Feliz día de los inocentes
—Estoy mareada —murmuro haciendo que se ría —¡No te rías!
—Te dije que ibas a marearte, pero no me escuchaste.
—Fue tu idea de subirnos al barco pirata.
—Una vez, no tres veces —ruedo los ojos —¿Cómo le llamaste? ¿El BD nisecuanto?
Río.
—BDLÑ —le corrijo —Barco-de-la-niña. Ya sabes, como uno de los barcos de los españoles cuando conquistaron América.
—La niña, la pinta y la Santa María, ¿verdad?
—Soy buena en lógico-matemáticas, no en historia, así que espero que sí —me encojo de hombros sonriendo —Solo me acordaba de la niña, por eso le puse así.
Suelta un bufido a lo que río.
» ¡Vamos! ¡No puedes esperar que sea perfecta en todo! Si lo fuera seguro no tendría emociones, ¿o las tendría, pero sabría manejarlas?
—Bueno, ya tienes una pregunta más para Leah.
Le miro horrorizada.
—¡Shh! ¡No la invoques! Todavía le debo la tarea que nos mandó —suspiro —Ah, estoy cansada de eso.
Siento la mirada de Alan, y parece indeciso, pero al final termina preguntándome:
—¿Siques queriendo estudiar medicina?
Aprieto el erizo en mi mano y bajo la mirada al ver que su pancita está brillando.
—No...todos podemos permitirnos soñar, Alan. Y estoy bien con eso, ya lo acepté —me trago mis emociones y le veo sonriendo —¡Pero! Al menos mi novio si cumplirá su sueño y será un buen director financiero.
Sé que quiere decir más, pero también agradezco que no lo haga. Este día es tan perfecto como para pensar en cosas tristes. Así que me siento aliviada cuando su respuesta es tomar mi mano y dejar un pequeño beso antes de asentir.
Al llegar al auto el plan inicial es guardar el gran unicornio en la cajuela, pero eso se ve descartado luego de varios intentos fallidos. Como segunda opción decidimos ponerlo en el asiento trasero, y aunque entra un poco...nos falta su mitad.
—Creo que debí pedir el mediano —me río para no llorar —Lo siento, mi error. Yo empujaré abajo y tú de arriba, ¿sí?
Asiente y a la misma cuenta empezamos a empujarlo. Hace unas horas estaba feliz de que fuera tan grande, suave y avanzara mi peso, bueno, ahora que tuviera todas esas características era un problema. El suave pelaje hace que sea resbaloso empujarlo, y cuando creo que lo estamos logrando, mis manos se deslizan y caigo de cara contra el asiento. Escucho una risa baja tratando de ser ocultada, pero no lo suficiente cuando pregunta:
—¿Estás bien?
Me doy la vuelta con cuidado para no sacar por accidente el unicornio, y quedo acostada sobre el asiento.
—Sigo viva, pero mis neuronas frontales tal vez no.
Ríe levemente acercándose para verme. Sí, es incómodo con medio peluche en camino y el pequeño espacio. Incluso así, no hago el esfuerzo de levantarme, en este momento soy una herida y él una bestia que se rio de eso.
—Niña tonta —murmura retirando mis cabellos de la frente —No, no tienes nada, por suerte.
—Te lo dije. Estoy bien.
—Por suerte, sonó muy duro el golpe.
—¡Y aun así te reíste! —me quejo y él sonríe de forma ladeada —Bobo.
Le hago una seña para que se aleje y poder sentarme, pero cuando está por incorporarse alguien pasa por la puerta y la golpea, parece que solo ese bendito empujón bastaba para el jodido unicornio porque la puerta se cierra, Alan pierde el equilibrio y su pecho termina empujándome de nuevo.
¿Él...ha caído sobre mí?
Abro los ojos y mi corazón se dispara al sentir su cuerpo estar tan cerca del mío. ¡Nunca, nunca hemos estado así! ¡Sí, me tacleo en navidad, pero fue diferente! ¡No estuvimos así de cerca!
En especial...sus manos están a mis lados, atrapándome, mientras que las mías están inmóviles en su pecho con el muñeco de erizo entre ellas. Todavía no lo había soltado y ahora el condenado brillaba con su fondo musical.
Estamos tan quietos que podríamos rompernos en cualquier segundo, y pese a que tenemos al erizo, no es suficiente como para no escuchar nuestras respiraciones. Sus ojos no dejan los míos y yo tampoco puedo dejar de verlo. Está desconcertado, y sé que mi estado no es muy diferente. Sin embargo, sé que estoy jodida cuando la música pasa a segundo plano, la burbuja se construye y tiemblo sintiendo su respiración dar contra mi cuello.
Aprieto los labios con fuerza cuando su cara desciende y sus labios rozan mi cuello enviándome un escalofrío por la columna vertebral.
—¿Por qué últimamente termínanos de esta manera? —pregunta en un susurro —Es...
—¿Es?
—Mucho.
—¿Mucho?
—Sí, muy difícil.
—¿Difícil? ¿Eso es bueno o malo?
Su risa me hace estremecer al sentirlo contra mi pecho y abdomen. Alza la cabeza y cuando sus ojos dan con los míos, mi corazón se dispara al notar una emoción diferente en ellos.
—Nuevo —¿Eh? Deja un beso en la punta de mi nariz y sonríe empezando a incorporarse —Debemos irnos.
No.
No después de que vi aquello.
Mis brazos rodean su cuello y lo atraigo hacia mí sorprendiéndolo.
—Bésame. Si vas a besarme, quiero que lo hagas bien.
Su cuerpo se tensa por mis palabras y a la vez sus ojos se oscurecen. Estoy jugando con fuego, lo sé, pero jamás había visto en él esa expresión de deseo tan evidente, sin temores ni contradicciones. Sin embargo, ante su silencio, me tenso sintiendo que tal vez lo estoy forzando de nuevo y empiezo a retirar mis manos.
» Si no deseas, lo entien...
—No es eso —murmura en voz baja acercándose, pero sin cumplir el objetivo. Lo miro. Su mandíbula tensa la recorro con mi mano y sonrío al ver que es un acuerdo tácito.
—Entonces lo haré por ti.
Busco sus labios y los muevo despacio, algo torpe por los nervios, pero lo suficiente como para que él se relaje. Todavía no sé porque retrocede cuando hay contacto físico, y si bien quiero preguntarle eso y muchísimas cosas más, no lo hago porque sé que no tengo la valentía para escuchar sus respuestas.