Capítulo 21
POV Luna
No debería sorprenderme.
Pero igual lo hace.
La abuela de Noah está sentada frente a mi padre, con la espalda recta, las manos cruzadas sobre el bastón. No hay calidez en su postura. No hay cortesía. Solo autoridad.
—Estoy aquí porque Gabriel me llamó —dice, sin mirarme—. Está profundamente preocupado por su hija.
Mi padre no baja la mirada.
—Y con razón —añade ella, girándose por fin hacia Noah—. Pasaste de ser el hombre que Luna Morales detestaba… a ser su novio en menos de veinticuatro horas.
Silencio.
—Explícame eso —continúa—. ¿Qué hiciste para lograrlo?
Hace una pausa mínima.
—¿Con qué la amenazaste?
Noah se tensa de inmediato.
—Abuela—
—No —lo corta ella—. Ahora hablo yo.
Seol Hye-Jin se pone de pie.
—Mamá, por favor —dice, firme—. ¿De verdad crees que Noah haría algo así?
La abuela ni siquiera la mira.
—Aún no entiendo qué haces tú aquí —responde—. Pero ya hablaremos de eso.
Luego vuelve a Noah. Sus ojos son afilados. Precisión quirúrgica.
—Ahora dime tú.
Noah aprieta la mandíbula.
—Me ofendes, abuela —dice—. No he hecho nada de lo que debas avergonzarte.
Ella ladea la cabeza.
—¿Seguro?
Da un golpe suave con el bastón contra el suelo.
—Jubilaste a Gabriel Morales antes de tiempo.
—Regalaste acciones de Ha Tech a mi rival.
—Y todo a cambio de que no contrataran a Luna.
El silencio cae como una losa.
Yo me río.
Una risa baja. Irónica.
Porque es verdad.
Noah se queda mudo. Literalmente.
Mi padre gira hacia mí, confundido. Herido.
—¿Eso es cierto?
Noah no responde.
Yo doy un paso al frente.
—Eso ya no importa —digo.
Todos me miran ahora.
—Me gusta —añado, señalando a Noah—. Y estamos saliendo.
Gabriel frunce el ceño.
—¿Así… nada más? —pregunta—. ¿Después de todo eso?
Asiento.
—Lo he golpeado tres veces —digo con tranquilidad—.
—Lo he humillado también.
Noah gira la cabeza hacia mí, incrédulo.
—Del odio al amor hay un solo paso.
—Mentira —dice mi padre—. No son pareja. Están fingiendo.
Lo miro.
—¿Esto te parece fingido?
No espero respuesta.
Tomo a Noah del saco y lo beso.
No es suave.
No es cuidadoso.
Es firme. Ardiente. Decidido.
No hay ternura.
Hay desafío.
Noah se queda rígido un segundo… y luego reacciona demasiado tarde para evitarlo. Cuando me separo, el silencio es absoluto.
Lo suelto.
Me giro hacia mi padre.
—Ahora sí —digo— o tenemos que contar otras intimidades?
Nadie habla.
La abuela me observa con una calma nueva. Peligrosa.
Seol Hye-Jin cierra los labios, tensa, pero no dice nada.
Noah me mira como si acabara de declararle la guerra.
Y yo…
ya crucé el punto de retorno.
El silencio que sigue al beso es incómodo. No porque dudaran de mí, sino porque ahora no saben qué hacer conmigo.
La abuela es la primera en reaccionar.
—Bien —dice, apoyándose con más fuerza en el bastón—. Si esto es real, entonces no veo razón para seguir ocultándolo. Formalicen públicamente.
Mi padre asiente casi de inmediato.
—Estoy de acuerdo —dice, serio—. Pero hay algo que quiero dejar claro.
Me mira. Luego mira a Noah.
—No dormirás con mi hija antes del matrimonio.
La frase cae pesada.
Luego vuelve a mí, entrecerrando los ojos.
—¿O ya lo hicieron?
Abro la boca para responder, pero Noah se adelanta.
—No.
Mi padre frunce el ceño.
—¿No… qué?
—No hemos tenido sexo —dice Noah, sin rodeos—. Si eso es lo que está preguntando.
Lo miro de reojo. No me esperaba eso.
—La intimidad no es solo eso —continúa, con voz firme—. Intimidad es compartir un miedo. Un secreto. Romper una regla juntos. Elegir quedarse cuando sería más fácil irse.
Hace una pausa mínima.
—Eso sí lo hemos hecho.
La abuela lo observa con atención nueva. Calculadora.
Noah se gira hacia ella.
—Si quiere que formalicemos, hágalo —dice—. Ponga la fecha que quiera. Pero no nos presione con el matrimonio. No estamos listos.
Es una mentira.
Pero es convincente.
Luego añade, sin vacilar:
—Mañana mismo, si lo desea.
Mi padre abre los ojos apenas.
—¿Mañana?
—Mañana —repite Noah—. Toda la empresa sabrá que Luna Morales es mi pareja. Y que será mi futura esposa.
Trago saliva.
—¿Y heredera de Ha Tech? —pregunta la abuela.
Noah no duda.
—Por supuesto.
La abuela asiente, satisfecha.
—Bien —dice—. Llamaré a Irina. Que se encargue del evento.
Veo cómo el gesto de Noah se tensa apenas. Muy poco. Pero lo suficiente.
Lo disfruta menos de lo que aparenta.
Yo sí disfruto verlo perder el control.
Noah se vuelve hacia mí. Sonríe. Demasiado correcto. Demasiado medido.
—¿Estás feliz, amor? —pregunta.
Me aparta un mechón de cabello detrás de la oreja con una familiaridad calculada.
Mi padre nos observa, confundido.
Asiento.
—Sí, amor.
Noah rodea mi cintura. Yo paso los brazos por su cuello. Sonreímos.
Por fuera, perfectos.
Por dentro, tensos como un alambre a punto de romperse.
Me acerco a su oído y susurro:
—No te atrevas.
Su sonrisa no se mueve.
—Tú te atreviste primero.
Y entonces me besa.
Esta vez no es desafío.
Es advertencia.
No me besa de inmediato.
Eso es lo que me engaña primero: creo que todavía tengo margen.
Noah se acerca despacio, controlando cada paso, cada centímetro entre nosotros. Su mano llega a mi cintura y me fija allí, sin apretar… pero sin dejarme moverme. La otra sube a mi mentón, firme, obligándome a mirarlo. Sus ojos no preguntan nada: exigen.
Y entonces lo hace.
Me besa.
No es el beso impulsivo que le di yo antes. No hay fuego descontrolado. Esto es frío, letal, calculado. Sus labios me presionan con precisión quirúrgica, manteniendo el contacto el tiempo justo para que duela y, al mismo tiempo, me atrape. Me hace sentir que quien me incendia es también quien puede apagarme, y lo sabe.
Mi pulso se dispara, mi respiración se corta, pero no puedo apartarme. Ni quiero. Cada segundo que dura el beso me quema y me cura al mismo tiempo. Es veneno y antídoto, y yo lo siento en cada fibra.
Cuando se separa, lo hace lentamente, dejando la frente apoyada contra la mía. Su mirada me atraviesa y sonríe apenas, frío, consciente del efecto que ha tenido. Yo todavía tiemblO, y él lo sabe.
—Esto —susurra, solo para mí— es una devolución.
No me da tiempo de responder. Se aparta apenas, dejando el vacío que golpea más que cualquier palabra.
Y yo entiendo algo peligroso.
Nadie me había besado así antes. Nadie.
Como si la misma persona que te quema pudiera sostenerte, controlarte… y aun así dejarte en pie.
Y lo más importante: ahora yo también juego
#2400 en Novela romántica
#816 en Chick lit
romance celos, ceo dominante, ceo dominante millonario drama intriga
Editado: 29.01.2026