, aparece Frida ofreciéndome una bolsa.
—¿Cómo supiste que era éste? —cuestiono al ver el interior de la bolsa—, hay varios en el aparador.
—Era evidente —responde naturalmente.
—Gracias. —Sin retener más la emoción, me tiro a sus brazos siendo bien recibida.
—Ha habido muchos abrazos el día de hoy.
—Eso es porque soy muy feliz.
—Ya cuéntame de una vez eso que te alegra.
—Aún no es hora. Mejor pasemos a comprar la cena.




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