La navidad es el 25 (parte 1)
Las mejores cosas siempre llegan tarde...
¡Pero eso no significa que puedan derribar mi casa! Me despierto sobresaltada por el sonido de la puerta siendo golpeada como si fuera un tambor y algo tonteada bajo las gradas para abrirla. Lo hago y cuando estoy parpadeando para enfocar, soy asfixiada por un abrazo. Me despierto de golpe al sentir mis pulmones vaciarse y más pálida no puedo estar cuando noto a ambas mujeres.
Oh, ya llegaron.
Y al verlas vestidas de elfos solo puedo decir una cosa: ¡Parece que de verdad ha llegado la navidad, ¿eh?!
—¡Mi Abi! ¡Oh, Abi! ¡Mi pequeña Abi! —exclama tía Elsa mientras me sacude entre sus brazos y besa de forma estruendosa mi cabeza —¡Mira que grande te has vuelto! ¡¿Creciste casi tres centímetros?!
Voy a responder —y respirar —cuando soy víctima de otro abrazo, uno menos enérgico, pero igual de amoroso. Aunque agradezco no ser sacudida, mi estómago se hunde cuando mis pies no tocan el suelo. Oh, ¿cómo es que estos gigantes son mi familia? ¡Exijo un reembolso por mi escasa estatura!
—Sí, parece que ha crecido un poco —murmura tía Milena y al ver mi rostro sonríe y asiente —Gusto en verte, querida.
Asiento, ya que es lo único que puedo hacer luego de que mi cerebro haya sido batido y cuando me deja en el suelo respiro tomándome el tiempo para identificar que todo mi cuerpo siga unido.
Pero estar en ese modo no evita que vea como tía Elsa entra y se coloca en el pie de las escaleras, toma aire y…
—¡Buenos días familia! —grita estirando lo más posible la “e” de “Buenos”
—¡Feliz Navidad! —agrega tía Milena.
Cierro la puerta y veo como bajan en fila india todos frotándose los ojos con sueño. En el mismo orden que bajan empiezan a saludar a mis tías, pero no veo a Cooper ni a Caleb y decido subir las gradas. Pienso en miles de formas en las que podría golpear a Caleb donde haya sido un idiota, más idiota que ayer con Cooper, cuando me lo encuentro en el pasillo.
—¿Y Alan? —le pregunto.
—Buenos días.
Aprieto los dientes y me volteo para pasar a su lado cuando toma mi brazo deteniéndome. Me volteo como si quemara y me alejo. Parece algo molesto por eso, pero no dice nada al respecto, en su lugar se aclara la garganta y murmura:
—Lamento lo de anoche.
Enmarco una ceja sin gracia al recordar sus estúpidos comentarios durante la cena y se me sube la bilis del enojo cuando se suma lo que también dijo antes de abrir los regalos.
—¿Te refieres a la guerra infantil que querías provocar entre nosotros?
—Sí, lo siento.
¡¿Lo siento?! ¡Lo siento mi #%&$!
Suspiro. Tranquila, Abigail, tranquila. ¡El asesinato es ilegal! ¡Y golpearlo sería maltrato animal!
—No es a mí a quien debes pedir disculpas, no fuiste idiota conmigo, sino con Alan.
—Ayer le pedí disculpas a él también.
Alzo las cejas sorprendida.
—¿De verdad?
Su cara se arruga.
—Nunca te he mentido.
Asiento, es verdad, es un idiota, pero nunca me ha dicho mentiras.
—¿Y qué te dijo?
—No puedo decirte.
—¿Por qué?
Su ceño se frunce.
—Es tu novio, pregúntale tu misma.
—Está bien —me resigno y miro tras su espalda —¿Él sigue adentro?
—Sí, está dormido —me mira y parece curioso —Él no sabe nada de la tradición que tienen tus tías, ¿verdad?
—No —me río y sonrío de manera maliciosa —Pero pronto lo sabrá.
—Pobre de él —murmura bajando las gradas.
Suelto una risa y abro la puerta despacio, saco la cabeza y de puntillas me dirijo hacia la cama que está en el suelo. Ayer nos repartimos las habitaciones, así que yo dormí con Hailey y Ben, los minios verdes y Tere en el cuarto de Hailey, y en el cuarto de Ben, Caleb y Cooper. Casi me quedaba sin uñas luego de como terminaron las cosas entre ellos durante la entrega de regalos.
Bueno, pareciera que perdí mis uñas por nada.
Ahí está.
Con un brazo abrazando la almohada, su cabello desordenado y la cobija arremolinada en su cintura. Me arrodillo cerca de él y sonrío por su expresión al estar dormido. Rara vez veo esto, la mayoría de veces soy yo la que se duerme en la biblioteca, pero verlo en este estado tan vulnerable…de alguna forma es adorable.
Ahora, tengo dos opciones para este bello durmiente.
La primera es sacudirlo, la segunda es besarlo y la última...
Nah, me gusta la última.
Sonrío maliciosamente y sin que se lo espere estrello la almohada contra su hermoso rostro. Lo veo sobresaltarse e incorporarse desconcertado.
—¡Buenos días bello durmiente! —exclamo con una sonrisa.
—¿No había un mejor modo de despertarme? —se queja hundiendo la cabeza en la almohada.
—Sí, pero este era el que más me gustaba.
—Debí imaginármelo.
—¡Vamos, levántate! Hay dos sorpresas más de navidad.
Literal, hay dos elfos de navidad en la casa.
—Ah, ¿me dirás que tenía ese regalo? —pregunta abriendo un ojito.
Ante el recuerdo de ayer en la noche me quedo en blanco. Recibí varios regalos, uno de ellos fue el de Katy, me lo dio cuando salimos del programa y como no dijo nada extraño, creí que era algo normal ¡Fue mi error esperar algo normal de Katy! Así, inocentemente lo dejé bajo el árbol y cuando fue media noche y era hora de abrir los regalos, me topé con su “grandioso” regalo.
Después de abrir el regalo de Cooper y sonreír bobamente con las mejillas sonrojadas, me volví multicolor antes de sentir que la sangre se me iba del cuerpo. Por fuera era un regalo normal, pero por dentro…¡eso era todo, menos normal!
Y es que, cubierto de papelitos decorativos había un conjunto de ropa interior, ¡pero no cualquiera! ¡Ojalá hubiera sido un calzón de abuela! ¡Eso ni siquiera se podría decir que era tela!
¡Y la nota! ¡Sí, la sinvergüenza incluso había escrito una jodida nota! —me confirmaba que no era una ropa interior cualquiera.