Tattoo magia isekai

Capitulo uno: Runterra

Sé que sonará raro, ya que estas cosas suelen pasar en las historietas orientales y no en la vida real, y menos a gente en Sudamérica, pero, por muy loco que sea, esta es mi historia.
Me llamo Michael, soy de Chile, tengo 29 años, soy profesional de la salud veterinaria y les voy a contar lo que me pasó hace unos días (eso creo). Todo comienza en mi habitación: hace un mes me despidieron de la empresa en la que trabajaba por necesidades de la misma. ¿Te suena conocido? Bueno, me ha costado encontrar trabajo porque duermo muy mal. Hace unos días, pensando en qué hacer para poder salir adelante, me quedé dormido y desperté en un lugar muy extraño. Era una pradera desolada; solo se veía pasto y las curvas de los cerros. Me sentía raro, como si mi cuerpo no fuera mi cuerpo —te lo dije, es raro—, pero no le di importancia, ya que lo más seguro era que estuviera durmiendo.
Caminé durante unos minutos por esta pradera hasta que encontré una pequeña fuente de agua, como un charco de no más de dos metros de diámetro. En ese momento comprendí algo: me sentía raro, como si mi cuerpo no fuera igual. No me malinterpreten: la cara era la misma, pero la misma de cuando tenía 14 años, y empecé a notar que en mi cuerpo tenía tatuajes que yo nunca me había hecho. El de mi brazo izquierdo era una serpiente que se enrollaba en mi antebrazo; en la pantorrilla de mi pierna derecha había el tatuaje de un lobo con una mirada profunda; en mi espalda se escondía el tatuaje de un águila. Esto ya me estaba dando miedo. Empecé a hacer lo que fuera necesario para despertar: me mojé la cara y, como no funcionó, hundí mi cabeza en el charco; golpeé mi propio rostro sin tener ningún resultado más que hacerme un pequeño corte en la mejilla derecha. Esto no tenía sentido: sentía el dolor de ese corte, y eso no pasa en los sueños. Cuando me logré calmar después de unos cuantos minutos, vi que a lo lejos se observaban unos árboles, por lo que decidí caminar hacia ellos (no es que pudiera hacer mucho más).
En unos 15 minutos ya estaba llegando a estos árboles. Mientras caminaba, vi unas aves que nunca había visto; se veían grandes a pesar de estar lejos. Bueno, cuando ya estuve bajo la cobertura de los árboles, descanse un poco y pensé en qué debía hacer. Después de pensarlo un rato, creo que lo mejor sería no adentrarme entre todos estos árboles y decidí rodearlos para ver si encontraba algún camino o persona, por lo cual empecé a caminar. Mientras caminaba se escuchaban ruidos agudos desde los árboles; no sabría decir de qué animal provenían, pero tampoco quería averiguarlo. Seguí caminado hasta que, por desgracia, descubriría a los pocos minutos quién realizaba esos sonidos.
Algo se me abalanzó y me botó al suelo. Era real lo que veía: una figura humanoide, pero de no más de un metro, de un color de piel verdoso, ojos profundos y orejas puntiagudas. Tenía un palo grande con el cual había golpeado mi pierna derecha. No sé qué pasó, pero en cosa de un segundo esa criatura estaba en el hocico de un lobo de gran tamaño. La criatura trataba de pelear, pero al cabo de segundos ya no se movía. Lo raro fue que, cuando me golpeó, no sentí nada, como si algo hubiera amortiguado el golpe. Ahí me di cuenta: el lobo del tatuaje de mi pierna derecha ya no estaba y ahora estaba frente a mí, mirándome con esa misma mirada profunda, pero raramente me era familiar y no me causaba miedo. Me sentí cansado, no sé por qué, pero perdí la conciencia, aunque juraría haber escuchado una voz que decía: «¿Estás bien?».
Desperté en un campamento. Había una fogata al medio, yo estaba solo y ya era de noche. Estaba desorientado y me sentía débil. A lo lejos escuché una voz que me dijo:
—¿Ya despertaste, chico? ¿Cómo te llamas y qué estabas haciendo en lo profundo del bosque de Runaterra?
Era un hombre esbelto, de pelo pelirrojo, y tenía una espada que parecía una katana, pero de una mano y con una hoja corta. Le respondí:
—Me llamo Michael y no sé qué hago aquí. Runaterra, ¿dónde queda eso? ¿Está en Sudamérica?
Él respondió:
—¿Sudamérica? No sé dónde queda eso. Estamos en el reino de Kuorum, en el bosque de Runaterra. Es un lugar peligroso, no es lugar para un chico como tú.
Le respondí:
—Perdón, me siento muy cansado; resulté herido del ataque de esa criatura.
Él respondió:
—¿Te refieres al goblin? No, él no te hizo nada. Por otro lado, no sé cómo ni qué magia utilizaste, pero él estaba destrozado, y el cansancio que sientes lo más seguro es que sea porque agotaste tu maná.
¿Magia? ¿Maná? ¿Goblin? ¿Estás jugando conmigo? (Pensé: no, yo lo vi).
—Perdón, vi un lobo... ¿tú lo viste? Disculpa, ¿cuál era tu nombre?
Él respondió:
—Me llamo Rukan, el espadachín rojo, y no vi ningún lobo.
—Guau, es un nombre con presencia —le respondí, aunque al segundo me dio vergüenza por haberlo dicho.
Él me dijo:
—Descansa para recuperarte, duerme un poco más y por la mañana seguiremos hablando.
Como estaba cansado, no se lo rebati y caí exhausto con la esperanza de despertar en mi cama.



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En el texto hay: aventura epica, isekai, fantasia magica

Editado: 05.11.2026

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