Te enamoraré (versión nueva)

Capítulo 48 "Fanesca de emociones (parte 1)" (Editado)

Fanesca de emociones (parte 1)

—¿Qué acabas de decir?

Parece que mi tono bajo le da más seguridad porque sonríe y vuelve a repetir:

—Te enamoraré, hermosa Abi.

Suelto una risa y aprovecho que está desconcertado para empujarlo y tomar distancia.

—No sé de quién escuchaste esas palabras, pero, si crees que fue Cooper y acabas de imitar su declaración…es un gran error. ¡Mal plagiador! ¡Yo soy la que tiene los derechos de autor!

—¿Tú? —parece desconcertado y buscar a alguien en la multitud.

Sigo su mirada y veo que Verónica está en el suelo sin prestarnos atención y menos cuando llega Darwin y empieza a discutir con Gregory. Frunzo el ceño. ¿Fue Verónica? Pero ella…Alan dijo que…

» Supongo que me equivoqué —se encoge de hombros —pero fue más refrescante qué alguien diga lo que siente por ti sin miedo, ¿verdad? El no expresar tus sentimientos es de alguien cobarde y más si eres un hombre.

—Eres demasiado hablador para alguien que no sabe nada de nosotros y menos de nuestra situación —mascullo empezando a temblar de la rabia cuando siento una mano tomar la mía. Cooper me mira tan tranquilo que mis ojos se llenan de lágrimas —Si alguien es cobarde aquí, solo soy…

—Tienes razón —me interrumpe Alan colocándome detrás de él —fui un cobarde al no expresarle mi afecto a Martins y crear una apuesta para acercarme a ella.

—¿Qué? ¿Fue él quien creo la apuesta?

—¡Creí que había sido Martins!

—¡Yo también!

—¡Suena tan romántico!

Sebastián suelta un bufido y sonríe de forma irónica.

—¿Romántico? ¿Jugar con los sentimientos de alguien es romántico? ¿Qué hubiera pasado con la otra parte si no resultaba? ¿Si quiera pensaste en las consecuencias de tus actos? ¿Cómo puedes ser tan egoísta cómo para pedirle al otro que participe en algo que solo te beneficiaría a ti?

Cada palabra es un puñal en mi corazón, porque es verdad, pese a que le pregunté y el aceptó, la imagen que tenían de Alan era inestable, si algo resultaba mal… ¿cómo podría evitar que él se viera afectado?

Fue egoísta.

Y aún así… ¿me atrevo a decir que lo hice porque lo amo? Decir que él lo sabía, ¿no es una forma de lavarme las manos?

—La otra parte podía negarse si lo deseaba, pero no lo hizo —dice Cooper —Sea por curiosidad, ilusiones o sentimientos, si la persona aceptó deja de ser culpa de quién preguntó, porque la decisión final cayó en sus manos. Pero incluso así, si tu intención es solo para atribuir culpables cuando hay un mal desenlace y corazones rotos, te recuerdo que todos solo somos responsables de nuestros actos, no de los otros. Y en nuestro caso… —mira nuestros dedos entrelazados y sonríe antes de besarme el dorso de la mano —podrías alegrarte por nosotros, porque no me imagino un mejor final que este.

—Pero…inicio como una apuesta…

—Una entre ella y yo, no una que desconocíamos y que nos lastimaría al final —se encoge de hombros —Pero supongo que debo agradecerte por este show.

Sebastián frunce el ceño.

—¿A mí? ¿Por qué?

—Porque así puedo aclarar las cosas —me mira y sonríe levemente mientras sus pómulos toman color —Felicidades, Martins, perdí.

—¿Perdió?

—¿Qué quiere decir con eso?

Y mientras muchos empiezan a murmurar, mi procesador solo alcanza para tartamudear un “¿Tú…? Antes de sentir como me rodea con sus brazos y me susurra en el oído:

—Me enamoré, Martins, te amo.

Mi sistema explota y cuando se desapega puedo notar que su rostro está igual o peor que él mío en colorimetría, sonrío tontamente y ahora soy yo la que se lanza a sus brazos y lo abraza.

—También te amo —le susurro y me desapego para hacer una seña con mis dos dedos y sonreír —¡Te gané! ¡Dije que te ganaría ¿no?! —río levemente —¿Qué se siente perder contra esta Martins? ¿Eh, Cooper? ¿A qué sabe la derrota?

Un beso rápido me es robado, y el culpable del delito solo sabe decir:

—Dulce.

Haciendo que no solo yo me sonroje sino también nuestra audiencia. ¡Maldito! ¡Maldita célula gigante! Solo puedo maldecirlo mientras me tapo el rostro y lo siento abrazarme riéndose.

—Niña tonta.

Idiota.

Mi novio es un idiota.

***

—Joder, a ver si entendí, ¿ya no saldrás en el baile con Sebastián?

—Ajá.

—¿Por qué? ¡Joder, ¿qué tanto me perdí?!

Me río por su dramatismo y después de ponerle en contexto y de que casi se le salieran los ojos cuando escuchó lo que dijo Sebastián y Cooper, su respuesta es:

—Joder, debí estar ahí.

Me río de nuevo y más cuando escucho como se queja porque Pamela le ha picado en el abdomen.

—Deberías ser menos chismosa.

—¡Lo dices porque tu lo viste en primera persona! ¡Ah, es tan malditamente injusto!

—Es cierto, pero tú también debías estar ahí, ¿dónde estabas? —le pregunta Pamela frunciendo el ceño —Era un repaso obligatorio.

—¿Me creerías si te digo que estaba haciendo mi primer y último acto de buena voluntad?

—No —ni siquiera lo duda.

—Mierda, lo intenté —se encoge de hombros —En realidad estaba descargando música en la biblioteca.

—¿Por qué?

—Porque Darwin instaló un programa en la computadora ocho que me permite ingresar a internet y descargar la música que quiero sin preocuparme por los virus. Además, suenan en buena calidad y no pesa mucho. Miren —saca una memoria pequeña —en esta cosita tengo casi cien canciones de mi banda favorita lista para mi mp3. No iba a dejar pasar esta jodida oportunidad.

—¿Darwin hizo eso por ti? —pregunta Pamela mientras juega con sus dedos.

—¿Por mí? —se ríe y niega —¡Vamos, sé que soy jodidamente linda, pero no soy su tipo!

—¿A sí que fue por alguien más? —intento indagar a lo que la rubia enmarca una ceja y sonríe.

—Nah, solo una vez lo descargó y cuando me quejaba de mi pobre carpeta musical me dijo sobre su programa. ¡No pude esperar más y corrí a ver si jodidamente era verdad! ¡Por suerte lo era!




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