Leo salió de las sombras en cuanto los pasos de Cael se perdieron en el corredor. Sara, que ya había alcanzado la llave que el príncipe dejó caer, se quedó petrificada al ver al niño. El fulgor violeta que emanaba de la piel de Leo era tenue, pero en la oscuridad de la celda parecía una llama espectral.
—¿Quién...? —Sara retrocedió, golpeando la pared de cristal—. Tienes sus ojos. Eres el hermano... eres Leo.
—Cael cree que soy un niño que necesita ser salvado —dijo Leo, usando el anillo de Elara para tocar el candado de la celda. El metal se deshizo como si fuera arena bajo su toque—. Pero las minas me cambiaron, Sara. Ya no soy su "pequeño".
Leo ayudó a Sara a salir. Ella estaba débil, sus movimientos eran torpes por el veneno residual, pero la presencia del niño le dio una nueva descarga de adrenalina.
—Tenemos que irnos, Leo. Si tu hermano dijo la verdad, Samuel vendrá por mí en minutos. Tenemos que buscar a Elara.
—No —le cortó Leo, mirando hacia el patio interior donde el carruaje blindado de Samuel, una mole de hierro y refuerzos mágicos, esperaba bajo la nieve—. Si escapamos ahora, Samuel lanzará a toda la Guardia de Ébano a buscarnos por el bosque. Cazará a Elara antes de que ella pueda recuperarse.
Leo se acercó a la ventana de la mazmorra que daba al patio. Cerró los ojos y extendió su mano pequeña hacia el carruaje. El polvo de cristal en sus venas empezó a zumbar, una vibración que Sara podía sentir en el aire.
—¿Qué estás haciendo? —susurró ella, alarmada.
—Le estoy dando una brújula a Elara —respondió Leo.
Desde las puntas de sus dedos, un hilo de energía violeta casi invisible salió disparado, atravesando el aire gélido hasta incrustarse en el chasis del carruaje de Samuel. No era una explosión; era un parásito energético. El cristal del carruaje absorbió la marca de Leo, creando una firma que solo él y Elara (a través de su conexión con la magia de curación que le dio) podrían rastrear a kilómetros de distancia.
—Ahora, cada vez que ese carruaje se mueva, Elara sentirá un tirón en su sangre —explicó Leo, volviéndose hacia Sara con una sonrisa triste—. Samuel creerá que te tiene prisionera, pero en realidad, solo nos está llevando directos a su campamento principal. Él es el que está atrapado ahora.
Guiados por el sentido sísmico de Leo, evitaron las patrullas y salieron de la fortaleza por un conducto de drenaje que desembocaba en el barranco oeste. La nieve los recibió con furia, pero Leo parecía irradiar un calor interno que mantenía a raya la hipotermia de Sara.
A lo lejos, en la profundidad del bosque, una pequeña luz parpadeó tres veces. Era la señal de Joran.
Cuando finalmente llegaron a la cueva, Elara se lanzó hacia ellos. Abrazó a Sara con tal fuerza que ambas cayeron sobre el suelo de piedra, llorando de alivio. Luego, Elara miró a Leo, que permanecía de pie a la entrada, mirando hacia la torre de su hermano.
—Lo has logrado, Leo —dijo Elara, acercándose al niño—. Has traído a Sara de vuelta.
—No del todo —respondió Leo, entregándole el anillo—. El carruaje sigue allí. Samuel se llevará a Sara —o a lo que él cree que es Sara— mañana al amanecer. He marcado el transporte. Podemos seguirlo.
—¿Qué quieres decir con "lo que cree que es Sara"? —preguntó Joran, confundido.
Leo miró a Elara con una seriedad impropia de sus diez años. —He dejado una ilusión de cristal en la celda. Samuel no se dará cuenta del engaño hasta que esté a leguas de aquí. Pero Elara... —el niño dudó—, escuché a Cael hablar. Él cree que te está salvando al entregarte. Cree que eres el único sacrificio que el Valle aceptará para no matar al resto de nosotros.
Elara apretó el anillo en su mano. La revelación de Leo sobre los motivos de Cael no suavizó su mirada, pero cambió el fuego de su rabia por una frialdad estratégica.
—Cael ha decidido jugar a ser Dios con nuestras vidas —sentenció Elara—. Ha decidido quién vive y quién muere "por el bien común". Mañana, cuando Samuel se dé cuenta de que su carruaje está vacío, Cael descubrirá que su sacrificio no ha servido de nada. Porque no vamos a huir al sur. Vamos a atacar el convoy en el Paso de los Muertos.