Capítulo 22 – POV Seol Hye-Jin Ha
El sol de la mañana entra a raudales por los ventanales de la mansión Ha, iluminando la mesa del desayuno con precisión casi quirúrgica. Todo está perfectamente dispuesto. Vajilla fina, té humeante, fruta fresca. Pero la perfección no impide que el aire esté cargado de tensión.
Mi madre, Eun Jin Ha, no dice nada al principio. Solo observa. Sus ojos recorren la sala como si evaluara cada gesto, cada respiración. Y finalmente rompe el silencio.
—¿Qué hacías en casa de Luna Morales? —su voz es firme, cortante, sin levantar el tono, pero con la fuerza suficiente para que se sienta en el pecho.
Respiro hondo, manteniendo mi postura impecable. Cada palabra que pronuncio tiene que ser medida, precisa.
—Fui a buscar a Noah —respondo con naturalidad—. Después de la paliza de ayer, me quedé preocupada.
Mi madre arquea una ceja, esa expresión que siempre me dice que está cuestionando todo, evaluando todo.
—¿Cómo sabías que la paliza no fue en un bar?
Sonrío apenas, calculadora. Es un juego que ambas entendemos: la verdad y la estrategia se mezclan, y no siempre es necesario decirlo todo.
—Porque hablé con él. Sabía que tenía el sello de Luna Morales. —Pausa mínima—. Y quería asegurarme de que estaba bien.
Antes de que Eun Jin Ha pueda replicar, la puerta se abre y Noah entra, impecable, firme, seguro. Pese a la tensión de la noche anterior, mantiene la compostura.
—Buenos días —dice, firme, seguro.
Mi madre no pierde tiempo. Su mirada se centra en él, evaluándolo con precisión militar.
—Espero que estés listo para la noche de hoy —dice—. Hay invitados: altos empresarios, personas importantes. Será la ocasión para anunciar a Luna oficialmente.
Noah asiente con discreción.
—Sí, halmeoni.
Eun Jin Ha ladea la cabeza, un gesto que combina curiosidad y desconfianza.
—No sé cómo la convenciste… pero aún no creo que lo de ustedes sea real.
Noah sonríe apenas, pero su determinación es evidente.
—Pues lo es. Hoy la voy a buscar.
Observo a mi hijo, la tensión que todavía carga en su mandíbula. No es solo la atracción; hay orgullo, desafío y un hambre de control que no se limita a la familia.
Suspiro, cruzando los brazos. Sé que el juego de Noah y Luna ya no puede ser contenido. No importa cuánto planifique o manipule: ahora hay fuerzas en movimiento que ni siquiera yo puedo detener por completo.
La abuela Eun Jin Ha me observa de reojo, calculadora. Estoy segura de que ya está planeando su próxima jugada, evaluando a todos en esta mesa como si fueran piezas en un tablero. Y yo, aunque madre, no dejo de jugar mi propio juego: asegurar que Noah y Luna estén bajo vigilancia, sin que sospechen del todo que lo estamos haciendo.
El desayuno continúa con una calma aparente, pero cada palabra, cada gesto, es un movimiento en una partida de ajedrez que recién comienza.
---
POV Noah
El beso de Luna no me abandona.
El suyo primero, desafiante, caliente, retador.
El mío, frío, preciso… pero no menos intenso.
Camino por Ha Tech casi sin pensar. Piso 39. Oficina. Rutina. Todo se difumina. Solo quedan sus labios, su mirada, la forma en que me reta a cada segundo.
El ascensor se abre y ahí está ella.
Irina. Perfecta, impecable, peligrosa.
Sus ojos me atraviesan, y de inmediato sé que hoy no será fácil ignorarla.
—Noah —susurra, ladeando la cabeza—. Yo sé exactamente lo que te pone caliente, lo que te pone triste, lo que te hace enojar… y lo que te hace feliz.
El aire se vuelve más denso. Mi cuerpo lo nota antes que mi mente.
—Irina… para —digo, intentando mantener la compostura.
Ella sonríe con arrogancia, lenta, peligrosa.
—Cinco años —dice, acercándose peligrosamente—. Cinco años durmiendo contigo, escuchándote, estudiándote. Y ahora vas a casarte con la hija del conserje.
Mi mandíbula se tensa.
—Dios… no te pongas sentimental. Lo nuestro siempre fue casual.
—Claro, casual —replica, con los ojos brillando de furia contenida—. Por eso sé tanto de ti.
Antes de que pueda reaccionar, sus labios rozan mi cuello.
Un beso calculado. Deliberado. Estratégico.
Mi cuerpo se alborota, mi mente se tensa, pero resisto.
—No me voy a interponer —susurra, con voz que quema—. Porque sé que, cuando ella te deje, volverás a mí.
Me giro apenas, atrapado entre la tentación y la razón.
Su proximidad, su voz, el recuerdo de todo lo que compartimos… me desestabiliza.
—Irina… —murmuro, entre dientes, respirando rápido—. Esto… no está bien.
Ella sonríe, arrogante, como si disfrutara cada segundo de mi incomodidad.
—Lo sé —dice—. Por eso lo hago.
El ascensor llega al piso 39. La puerta se abre.
Irina sale con fastidio, dejándome la marca en el cuello y el recuerdo de que siempre será una amenaza que puedo sentir, pero que no puedo tocar.
Entra Jason inmediatamente. Me mira y frunce el ceño.
—Ella es tu droga, Noah —dice—. Tienes que parar.
—Mi compromiso está en todos los portales de noticias —respondo, todavía sintiendo el beso—. La presentación es hoy. ¿Por qué me saboteo así?
—Porque ella te enreda —dice Jason, señalando el cuello—. Mira esa marca. Esto no es casual.
Suspirando, ajusto la corbata. Camino hacia mi oficina.
No es solo un ascensor. No es solo un beso. Es Irina recordándome que siempre tiene un poder sobre mí, que no desaparece aunque quiera ignorarlo.
Entro en mi oficina. Jason me sigue, serio, evaluando cada movimiento.
—No tendrás problemas con Luna, ¿verdad? —pregunta.
—Siempre tengo problemas con Luna —respondo—. Ayer fue un caos. Se desmayó, la fui a buscar al hospital, se enojó, la llevé a su casa y se enojó de nuevo… y Mateo Ruiz me reventó la nariz en el proceso.
Jason suelta una carcajada.
—Jajajaja, te ves ridículamente alterado… todo por ella.
—Lo peor —continúo—. Me hace firmar una regla de no contacto físico… y luego me planta un beso frente a todos nuestros familiares.
—¿Qué? ¿Ya se besaron? —Jason arquea una ceja.
—Se lo devolví —digo, seguro—. No se lo esperaba.
—No te estás involucrando demasiado? —pregunta, divertido.
—Que va —respondo—. Estrategia. Nos llevamos fatal.
—Bueno —dice Jason—. Se llevarán peor cuando vea ese chupetón en tu cuello.
—¿Qué? ¿Cuál? —me miro en el espejo del despacho. La marca. Ay no… mierda… Irina.
Jason suspira.
—Te dije que era tu droga. Y ahora todos van a verla. Tu compromiso, tu imagen, tu evento… ¿vas a dejar que una mujer te arruine el día de esta manera?
Respiro hondo y asiento.
—No… no puedo. No voy a arruinarlo.
#2400 en Novela romántica
#816 en Chick lit
romance celos, ceo dominante, ceo dominante millonario drama intriga
Editado: 29.01.2026