Te compró tú amor

11.

Capítulo 11

POV Luna

Jason hablaba de cualquier cosa.

De un contrato. De una cláusula absurda. De Nueva York como si no fuera una trituradora de sueños. Yo asentía, pero el café no me terminaba de entrar en el cuerpo. El estómago seguía revuelto. Las manos, frías. El temblor leve, constante, como si algo dentro de mí estuviera mal sincronizado.

Había comido poco. Apenas un par de bocados. Aun así, no me sentía mejor.

—Come un poco más —insistió Jason, empujando el plato hacia mí.

—Luego —mentí.

El teléfono vibró sobre la mesa.

Número desconocido.

—¿Sí? —respondí.

—Señorita Morales —la voz era neutra, administrativa—. El señor Hale quiere verla. Ahora.

El corazón me dio un salto seco.

—Voy —dije, levantándome de inmediato.

Jason se puso de pie también.

—¿Te acompaño?

—No —respondí—. Gracias… por el desayuno.

Asintió, observándome con atención, como si quisiera decir algo más. No lo hizo.
Yo tampoco.

Subí.

---

El despacho de Víctor Hale era idéntico a como lo había dejado. Impecable. Frío. Poderoso.

No me invitó a sentarme.

—Cierre la puerta —ordenó.

Lo hice.

—Voy a ser directo, Luna —dijo, apoyándose en el borde del escritorio—. Pensaba contratarla.

El alivio me cruzó el pecho como un relámpago.

—Su perfil es excepcional —continuó—. Sus capacidades, su carácter… incluso su presencia. Me gusta la gente que no baja la mirada.

Tragué saliva.

—Entonces…

—Entonces hizo algo mal.

El suelo se me movió un poco.

—¿Qué hice? —pregunté.

Sonrió. No con burla. Con lástima.

—Existir en el radar de Noah Ha.

El nombre cayó como una piedra.

—Noah Ha es mi socio —prosiguió—. Y también es un hombre que no acepta perder. No sé qué le hizo usted. No sé quién es para él. Pero le aseguro algo: no la va a dejar en paz.

Apreté los puños.

—Eso no tiene nada que ver con mi capacidad profesional.

—En un mundo justo, no —concedió—. En este, lo es todo.

Rodeó el escritorio, despacio.

—Me pidió que no la contratara. Y no fue una sugerencia.

—¿Me está diciendo que…?

—Que negociamos —asintió—. Y ganó.

La rabia me subió a la garganta.

—Esto es poco ético.

Hale soltó una risa corta.

—Esto es negocios, bonita. Y aquí va la parte cruel, sin anestesia: ninguna empresa importante en Nueva York va a contratarla. No mientras Noah Ha siga respirando el mismo aire que usted.

El aire se me fue del pecho.

—¿Me está vetando?

—No oficialmente —corrigió—. Oficialmente, usted “no encaja”. Extraoficialmente… —me miró con algo parecido a pena— yo que usted me mudaría. De ciudad. O de país.

Silencio.

—Lo siento —añadió—. De verdad me gustabas.

Lo miré fijo.

—Yo no lo siento.

Me di la vuelta y salí antes de que el temblor me venciera.

---

El ascensor tardó una eternidad.

Cuando las puertas se abrieron, lo vi.

Noah Ha.

Ya no estaba empapado. Se había arreglado. Camisa abrochada. Cabello en su lugar. Impecable otra vez. Como si el caos no lo hubiera rozado nunca.

Algo dentro de mí explotó.

—¡ERES DESPRECIABLE! —le grité, y antes de pensarlo siquiera, le di una bofetada.

El sonido seco resonó en el vestíbulo.

Él apenas parpadeó.

—Sí —respondió con frialdad—. Yo también te odio. Me has arruinado la vida.

Solté una risa rota.

—Tú me la arruinaste a mí. Ya basta.

Se inclinó un poco hacia mí.

—Me encantaría —susurró—. Pero está en tus manos. O mejor dicho… —miró mi mano izquierda— en ese dedo. El anillo sigue esperando.

Levanté la mano.

—NO.

Di un paso atrás.

—Suerte con tu búsqueda de empleo —añadió—. Nadie te va a contratar.

Le saqué el dedo medio sin pensarlo.

—Jódete.

—Luna.

Me giré.

Jason estaba ahí. Sosteniendo una bolsa de papel.

—Come —dijo simplemente, tendiéndomela.

Lo miré. Tomé la bolsa.

—Gracias.

Me fui sin mirar atrás

Salí del edificio con el pecho apretado, la cabeza zumbando y la rabia aún temblándome en las manos.

No miré atrás.

----

POV Noah El ardor seguía ahí.

No en la piel. En el orgullo.

Luna se alejaba con el mentón alto, la espalda recta, como si el edificio no acabara de cerrarse sobre ella. No miró atrás. No necesitó hacerlo.

Jason apareció a mi lado. De algún lugar sacó una bolsa de papel y se la tendió.

—Come —dijo.

Ella la tomó. Siguió caminando.

No dije nada. Sentí cómo algo se acomodaba dentro de mí, lento y duro, como una decisión.

—Tienes la mejilla roja —comentó Jason—. ¿Te dolió?

—¿Por qué la alimentas?

Jason tardó un segundo en responder.

—Porque estaba mareada —dijo—. Y porque tú no sabes cuándo parar. Ella está al límite.

Exhalé por la nariz.

—¿Te parece que esa mujer está al límite?

—Sí.

La respuesta fue inmediata.

—Me acaba de abofetear.

Jason me miró. No sorprendido. Evaluando.

—¿Sabes cuántas personas han hecho eso?

—No.

—Una.

Esperé.

—Luna Morales.

Asentí.

—Es indomable.

Silencio.

—Y por ella —añadí— perdí mis acciones aquí.

Jason se tensó.

—¿Cómo dices?

—Hale puso un precio —respondí—. No contratarla. Yo pagué.

—Noah…

—Cinco coma dos millones en títulos.

No lo miré cuando maldijo en voz baja.

—No vuelvas a decir números —dije—. No hoy.

Empecé a caminar. Jason me siguió.

—Esto va a tener consecuencias —insistió—. Para Ha Tech. Para ti.

—Lo sé.

—Entonces, ¿qué demonios estás haciendo?

Me detuve.

—No perder.

—¿A ella?

—A mi herencia.

Señalé la entrada. El scooter seguía esperando.

—¿Viniste en eso? ¿Irás a la empresa así?

—No voy a volver así —respondí—. Estoy hecho un asco.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.