Fiebre Navideña
Navidad, no hay nada como comprar un árbol de navidad tras descubrir que tu perro lo ha asesinado. Y es que, no le tomamos importancia cuando un día vino con una rama. Ah, cuánto nos arrepentimos después de no haberle puesto atención. En especial yo, tal vez así no estaría empujando un trineo lleno de cosas esperando que mi gente se decida después de media hora por el árbol que les había sugerido desde el principio.
Un grito se escucha para que luego le sigan un coro más. Suspiro, seguro así se vio mamá cuando casi se desmaya al entrar al sótano y ver las ramas por todos lados…menos en el árbol. ¡¿Quién fue?! —la pregunta hecha y que a todos nos silenció —¡¿Quién abrió la puerta del sótano y no la cerró?!
Oh, ahí respiré y miré hacia un lado como Hailey daba un paso con expresión culpable. Resulta que sacó algunos materiales del sótano y no cerró la puerta de inmediato, cuando lo hizo no creyó que Golum hubiera entrado.
¡Error! ¡El culpable no asomaba en la escena porque estaba huyendo del crimen!
Así que el resultado de su asesinato terminó con él prisionero y nosotros pagando la condena con trabajos forzados. Madrugar un sábado y competir con señoras por los adornos navideños me ha quitado años de vida.
Sí, la mujer ha sido astuta, porque se ha aprovechado de la situación y de paso está comprando lo que desea. Así que verla colocar más cosas al carrito de nuevo, ya no me sorprende. La resignación y yo hemos hecho las pases, la detesto y ella a mí, pero irónicamente sabemos cómo convivir juntas. En especial cuando toca empujar el carrito, porque sí, ¡nadie se ha ofrecido a llevarlo!
Y debatir ahora no es una opción. Amo a mi madre, pero también me da algo de miedo cuando se enoja…
Por esa razón, suelto un suspiro desde el fondo de mi corazón y empujo el mismísimo trineo de Santa Claus. Ojalá nadie se cruce en mi camino, porque preferiría atropellar un ciudadano que dejar que toda esta cerámica se destruya y endeudarme por años.
Oh, y Ben.
Ese pequeño cuerpo que si le pierdo de vista un segundo, desaparece. Sin embargo, no puedo culparlo, se han lucido tanto en la decoración que si no fuera el reno, estaría junto a él desapareciéndome tratando de entrar en las casas de los elfos.
Al menos hasta que los bombillos se roban su atención. Me ahorro un grito y corro hacia su lado para tomar su mano y decirle que no puede tocar eso. Su respuesta es mirarme y hacer un pequeño puchero al que no sedo y suspira asintiendo empezando a ver otras decoraciones, pero sin tocarlas.
Ver tan pocos adornos y a la gente peleándose por los juguetes me hace pensar en lo cerca que está noche buena y navidad. Pasado mañana ¿eh? ¿Por qué siento que los días pasan tan rápido? Mi infancia me parecía tan larga y ahora…muchas veces siento que el tiempo corre y no logro seguirle el ritmo. Es aterrador, de alguna forma la expectativa no siempre trae sentimientos de felicidad, sino la ansiedad anticipada del fracaso.
Y la pregunta que antes ignoraba, con cada mes que pasa resuena en mi cabeza con más fuerza: ¿Estoy haciendo lo correcto?
¿No me arrepentiré en un futuro?
Ver las hojas de la psicóloga estudiantil con el formato para llenar las carreras y las universidades que aspiramos…me da náuseas.
Pareciera que todo lo que pospuse…poco a poco me pisa los talones.
Y lo que tengo…soy cobarde y no me atrevo a soltarlo, pero tampoco a tenerlo con firmeza.
Suspiro y cierro los ojos tratando de calmar mi corazón. Es un alivio escuchar la risa de Hailey y verle como sonriendo está agarrando el brazo de mamá. Oh, mi mamá también está riéndose ¡eso es un alivio!
—¡Te lo digo enserio mamá! ¡De verdad quiero un muñeco de esos!
—Dios, Hailey, de verdad estoy considerando seriamente tu salud mental.
—¡Pero si te estas riendo!
—¡Es una risa nerviosa!
—¡Una risa es una risa!
—¡Estás loca! ¡Y no te compraré uno de esos!
—¿Qué quiere Hailey? —les pregunto cuando llegan y ponen más cosas en el carrito.
Siento que se me descompone el rostro. Oh, más peso.
—No quiere cómprame un muñeco vudú —dice haciendo una mueca.
Frunzo el ceño.
—¿Para qué quieres un muñeco de esos?
—Solo quiero uno —responde encogiéndose de hombros.
—Por eso le digo que está loca —dice mamá mientras revisa todo el contenido del carrito —Creo que me falta algo.
—¿Algo? —pregunto atónita.
¡¿Qué le podía faltar?! ¡Tenía de todo un poco! ¡A este carro lo único que le podía faltar era el mismísimo papá Noel para después salir volando solo!
—El regalo del amigo secreto de Ben —se aleja para luego regresar —Por cierto, ¿dónde está Ben?
¿Cómo que dónde está Ben?
Abro los ojos y efectivamente pese a que los tengo desorbitados, no logro ver a un enano con mi genética. Oh, dios, ¡acabo de perder a un niño!
—¡Ahí está, mamá! —señala Hailey y tanto yo como mamá volteamos hacían donde señala, pero Hailey se cuelga de nuevo en el brazo de mamá mientras le lleva lejos —¡Pero vámonos rápido por el regalo antes de que ya no quede nada!
Entonces, ¡¿era mentira que lo vio?!
Quiero morirme, porque me sentí aliviada cuando ella dijo eso, no esperaba que fuera para darme tiempo para encontrarlo. Cuando las pierdo de vista empiezo a escanear el lugar mientras empujo el carrito. Me aseguro de ir pasillo por pasillo y murmurando su nombre con el suficiente tono de voz para que me escuche, pero que mamá no.
Entro a la sección de muebles y empiezo a abrirlos por las dudas, aunque por dentro cruzo los dedos porque no sea de esos niños traviesos. Abro un armario con cuidado y más cuando miro el precio, suspiro al no verlo dentro, es una mezcla entre alivio y preocupación.
—¿Buscando Narnia, Martins?
Me sobresalto y volteo golpeándome la frente contra la puerta del armario. Suelto una maldición entre dientes mientras me froto el lugar del dolor.