Mis ojos veían, a la lejanía, atentamente el fuego consumir la madera de los techos, el brillo naranja que dejaba materia carbonizada y ceniza, las nubes grises que se mezclaban con las nubes y los gritos, horribles y escalofriantes pero lo peor era ver las jaulas en las que encerraban, podía sentir su miedo, su temor y dolor.
Tárago: ¡Sueltenlos!.
Esas horribles figuras dejaron de arrastrarlos y voltearon a verme, dos de esos caballeros empezaron a dirigirse en mi dirección pero un estirón en el cuello me despertó, lleve mi mano a la garganta, ese tirón se sintió real pero antes de poder seguir en shock escuché a alguien toser y al mirar a mi izquierda en dirección a la puerta lo vi, estaba recostado en la puerta viéndome preocupado.
Nero: ¿Estás bien?... ¿Esa pesadilla de nuevo?.
Su voz era temblorosa y áspera.
Tárago: si, emmm... ¿Por qué estás aquí?.
Nero: quizás no lo notes pero hablas dormido y escucharte gritar dormido es...
Miro hacia otro lugar evitando tener que seguir explicando.
Tárago: bueno, puedes irte ya estoy bien.
Nero: entonces, ¿Vas a acompañarnos hoy para buscar a otro?.
Tárago: por supuesto.
Me levanté rápidamente de la cama con determinación, Nero sonrió levemente al verme tan decidido.
Nero: te espero afuera, en media hora salimos.
Salió y cerró la puerta, el sonido resonó en la habitación. Comencé a cambiarme y note la luz del sol que se filtraba entre los huecos de algunas maderas carbonizadas.
Tárago: debería arreglar el techo...
Me puse mis botas de cuero y salí de la habitación para ver a Nero sentado esperandome para desayunar, después de esos maravillosos huevos fritos Nero miro la ventana y comencé a escuchar las voces afuera, hablaban y reían, era reconfortante.
Nero: ponte tu armadura y el rifle.
Tárago: perdón pero...
Nero: ¿No vas a usarlo?.
Tárago: no después de...
Nero: está bien, pero lleva una daga contigo, solo por defensa en caso de emergencias.
Tárago: okey.
Me tarde un tiempo acomodandome la armadura, era de cuero muy duro, cualquier otro material sería un lujo en esa situación. Tomé la daga y salí de la casa, la tierra bajo mis pies estaba algo blanda y vi a las personas mover la madera de un lugar al otro mientras los niños jugaban, me llenaba de felicidad.
Nero: ¿Es hermoso no?, no son todos pero, al menos algunos ya están aquí.
Voltee a ver a Nero quien sonreía con emoción al ver a los del pueblo libre de nuevo, aunque solo sea menos de una parte, pero yo también estaba feliz.
Tárago: si...
Uno de ellos nos vio y se acercó a saludarnos, era Marco, un tipo agradable.
Marco: los veo muy felices, ¿Que sucede?, ¿Van a buscar a más?.
Antes de que pudiera responder Nero se me adelanto.
Nero: ¡Por supuesto!, vamos a traer a todos los que alguna vez fueron parte de este pueblo.
En su voz se notaba contento a montones, a ambos nos encantaba la idea de salir en excursiones a buscar a más.
Marco: que bien, me alegra que ustedes dos a pesar de ser tan jóvenes sean tan valientes, ojalá regresen con muchos, hoy haremos un festín aprovechando que ya somos más que hace una semana.
Nero le dio una palmada en las espalda mientras sus ojos se abrían con fulgor.
Nero: así se habla, no, es más no ojalá, vendremos con más.
Marco: excelente, los estaremos esperando.
Marco se fue con los demás y comenzaron a reparar una casa que ya casi caía al suelo, la madera estaba acabada por el fuego y lo poco que quedaba estaba demasiado frágil.
Nero: bien vámonos.
Tárago: si.
Ambos comenzamos a dirigirnos a la carretera principal, era de tierra, los días de lluvia la hacían imposible de cruzar con un carruaje.
Nero: recuerda, que.
Lo interrumpí algo irritado de que siempre dijera lo mismo antes de salir.
Tárago: si, si, no hablar con nadie a menos que sea obligatorio y jamás mencionar de dónde venimos, ya es agotador escucharte siempre.
Nero se rió mientras llevaba su mano sobre mi hombro, era un alivio saber que siempre estaba feliz a pesar de la situación.
Nero: ya se, lo digo para no olvidarme, yo no soy de hacerme caso, soy algo bruto.
Su risa se detuvo de repente y tapó mi boca y volteo a ver, un carruaje pasaba cerca.
Nero: nuestra oportunidad, ¿Trajiste monedas?.
Tárago: ¿¡Que!?, no me dijiste que las trajera.
Nero volvió a reírse mientras sacaba unas cinco monedas de plata de su bolsillo.
Nero: ya se solo te quería asustar.
Al acercarse más vimos la carreta, era un tipo algo mayor de edad, parecía estar llevado algo y Nero subió la mano para llamarlo, se acercó pero en su cara podía notar la desconfianza.
Nero: hola, estamos por ir al pueblo de Ameno, ¿Puede llevarnos?.
?: no soy tonto, los atracos a carretas aumentaron por este lugar, ya se que son asaltantes.
Nero: no, espere, no vamos a robarle es más le pagamos.
Nero arrojo las monedas al hombre, las cuales cayeron en su mano con precisión, el hombre la vio detenidamente y con un cuchillo las rasgo un poco para ver si no estaban pintadas.
?: aún así no confío, ese rifle, pueden atacarme y robar todo.
Nero tomo el rifle y me apunto disparando el gatillo pero no sucedió nada.
Nero: no tiene balas, es para aparentar, como dijo los robos aumentaron y uno debe tener cuidado.
El hombre nos vio detenidamente, analizando cada rastro de mentira pero finalmente confío.
?: súbanse atras.
Nero: gracias, vamos Tárago.
Tárago: si.
Ambos subimos a la carreta con algo de dificultad y el hombre siguió su rumbo, las pezuñas de los caballos golpeaban la tierra y la carreta se mecía levemente por el trayecto, mientras el tiempo pasaba Nero cargaba el rifle con el máximo silencio.
Nero: perdón si te asuste con lo de antes, pero no iba a confiar de otro modo.
Tárago: no te preocupes sabía que no estaba cargada y creo que el tipo lo sabía de antes.
Nero:...
Nero siguió en lo suyo mientras yo miraba el cielo.
Nero: me preguntó porque aumentaron la cantidad de robos en la zona, seguro que dirán que algunos no fuimos capturados o que nos escapamos y ahora robamos.
Tárago: seguramente, ¿Por qué nos odian tanto?.
Nero: no tengo idea, quizás sea por nuestra afinidad, la mayoría nos teme por esa cosa y nadie que conozca la uso.
Mire abajo apenado tratando de evitar llorar.
Nero: cierto, perdón por recordartelo.
Tárago: no te preocupes, solo... Quiero olvidarlo pero...
Nero me abrazo con calidez.
Nero: no fue tu culpa, no tienes que sufrir por hacerlo, no lo haces por maldad lo haces porque no tienes opción, recuérdalo siempre.
Su voz estaba rota pero sus palabras eran alentadoras.
Tárago: gracias...
Nero se alejo un poco y situó su mano sobre mi cabeza.
Nero: eres confuso de tratar, hermanito.
Tárago: Al menos no me olvidé del catalejo.
Nero reviso en el bolso de cuero pero no lo encontró, el pánico se notaba en su cara.
Nero: ¿Qué vamos a hacer?.
Tárago: seguir, lo tengo aquí.
Le mostré el catalejo a Nero quien suspiro aliviado.
Nero: bien... No me asustes así, a la próxima avisa que lo tienes.
Sonreí con algo de malicia y voltee a ver en la posición del hombre de la carreta, se había detenido mientras hablaba con alguien.
Nero: será algún otro que quiere una ayuda para llegar más rápido.
Tárago: yo... Tengo mala espina, no me siento cómodo, algo me dice que...
Nero me interrumpió para taparme la boca y tomo el rifle parándose rápidamente mientras susurraba.
Nero: escondete, saca tu daga si es obligatorio.
Sentía el nerviosismo en su voz mientras apuntaba decidido a disparar.
Nero: cierra los ojos si no quieres ver.
Cerré los ojos mientras mi respiración se aceleró pero nunca oí un disparo, al abrir los ojos note una familia tranquila frente a la carreta asustada por Nero quien les apuntaba.
Nero: no, no, no les vamos a hacer nada, solo pensábamos que eran otras personas.
Nero bajo el arma y se sentó junto a mi.
Nero: tranquilos no estaba cargada solo es para disuadir a cualquiera que planea robar.
La familia se subió mirándonos con desconfianza, eran un esposo, esposa y una niña, la mujer parecía embarazada.
Tárago: perdón por el atrevimiento pero... ¿Cuántos meses?.
La mujer me miró aún con miedo y con una voz temblorosa.
Esposa: cinco meses.
El esposo me miraba con desconfianza pero había algo en su mirada que no podía descifrar, ¿Miedo?, ¿Ira o enojo?. La niña en cambio, no parecía entender la situación, caminaba por la carreta pero por los baches solía tropezar constantemente.
Tárago: para que no piensen mal de nosotros les daré un regalo.
Me levanté y con cuidado de no caer camine hacia nuestra bolsa para meter mis manos buscando un tarro de vidrio pequeño pero antes de poder sacarlo Nero sujeto mi brazo y nuestras miradas se cruzaron un instante, Nero sonrió y me soltó, camine junto a la familia y les di el frasco, al abrirlo el olor a miel se hizo presente.
Tárago: perdón que no tenga una cuchara para darles pero es un pequeño regalo.
La esposa me miro unos segundos antes de sonreír.
Esposa: ya veo, entonces solo son unos jóvenes extraños, espero lleguen a dónde van a ir.
Nero: gracias.
El tiempo pasó y la familia se bajó es un pequeño pueblo, no sabía cuál era, después de mucho tiempo y ya era hora de un almuerzo digno, carne seca, no era mucho pero sabía bien, el sabor salado era sublime y su textura de la carne era una experiencia única. Nero apunto la carne mientras masticaba.
Nero: ojalá pudiéramos comer como si fuera en casa, si fuera así lo acompañaría de un arroz o rodajas de tomate con queso.
Sus palabras hacían que la saliva brotará de mi boca.
Tárago: no hables de eso que me da más hambre.
Nero se rió pero se atragantó con lo que masticaba y lo escupió pero yo también me reí al verlo, repitiendo el mismo acto, Nero tomo aire mientras llevaba su mano a su cuello.
Nero: bueno, dicen que el hermano menor sigue los pasos del mayor.
Tárago:...