El dolor de un corazón roto
—¿Y esa sonrisa? —pregunta mamá al verme abrir la refrigeradora.
—¿No podré estar feliz por el simple hecho de que la vida sea la mejor del mundo, rara y muy hermosa de una manera peculiar? —me río sacando un jugo —¿Qué? ¿Por qué me mira así?
—Porque estos días has estado actuando como una de esas tarjetas de San Valentín que tienen escrito “te amo” por todos lados.
—O tal vez actúa como una loca enamorada que tiene de por fin de novio a su crush —dice Hailey entrando en la cocina —Hola mamá, ¿sabías que tu hija tiene novio y se llama Cooper?
—¡¿Qué?!
—¡Hailey! —grito sonrojada —¡No lo divulgues!
—¿Y quién me va a oír? Si todos ya lo saben —mira a mamá que sigue en shock —Bueno, todos menos mamá al parecer.
Asiento, tiene un buen punto.
—Por cierto, que linda —me da una sonrisa —te le declaraste.
—¿Abigail? —indaga mamá.
—Sí —me sonrojo —Lo hice.
—No te pregunto eso, extrañamente me lo esperaba —se ríe como si tuviera un chiste personal —Quiero que me digas ¿es verdad lo que dice tu hermana?
—Sí.
—¿Y?
—¿Y qué? —le pregunto sin entender, ganándome una mala mirada de su parte.
—¿Cómo que “y qué? Necesito saber, ¿cuándo me presentarás a tu novio?
—Ya lo conoces.
—Como Cooper, el hijo de una de mis antiguas compañeras, no como Cooper, el novio de mi hija.
La miro sin poder creerlo ¿Esto era enserio?
—Mamá solo quiere tomar el puesto de mamá gallina y asustar un poco al zorro que se quiere robar a uno de sus pollitos —se burla Hailey —¿A qué he revelado tus sucios planes, mami?
—Oh, Hailey. Me has expuesto.
—Lo sé —se ríe —Pero apoyo a mamá, creo que sería bueno que lo trajeras.
—Tú lo que quieres es divertirte a mi costa.
Su respuesta es reírse sin negarlo para luego mirar a mamá.
—Ma, ¿qué te parece si lo trae para navidad? Ahí sabemos si merece un calcetín o una bolsa de carbón.
Niego con la cabeza cuando veo que mi madre parece estar pensándolo. Y siento que me desmayaré cuando asiente.
—Es una buena idea —me mira y señala —Dile a Cooper que está invitado a la cena de navidad.
—Pero...
—Nada de peros, quiero conocer al novio que tiene a mi hija con una sonrisa de boba en la cara.
—¡Pero si ya lo conoces!
—No, no lo hago, es más, ¿cómo dices que se llama?
—¡Mamá! —me quejo.
—¡Mamá, nada! ¡Lo traes, porque lo traes! —grita saliendo de la cocina para bajar a Ben a comer.
—¡Algún día me las pagarás, Hailey! —mascullo mirándole con los ojos entrecerrados.
—Eso quisieras —me da una sonrisa burlona mientras se cruza de brazos —no tienes nada en mi contra, soy muy inocente.
—Ni tanto —le doy una sonrisa —Te suena M de me caigo, me tropiezo, me gusta, me enamoro.
Frunce el ceño y se acerca.
—¿Qué quieres decir con eso? ¿Te tomaste mal tu medicación?
—Ya sabes —me río —A ti te gusta mucho la letras M, en especial si después le sigue una A de “amo”, luego una N de “no hay nadie más”, una S de “solo pienso en él”, una O de “ojalá me toque bailar de nuevo con él” y por último una N de “ninguno es como él”. Ya sabes —le sonrío —que unido forma: Man...
—¡Eso es una falacia! —me corta gritando y poniendo las manos sobre la mesa —¡Ni siquiera somos amigos! ¡Así que por el bien de tu oso dejarás de decir esas tonterías! ¿O quieres conocer una funeraria de felpudos destripados?
—¡Ni se te ocurra hacerle algo a Cleo! —grito y le señalo —Le tocas uno de sus suaves cabellos y le digo a mamá sobre lo mucho que te gusta el agua de manantial.
—Tu osa tiene pelos por todo el cuerpo, es imposible no tocarlos. Además, te repito que él no me gusta, pero menos me gusta que se creen falsos rumores sobre mí, así que solo por eso, aceptaré lo que dices, y porque mamá se pondría intensa para una reconciliación...así que tú y yo tumbas ¿estás de acuerdo?
Su pregunta incluye una mano extendida y la tomo con resignación.
—Eso es mejor que encontrarme con un oso decapitado, tenemos un trato asesina de osos.
—¿Por qué hacen un trato? —pregunta mamá entrando con Ben en los brazos —No entiendo.
—Por nada mamá, Hailey me estaba contando de lo mucho que ama el agua de manantial.
—Y Abigail sobre lo linda que se ve Cleo completa.
Ambas nos vemos para luego empezar a reír de manera forzada. ¡Ojalá no se le ocurra tocar a mi osa porque si no la saco del registro familiar! Mientras, mamá nos da una mirada extraña y se sienta en la mesa con Ben sobre sus piernas.
—A veces siento que se hablan en códigos extraños —se queja.
—Y yo siento que de manera indirecta nos dices que somos extrañas —dice Hailey.
—Bueno —se ríe —eso no lo puedo negar.
Sonrío antes de tomar a Ben y empezar a alimentarlo. Todos nos reímos cuando nos dice sobre un cuento que mamá le leyó hace unos días. Como es extraño que suela ser tan parlanchín le ponemos el doble de atención, y estoy fascinada del avance que ha tenido con la terapia del lenguaje, casi nos cuenta todo el libro sin trabarse ni recurrir a solo sonidos.
Finalmente parece verse algo cansado, así que beso su mano cuando se frota el ojo en señal de sueño, Hailey me pide llevarlo a dormir y se lo entrego. Ya en sus brazos él bosteza y ella se ríe tirando de su mejilla haciéndolo enojar y que le regañe todo el camino hacia la habitación.
Después de recoger la mesa y lavar los platos subo a mi habitación, sin embargo, cuando paso por la de Hailey la veo sentada en el sofá junto a la ventana. Quiero asustarla, al menos hasta que noto que su teléfono suena y ella cuelga la llamada sin ver quién es, sin embargo, la escucho murmurar:
—No te odio, no puedo odiarte, pero me duele oírte. Y me cabrea no poder gritarte porque no eres un idiota. En realidad, la idiota soy yo —suelta una risa seca —No me diste alas, no me diste ilusiones, solo caí como boba porque ¿quién no se enamoraría de un chico sonriente y divertido como tú?