Te daré mi alma

Capítulo I

— Capítulo I —

 

1 de Junio de 1979

 

Tyler

 

Su casa es el único lugar en donde me he sentido seguro. Y pensar que entre cuatro paredes no he llegado a sentirme solo, porque sé que cada vez él vendrá a mí. Él siempre regresará. Puede que lo espere con ansias a la hora de almuerzo o en la cena, pero no dejo que él note mi entusiasmo. Es ahí cuando viene la pregunta que nos incomoda:

—¿Sigue mi padre ahí?

Estamos en el almuerzo cuando se lo pregunto, no se lo he preguntado en toda la semana que llevo aquí, tratando de evitar que el tema salga a la luz, pero ya es hora de enfrentar la realidad. No voy a estar escondido para toda la vida.

Cameron alza la mirada y nuestros ojos se encuentran. Él sonríe despacio, toma un sorbo de su refresco y puedo ver como se prepara para contestarme. Sé que él ha visto a mi padre ir a mi escuela todos los días, se le escapó decirlo ayer, y supongo que en cada ocasión es para preguntar si me han visto. Y como Cameron trabaja ahí, es más que obvio que lo ha visto y es más que obvio que él ha hecho lo posible para que los dos no se encuentren.

—Sí —responde, tratando de no darle importancia—. Está como loco.

Me siento mal por un momento, pero no por mi padre, si no por quienes lo ven en ese estado. No es el mejor hablando con la gente y dudo mucho que intente expresarse con tranquilidad.

Seguro estará gritando: “Viejos malditos, ¿cómo dejan que un niño se escape así?” “Deben irse al diablo todos. ¡Enseñando ideas idiotas a nuestros hijos”!

Sí, creo que el director debe llamar de una vez a la policía. Quien es chiflado por naturaleza, ni siquiera la muerte lo quiere llevar.

—Bueno, se están tardando en llamar a la policía —digo, jugando con el tenedor entre mis dedos—. No se va a cansar.

—Lo han hecho, pero creo que él conoce a la comisaría completa.

—Claro, ha pasado más tiempo en una carceleta que conmigo.

No puedo evitar decir eso con amargura, espero que no se note, pero Cameron lo nota y me toma de la mano. Él sonríe y yo también lo hago. Su rostro es perfilado y el cabello negro le llega hasta la mandíbula. Se sigue viendo igual de bien que el primer día de clases, pero en esta ocasión, tiene ojeras oscuras y el tono de piel es un poco grisáceo. Ayer lo vi fumar de nuevo, lo cual no es buena señal, empiezo a creer que está preocupado por algo más que solo por mí invadiendo su casa.

Él lee mi expresión y se apresura a decir:

—No te preocupes, todo estará bien.

El típico “todo estará bien”, lo que dice todo el mundo cuando nada está bien. Me he escapado de mi casa, hasta ahora no me recupero de los golpes en mis costillas, Cameron puede perder su trabajo y yo estoy sobrando en las vidas de todos. Bueno, al menos estamos gozando de una buena hamburguesa. Sonrío para no llorar delante de él.

—Nada está bien, Cam. Lo mejor será que me vaya.

Él suelta mi mano y se lleva la mano al cabello, despeinándose un poco.

—No es no, Tyler. ¿Quién sabe qué te hará el psicópata de tu padre?

—Lo peor que puede pasar es que me prohíba ver mi Bella genio… «Eso es de chicas, imbécil» —imito la voz gruesa de mi padre—. Luego culpará a mi mamá por eso, después se la pasará insultándote por dos horas seguidas y por último me dirá que soy un desviado sexual, por quién sabe cuánto…

—Tyler —Cameron llama mi atención—. No te irás, estamos bien, solo hay que esperar hasta que él se calme.

Ruedo los ojos. Eso jamás pasará.

—Dale una cerveza y tal vez puedan negociar. Además, me sorprende que hasta ahora no te haya visto, quiero decir, él no es de los que se quedan con los brazos cruzado esperando que yo aparezca de la nada. Y no es tan inteligente, porque tu casa sería el primer lugar donde buscaría.

Cameron frunce el ceño.

—Tienes razón —admite, relajando su expresión—. Debo tener más cuidado.

—Y… ¿puedo saber qué más te preocupa?

Deja su comida a un lado. Por lo visto, tampoco tiene ganas de comer, ya van tres días que no quiere probar bocado.

—Tal vez le dije a mi papá que venga hoy —confiesa.

No puedo ocultar mi incomodidad, ¿él hizo eso? No creí que fuera capaz de decirle a su papá que me escondo en su casa.

—Genial, hace tiempo que no lo ves —digo, tratando de relajar un poco la incomodidad.

Cameron no ve a su papá desde hace más de un mes, porque discutieron por mi culpa y se fue con su madre al campo, a las afueras de la ciudad. Debo ver el lado positivo, posiblemente esté más tranquilo y no quiera ahorcarme cuando me vea, porque me salvé la última vez que lo vimos. Y aunque me mienta, es claro que Cameron lo extraña mucho, y la consciencia tampoco me deja dormir, pensando que ellos dos discutieron por causa mía.

—Tal vez nos ayude —sigue diciendo en un hilo de voz—. Dijo que podría sacarnos de la ciudad con un amigo suyo, ya que tu padre conoce muy a los policías, creemos que podría ser necesario que nadie supiera que nos hemos ido.




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