—¿Estará enojado?
Hoy salí de compras con mi mejor amiga Sarah, según ella para que despeje un poco la mente.
Alex no ha vuelto a buscarme desde aquella noche. Ya han pasado dos días, tampoco responde a mis llamadas y la verdad es que me estoy desesperando. No sé qué hacer, siento que estoy sobre pensando demasiado, ya hasta he imaginado el escenario en el que me manda un texto diciéndome que ya no quiere verme más.
—No has hecho nada malo, así que no te preocupes.
—Sí lo he hecho, tal vez no estoy poniendo suficiente de mi parte… no lo sé.
—Charlie, deja de decir estupideces. He sido testigo de lo mucho que has hecho para superar eso, así que no permito que te sientas culpable porque no lo eres y si Alex o cualquiera decide alejarse por eso, es porque no es la persona correcta para ti.
—Entonces nadie lo será…
—Además, no creo que Alex esté enojado. Sinceramente, pienso que es el novio más cuerdo que has tenido, así que no te preocupes.
—Pienso lo mismo, pero tengo miedo de que se canse en algún punto.
Sarah colocó sus manos en mis hombros: —¿Sabes qué? Dejemos este tema de un lado. Venimos acá precisamente para que dejaras de pensar en ello, pero sigues atormentándote. ¡No más! Vamos a ver qué podemos comprar.
Me tomó del brazo y me obligó a seguirla hasta la tienda.
A Sarah encantan este tipo de cosas, aunque a mí por el contrario no tanto, pero suelo acompañar a mi amiga a menudo. En ocasiones también la obligo a acompañarme a lugares que sé que no son de su agrado; así es como funciona nuestra amistad: uno se sacrifica para que el otro tenga su momento de felicidad.
No sé por cuánto tiempo anduvimos por los pasillos de la tienda. Ya sentía las plantas de mis pies doler. Lo único que me salvó fue esa persona que llamó a mi amiga por teléfono y la hizo irse apresurada.
«Rayos, las llaves de Sarah».
No recuerdo en qué momento las llaves de Sarah llegaron a mis manos. El punto es que las traje a mi apartamento.
“Tengo tus llaves conmigo”
Le envié un mensaje para avisarle.
“Gracias a Dios, pensé que las había perdido. En un momento paso por ellas”
Me tiré de golpe en el sofá suspirando por lo cansado que me había dejado este paseo. Después de leer la respuesta de mi amiga, aparté el teléfono de mí y me recosté con toda la intención de quedarme dormido.
Toc, Toc, Toc…
«Qué rápido»
Alguien toca la puerta. Aparentemente mi amiga estaba muy cerca, porque apenas acabo de leer su mensaje y ya está tocando la puerta para recoger sus llaves. Con esto en mente, me levanté y fui a abrir la puerta.
Ni siquiera vi por la ventanilla. Estaba seguro de que era Sarah quien estaba tocando, pero cuando vi a la persona delante de mi puerta no pude evitar sorprenderme y que una ola de ansiedad recorriera todo mi cuerpo.
—¿Alex?
—Hola.
Me respondió en un tono bajo y seguidamente dejó un leve beso sobre mis labios.
«¿Por qué huele a alcohol tan temprano?»
Lleva dos días sin dar señales de vida y ahora viene y actúa como si no hubiera pasado nada.
—Te he estado llamando.
Le digo mientras me doy la vuelta para caminar hasta el sofá nuevamente. Alex sigue mis pasos.
—Lo sé. Y lo lamento por no contestar. He estado muy ocupado en el trabajo.
—Hmm.
Llegamos al sofá y ambos nos sentamos casi al unísono. El ambiente se sentía tenso e incómodo.
—¿Estás enojado conmigo?
Preguntó.
Yo soy el que debió haber hecho esa pregunta.
—No, ¿tú? ¿Estás enojado conmigo?
—No estoy enojado.
—He estado pensando que sí.
—Lamento haber hecho que pensaras eso.
—Entonces, ¿estamos bien?
Llevó una de sus manos a mi cabeza y la acarició un poco: —Estamos bien.
Yo sonreí, me sentí muy aliviado al saber eso.
—Por cierto, olvidé mencionarte que mi mamá quiere conocerte.
Quizás no era el mejor momento para mencionarlo, pero mi estado de ánimo había dado un giro de 180º y no pensé en las palabras que salían de mi boca.
Sin dejar de acariciar mi cabello: —¿Ah sí?
—Sí, quiere que te lleve en navidad.
No vi ninguna expresión de disgusto o incomodidad en su rostro, así que supuse que le parecía bien.
—Bueno.
A pesar de que estaba siendo más cortante de lo común con sus respuestas, no le di mucha importancia. Me sentía muy feliz porque iría a casa conmigo en navidad.
Sin aviso previo, se acercó a mí y me besó. Al principio solo era un beso suave, apasionado, pero lento, pero unos segundos después Alex comenzó a succionar mis labios de una manera más violenta, como si fuera un animal queriendo saciar su sed. De alguna manera hizo que me sintiera incómodo y comencé a sentir ese impulso de querer apartarlo de mí.