Tan solo Tú

2.

CAPÍTULO 2: El reemplazo

La mayoría de las historias de amor las cuentan las chicas. Durante mucho tiempo, se ha catalogado al sexo masculino como el que solo busca una cosa. Según los estándares, los chicos rara vez se enamoran, o lo hacen solo después de haber estado con muchas mujeres. Pero digamos que soy un caso atípico o, simplemente, mandemos al carajo las estadísticas.

Nadie puede decir que no cumplí mi promesa. Fui a verla cada verano, la llamé cada noche y la sorprendí en cada fecha especial. Pero cometí el error de no darme cuenta de que la amaba de una forma diferente hasta que regresé el verano previo a mi último año de secundaria. Fue entonces cuando me topé con la amarga sorpresa: Ayra tenía novio.

—¡Mylas! —gritó, corriendo hacia mí en el aeropuerto.

Me quedé impactado. Estaba irreconocible. Había crecido, su cabello era largo y teñido de un rojo que hacía resaltar sus ojos verdes, y vestía con un estilo muy similar al de Cassie. Se notaba que había hecho un esfuerzo por encajar en el ecosistema de la secundaria.

—¡Ey, bonita! —la recibí con un abrazo—. ¿Cómo ha estado todo por aquí?

—Todo genial. Tengo muchísimas cosas que contarte —dijo, tirando de mi brazo y de mi maleta como si tuviera prisa por recuperar el tiempo perdido.

El taxi nos llevó a casa en un suspiro. Al llegar, me extrañó no ver a mi madre en la puerta, pero al encender la luz de la sala, un estruendo de voces gritó: «¡SORPRESA!». Me llovieron serpentinas y mi madre apareció con su habitual cartel de bienvenida. También estaban Cassie y Connor. Cassie me saludó con un entusiasmo que me resultó algo incómodo, y luego Ayra me dio un beso en la mejilla que hizo que mi corazón latiera con una fuerza eléctrica.

Traté de ocultar mi confusión y saludé a Connor, con quien ahora mantenía una buena amistad. Pero el momento se rompió cuando Cassie presentó al nuevo integrante del grupo. Era un chico atlético, más alto que nosotros, con aspecto de jugador de fútbol americano.

—Mylas, te presento a Sean Scott. Es casi tu reemplazo en el grupo y, además, el novio de Ayra —soltó Cassie sin anestesia.

Sentí como si me hubieran echado un cubo de agua helada encima. Odié el comentario sobre el «reemplazo», pero odié mucho más el hecho de que Ayra tuviera novio y no me hubiera dicho nada. Solíamos contárnoslo todo, hasta lo más íntimo. Me sentía fatal, aunque intenté ser educado y le tendí la mano a Sean, quien parecía un tipo simpático.

—Al fin conozco al gran Mylas. En la secundaria todas hablan de ti —dijo él, intentando ser agradable.

—Si tú lo dices... —sonreí con hipocresía.

Necesitaba salir de allí. Connor me trajo una cerveza y me la bebí casi de un trago. Ayra apareció entonces con una caja envuelta en papel de regalo, radiante.

—¡Sorpresa! —exclamó, entregándome el paquete.

—No quiero más sorpresas por hoy, gracias. Paso —respondí secamente.

El silencio que siguió fue sepulcral. Mi madre intentó suavizar la tensión, pero yo ya estaba subiendo las escaleras con mi equipaje. Me encerré en mi habitación y me desplomé en la cama, buscando refugio en el silencio. Duró poco. La puerta se abrió de golpe y Ayra entró como un dragón furioso.




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