Te compró tú amor

23.

Capítulo 23 –

POV Noah
Estoy en la habitación que se me asignó, ajustando la corbata frente al espejo, intentando ignorar la marca en el cuello y los moretones en la cara. Me siento como si hubiera peleado con un oso… o con Drácula.
—Se nota mucho? —pregunto, con la voz tensa.
—Como un faro en medio de la noche —responde Jason, serio, y me lanza una mirada que mezcla diversión y preocupación.
—Mierda, mierda, mierda —golpeo la mesa, frustrado.
—Sí… mierda —replica él, con esa sonrisa irónica que no me ayuda.
—¿Qué voy a hacer, tío? —suspiro, desesperado.
—Ponte una bufanda —dice él.
—¿Una bufanda? Sería ridículo en la gala —protesto.
—Necesitas maquillaje, alguien que te ayude —insiste Jason.
—No voy a decirle a Luna, estás loco —digo, frunciendo el ceño.
—No hablo de Luna —aclara Jason—. Hablo de la única que puede ayudarte.
—¿Irina? —arqueo la ceja, incrédulo.
—Estás tarado —dice Jason, divertido pero serio.
—Estoy nervioso —admito, frotándome el cuello.
—Tu madre —dice Jason, casi con suavidad.
—Es verdad —suspiro, sacando el teléfono y marcando rápido.
“Omma… tienes que venir”.
—¿Qué hiciste? —pregunta ella, firme.
—Solo ven.
—¿Es urgente? —su voz corta.
—Sí.
—Voy ya —responde, y cuelga.
—Ya viene —digo a Jason.
—¿Cuánto queda?
—25 minutos. Ojalá sea suficiente.

****

Pov Luna El lugar del evento es deslumbrante. Candelabros de cristal cuelgan del techo, reflejando la luz en destellos que hacen brillar hasta el más mínimo detalle. Las mesas están alineadas con precisión casi obsesiva, manteles de seda color crema y vajilla dorada que refleja la luz como si fueran joyas. El aroma a flores frescas y velas perfumadas llena el aire. Me siento pequeña, sobrepasada por tanta perfección, consciente de que esta noche no es solo una gala: es mi presentación como prometida de Noah.Seol me toma del brazo, firme, decisiva:—Noah me necesita —dice, sin apartar la vista del vestíbulo—. Tiene un problema.—¿Qué hizo ahora? —pregunto, con el corazón acelerado.—No lo sé, pero parece grave. Quédate aquí —responde, segura.—Te acompaño —insisto, pero ella me detiene—. No debería verte aún.—Esto no es real —susurro—. Honestamente, no me importa si me ve o no.Seol mira el reloj, aprieta los labios y me da un ligero empujón:—No tengo tiempo para discutir contigo. Vamos.Caminamos juntas por el vestíbulo, cada paso resonando contra el mármol. Siento la presión de la noche, la necesidad de estar impecable, y el miedo de no estar a la altura de todo lo que esperan de mí.Seol toca la puerta:—Jason, abre emergencia —ordena.La puerta se abre y ahí está Jason. Sus ojos se abren de inmediato, y puedo sentir la sorpresa, la incredulidad y la admiración mezcladas en una sola mirada. Me estudia de pies a cabeza, como si estuviera viendo algo que jamás pensó que existiera. No hay palabras al principio, solo ese silencio cargado de impacto.—Joder, tío… Luna, tú estás… —dice, con la voz entrecortada, sin poder terminar la frase.Noah todavía no me ve. La puerta se cierra tras Seol, dejándonos a Jason y a mí solos por un momento.—Preciosa… muy preciosa —susurra, finalmente, como quien está procesando que su mejor amigo, idiota y testarudo, se acaba de ganar la lotería—.—No es para tanto —susurro, con un hilo de vergüenza y miedo.—No, claro que sí —insiste—. ¿Ya te viste en un espejo?—No… —admito, insegura.Jason da un paso hacia mí, con esa mezcla de autoridad y ternura que solo él tiene, y me toma del brazo, guiándome hacia un espejo.—Mírate —dice, serio—. Realmente preciosa.Y entonces lo veo. Mi reflejo: el vestido largo color marfil abraza mi cintura y cae en pliegues perfectos, el escote es discreto y elegante, el cabello recogido deja caer mechones suaves que enmarcan mi rostro, y el maquillaje resalta mis ojos como nunca antes. Cada detalle está pensado, perfecto… y yo, aun sintiéndome un fraude, no puedo negar que la imagen es impactante.Jason me mira otra vez, y esta vez puedo leerlo claramente: la admiración mezclada con incredulidad. Es la mirada de alguien que reconoce que su amigo idiota ha hecho algo imposible… y que, de alguna manera, ha ganado el premio mayor.—No soy yo… —susurro, insegura, con un hilo de miedo—. Es una farsa.—Eres tú —corrige Jason, firme, con esa certeza que me hace querer creerle—. Eres un diamante de verdad, Luna Morales. Créetelo.

****

POV Seol Hye-Jin Ha

Esto es una estupidez.
Eso es lo primero que pienso al ver a mi hijo frente al espejo, inmóvil, rígido, con la mandíbula apretada y la camisa cerrada hasta el último botón como si eso pudiera ocultar algo más que una marca en la piel.
—¿Por qué no maduras? —le digo, sin bajar la voz—. ¿Sabes lo que pasará si la abuela lo ve?
Noah se gira apenas.

—No lo verá, por eso estás aquí para ayudarme.

— Ella tiene que saberlo.
—¿¡LA ABUELA!?
—No —respondo, exasperada—. Luna.
Su expresión cambia de inmediato.
—Omma… por favor, no.
—Cállate —ordeno—. Tú no decides nada hoy.
Me dirijo a la puerta sin esperar respuesta. La abro.
Y ahí está.
Luna está de pie frente a Jason. No están demasiado cerca… pero tampoco lejos. Él inclina la cabeza con cuidado mientras le coloca un collar que se le ha deslizado por el escote. Sus dedos apenas rozan su piel. Demasiado atentos. Demasiado conscientes.
Respiro hondo.
—Siento interrumpir —digo—, pero tenemos un problema.
Luna levanta la vista. Su expresión es serena. Demasiado.
—No interrumpes nada —responde.
Miente bien. Pero tiembla por dentro. Lo sé.
Jason se aparta de inmediato. Me mira. Avergonzado. Defensivo.
—¿Qué pasó? —pregunta Luna.
—Entra —le digo.
Jason da un paso para seguirla.
lo detengo—. Ella puede ser fascinante… pero no es tuya.
Jason se endereza.
—No la miré así.
—Claro que lo hiciste —replico.
Hace una pausa.
—Solo mantén distancia. De ella.
Jason asiente. No discute. Sabe cuándo perdió.
Cierro la puerta.




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