Súper Claus
Creo…creo que debería practicar en decir “no”.
En especial cuando veo mi reflejo sonrojado con un traje de una elfa navideña. ¡Dios! ¡Quiero morirme! No sé si porque dentro de unos minutos haré el ridículo bailando o si es por el traje. Siento la falta tan corta y la camisa tan apretada que nunca me había avergonzado tanto. ¡Y no, no soy una puritana o una persona que guarde celibato! ¡Sin embargo…!
¡Yo…yo…!
¡…nunca he usado algo más arriba de mi rodilla!
¡Y ahora estoy usando algo con una mano arriba de ella! ¡Y mi pecho! Siempre ha sido normal y ahora con este corsé se ha realzado y se ve tan…
¡Dios, sé que sonará muy egocéntrica, pero por primera vez siento que me veo como un sexy bombón!
Me tapo el rostro de nuevo y me dejo caer al suelo. ¡No, no hay forma de que salga de esta forma! ¡Me muero de vergüenza con solo verme al espejo! ¡Si los demás me vieran…no, si Alan me viera! Mi cara estalla con solo pensarlo y ahogo el grito en mi boca. No puedo, ¡no podría volver a verlo a la cara!
¡Lo siento, Sofía! Haz trabajado tan duro por enseñarme el baile y yo ahora…¡solo estoy pensando en cómo fingir que estoy enferma y no salir en el programa! Aunque de los nervios creo que voy a vomitar y no necesitaré fingir. Agacho la cabeza y siento que cae al frente la punta de la gorra con su pompón. Suspiro.
—No, no podré salir así. No…sí, sí puedo, Sofía…¡Ella va a matarme si se entera! —me quejo entre dientes y sollozando —¡Dios! ¡¿Por qué no se parte la escuela?!
—¿Hablando sola? —suelto un grito extra agudo y volteo para ver a Verónica. Al notarla mi temperatura empieza a aumentar de una forma increíble —Creo que eso es un sí.
—Ve-verónica…
—Hola, Abi, ¿podemos hablar? —pregunta y sonríe inclinando la cabeza —Aunque pienso que sería más cómodo si lo hacemos en los sillones.
—Sí, sí…
Me levanto de inmediato y como robotito me dirijo a un sofá para sentarme. Ella lo hace al frente y pone las manos sobre sus piernas. Alzo la cabeza para preguntar, pero mi rostro explota de nuevo cuando la veo mirándome.
» En-entonces, ¿para qué me buscabas?
Mi voz es un hilito que amenaza con romperse.
—Oh —sonríe —Es algo pequeño, pero quería pedirte un favor.
—¿Un favor? ¿Qué favor? —pregunto con miedo, y es que me es inevitable, la última vez que hice un favor terminé atrapada en la biblioteca por una cerradura rota.
—Quiero usar una máscara cuando cante en el programa, ¿crees que pueda hacerlo? Y si no es mucha molestia…también ¿puedes decir que soy una estudiante extranjera? Si es mucho, entenderé tu negativa.
Parpadeo confundida. Y es que la Verónica que yo conozco jamás se taparía la cara, al tener una bonita voz seguro cantaría con seguridad ante todos. Al menos en los repasos no se ha mostrado tímida, tal vez algo incómoda por mi presencia y halagos balbuceados, pero luego que pasamos esa fase ha sido increíble.
—Bueno, hay mascaras que no intervienen con la parte baja del rostro o si usas una grande creo que bastaría con que no interfiera con tu voz —le respondo —Así que si te sientes más cómoda usando una máscara está bien. Y respecto a lo segundo no habría problema alguno, pero…¿estás segura de hacer eso?
Busco sus ojos y ella desvía los suyos a sus manos y asentir. Quiero suspirar de decepción porque amaría que el resto conociera ese lado bonito de ella, pero no puedo forzarla.
» Entiendo, entonces haremos eso.
—¿Enserio? —asiento y veo una sonrisa borrosa antes de que sentir sus brazos rodearme —¡Gracias! ¡Muchas gracias, Abigail!
De forma torpe le doy palmaditas en la espalda y se desapega con la misma rapidez con la que se acercó y sale del camerino. Al menos eso creo, cuando escucho como la puerta de nuevo se abre y ella me dice sonriendo:
—Por cierto, Abigail, ¡te ves preciosa con esa ropa! ¡No tengas vergüenza y sal en el programa! —mira afuera y luego a mí para susurrar —Además, seguro que a Cooper también le va a encantar.
La puerta es cerrada con sus carcajadas pícaras y yo solo puedo taparme el rostro que me ha explotado por tercera vez. ¡Bowen! ¡Tú…sin duda debías ser amiga de Sanders! La puerta de nuevo es abierta y estoy por arrojarle una blusa cuando noto que es el objeto por el que más sufría y entro en pánico.
¡A-alan!
—¡Cúbrete los ojos, cúbretelos!
Creo que se merece una estrella por hacer lo que le digo rápido y sin dudarlo. Aprovecho para cubrirme con la blusa que tengo a la mano y la aprieto a mi cuerpo.
—¡Lo hice, lo hice! ¡¿Salgo?! —pregunta apegándose torpemente a la puerta —¡Me daré la vuelta y saldré!
—¡No! ¡No! ¡Espera! —mascullo apretando las manos —Estoy vestida, solo…solo que es raro, ¿de acuerdo?
—Ah.
—¿Estás aliviado?
—Sí —afirma arrimándose a la pared aun con las manos sobre sus ojos.
—¿Por qué?
—No lo entenderías.
Mi rostro se enciende y le arrojo la blusa por impulso.
—¡Pervertido!
—¡No he dicho nada!
—¡Pero seguro lo pensaste!
—¡No he pensado en nada!
—¡Mentiroso!
Se ríe y niega la cabeza.
—Como sea, solo dime, ¿me quedo o salgo? ¿Sigo cubriendo mis ojos o no?
Me lo pienso, y al final suspiro tomando una decisión.
—Ábrelos.
Lo hace y cuando me mira siento que vuelvo a sonrojarme. Sonríe acercándose y me estremezco cuando sus dedos fríos tocan mi mejilla.
—Te ves bonita, Martins.
—¿No me veo extraña?
—¿Te sientes extraña?
—Sí, un poco. Es incómodo de alguna forma.
Sonríe y niega.
—No te ves extraña, pero si no te agrada creo que podríamos decirles a las chicas.
—No, ninguna se ha quejado al respecto, solo soy yo…y no quisiera incomodarlas.
—Niña tonta, estoy seguro que ellas lo entenderían.
—No lo sé, solo dame unos minutos para acostumbrarme, es que…¡nunca he usado algo tan descotado en mi vida! —me quejo cubriéndome los pechos con las manos —Y la falda…siento mucho aire abajo.