Capítulo 20
POV Luna
Pierdo a Noah de vista por un segundo.
Solo un segundo.
Y es suficiente.
—Noah… —digo, girándome sobre mí misma, el pulso disparado.
Lo veo meterse en un callejón estrecho, mal iluminado, demasiado silencioso. El tipo de lugar donde la gente no entra por error.
—¡Noah! —apuro el paso.
Antes de que llegue, una sombra se despega de la pared. Luego otra. Un grupo. No muchos. Los suficientes.
—Eh —dice uno, adelantándose—. ¿Quién eres tú?
Noah no retrocede. La sangre seca aún le mancha la nariz. La mandíbula tensa.
—¿Te perdiste, blanquito? —añade el hombre, con una sonrisa torcida—. No eres de este barrio.
—Noah —digo, apareciendo a su lado.
El hombre me mira. Se detiene. Me reconoce.
—Luna…
Respiro hondo. Bajo los hombros. Cambio el tono.
—Nyle —digo, firme—. Él es mi prometido.
Noah gira la cabeza hacia mí, sorprendido, pero no dice nada.
—Estamos buscando a Lupe —añado, como si no estuviéramos en un callejón a punto de estallar—. ¿Dónde se ha metido hoy?
Nyle lo observa de arriba abajo. Luego vuelve a mirarme.
—¿Y qué le pasó en la cara?
—Un asalto —respondo sin dudar.
Nyle frunce el ceño.
—¿De quién?
—¿Eres policía ahora? —escupe Noah, dando un paso adelante.
El aire se tensa de golpe.
Nyle sonríe lento. Peligroso.
—No —dice—. Soy quien pone el orden aquí.
Y tú deberías guardar silencio. Eres extranjero en este barrio.
Noah abre la boca.
—Noah —lo corto, sin mirarlo—. No fue aquí.
Él se gira hacia mí, furioso.
—Luna—
—Fue en Harlem Este —digo en voz alta, nombrando otro barrio—. No aquí.
El silencio cae pesado.
Nyle me observa unos segundos más. Luego asiente despacio.
—Encontraré a los responsables —dice—. Nadie toca a los tuyos.
—No tienes que molestarte —respondo—. De verdad.
Nyle niega con la cabeza.
—Si se meten contigo, se meten con todos —dice, serio—. Ley del barrio.
Los hombres alrededor se relajan apenas. El peligro no desaparece, pero se transforma.
Nyle mira a Noah una última vez.
—Cuida cómo caminas aquí —le dice—. No todos tienen a alguien que los nombre.
Se hace a un lado.
Tomo la mano de Noah con fuerza. Está rígido, hirviendo por dentro, pero me sigue.
No decimos nada hasta salir del callejón.
Solo cuando estamos fuera, lo siento temblar.
—No necesitaba que me defendieras —dice entre dientes.
Lo miro.
—Aquí sí —respondo—. Aquí, si no te nombro, no existes.
Sigue caminando, respirando fuerte, el ego herido, la rabia intacta.
Nuestras manos siguen juntas. La mía apretando firme; la suya abierta, como una clara señal de que solo se deja arrastrar. Sé que, si lo suelto, se dará media vuelta y volverá a buscar problemas. O algo peor. Si Nyle se entera de que fue Mateo Ruiz quien robó dentro del barrio, las consecuencias serían graves.
El silencio se rompe cuando Nyle habla de nuevo a lo lejos.
—Lupe está en la esquina de Pine y 5th —dice, señalando con la cabeza—. Vendiendo tacos con los suyos.
—Gracias —respondo, apretando la mano de Noah para calmarlo.
Noah me lanza una mirada de incredulidad y furia contenida.
—¿Tacos? —musita, medio en broma, medio serio.
—Sí —digo, con una sonrisa cargada de ironía—. ¿Qué otra excusa podría darle que fuera creíble?
—Eres una experta mintiendo…
—Soy una experta sobreviviendo.
****
POV Noah
Nyle no se mueve. A lo lejos nos observa como si estuviéramos mal colocados en una escena que le pertenece. Luego habla, tranquilo.
—Los llevo.
No necesito pensarlo.
—No hace falta.
Le suelto la mano.
—Vale —dice Luna antes de que pueda seguir.
La palabra me cae mal. No porque esté de acuerdo, sino porque no me deja margen.
Me toma del antebrazo y tira de mí. No con suavidad. Con autoridad. Camino porque no quiero darle el gusto de resistirme.
Nyle va delante. Yo le devuelvo la mirada. No aparta los ojos.
Territorio.
El silencio se espesa mientras avanzamos.
De pronto, Luna se detiene. Saca un pañuelo y me lo planta en la cara sin aviso. Me limpia la sangre de la nariz con movimientos rápidos, torpes.
—Au —protesto—. ¿Puedes no ser tan bruta?
—No seas llorón.
—No seas tan brusca.
—Camina.
Sigo andando.
Nyle nos observa de reojo, con una sonrisa ladeada.
—Luna… ¿de dónde sacaste al blanquito?
Aprieto la mandíbula.
—¿Perdón? —digo, girándome hacia él.
—No parece tu estilo —añade—. Muy limpio.
—¿Cuál es su estilo? —pregunto.
Luna se adelanta medio paso.
—Ya basta.
Nyle sonríe despacio.
—Más rudo. Más calle. Menos revistas.
La mano se me cierra sola.
Luna lo nota. Siempre lo nota. Se acerca apenas y me habla sin mirarme.
—Ya basta —susurra—. Solo te está provocando. Tranquilidad, por favor.
Suelto una risa seca. Irónica. No porque me haga gracia, sino porque si no río, hago algo peor.
Seguimos caminando.
Las luces cambian. El aire huele distinto. Comida, grasa, algo familiar. El carrito de tacos aparece al fondo como una isla iluminada.
—Aquí es —dice Nyle—. Escoltados, parejita.
—Gracias, Nyle —responde Luna.
Él asiente, pero no se va. Me mira a mí.
—Explícale al blanquito de revista cómo funcionan las cosas aquí.
Luego vuelve a Luna.
—Y cuida que no se meta en problemas… ni en callejones.
—Está de paso —dice ella.
Nyle sonríe.
Antes de irse, levanta dos dedos y se los lleva de los ojos hacia afuera.
Te estoy vigilando.
Desaparece entre la gente.
Me quedo quieto.
Luna suelta el aire como si le hubieran quitado un peso del pecho.
Solo entonces la siento temblar.
****
POV Luna
Lupe nos ve desde lejos y levanta la mano con una sonrisa amplia.
—¡Luna!
El carrito de tacos ilumina la acera como un pequeño refugio. Me acerco con Noah a mi lado.
—Hoy quiero dos para llevar —le digo.
Lupe me mira con atención antes de asentir, pero su mirada se desvía hacia Noah.
—¿Y él quién es?
Noah no duda.
—Soy su prometido.
Cierro los ojos un segundo. Suspiro. Luego asiento, como si fuera lo más normal del mundo.
Lupe se queda quieto apenas un segundo… y después se emociona.
—¿Prometido? —dice, feliz—. Entonces tengo que hacerles unos tacos riquísimos.
—Para llevar, por favor —repito.
—Está bien, está bien —responde—. Siéntense mientras tanto.
Nos sentamos en el borde del banco improvisado. El cansancio me cae encima de golpe. El frío también.
Noah se quita el saco de su traje sin decir nada y me lo coloca sobre los hombros.
Lo miro de lado.
—Mírate —murmuro—. Hasta pareces amable.
—Soy amable.
—El noventa y nueve por ciento de las veces no.
—No me conoces.
—No hace falta conocerte —respondo—. Eres fácil de leer.
Noah me observa, serio.
—Sigue ahogada en tu juicio. No me importa tu opinión sobre mí.
—Perfecto —digo—. Porque a mí tampoco me importa la tuya.
Entonces lo escucho.
No lo veo.
Pero lo escucho.
La risa. La voz arrastrada. Demasiado familiar.
Noah se tensa de inmediato. Endurece los hombros.
—¿Escuchaste eso? —dice en voz baja.
Ya estoy pensando. Rápido. Frío. Como siempre.
—Voy al baño —digo, levantándome.
Noah frunce el ceño.
—¿Hay baño en este lugar… o solo quieres que pague la cuenta?
Me inclino hacia él, sin mirarlo directamente.
—Cállate —susurro—. Y paga la cuenta.
Lupe deja los tacos en el mostrador.
—¿Todo bien, Luna? —pregunta—. Estás pálida.
—Sí —respondo—. Ahora vuelvo.
#2400 en Novela romántica
#816 en Chick lit
romance celos, ceo dominante, ceo dominante millonario drama intriga
Editado: 29.01.2026