Un vestido rojo
—Hoy es día de pasteles —murmuro con una sonrisa mientras tomo varios y los pongo en mi bandeja.
—Sí, que sí —se ríe Sofía —Nada como la comida alta en carbohidratos. ¡No, espera! ¡Hoy no pensaré en eso! Hoy ignoraré que he subido dos kilos... —su mano va de inmediato a su estómago y lloriquea —¿Quién lo diría? Mi metabolismo me está fallando...
—Ya era hora de que fueras una chica normal —me río —Sufre haciendo cardio, rubia.
—Bruja —me acusa.
—Bueno, ahora está bruja no te dirá como bajar de peso.
—¿Qué? ¡Abigail!
—Es broma —me río sentándome —No sé ni que hacer. Pregúntale a Katy, creo que ella sabe. Por el contrario, si quieres consejos para ganarlo, soy excelente en ello.
Se ríe.
—Lo haré cuando la vea. No la he visto en todo el día.
Frunzo el ceño confundida.
—¿No vino a clases?
Enmarca una ceja divertida.
—Va en tu clase, ¿y me lo preguntas a mí? Una chica de otro curso.
Se ríe cuando le pico en el estómago.
—Hoy no estuve en clases, pasé en reunión con el consejo estudiantil, así que es válida mi pregunta —ignoro su expresión burlona —Es raro, ¿crees que venga a la cafetería?
—Ni idea, pero ya le estoy acosando con mis mensajes. Haz lo mismo, a alguna va a responder cuando se cabree.
Me río y empiezo a escribirle sin parar. Preguntando por su ausencia, presencia incompleta e incluso pidiendo explicaciones como novio tóxico. Los mensajes le llegan, pero no obtenemos ninguna respuesta. Frunzo el ceño y la veo, Sofía también sube la mirada.
—No responde —murmuramos aturdidas.
—Ya se la llevó la de negro —dice Sofía y de inmediato le golpeo suavemente la cabeza. Se ríe —Solo estaba bromeando, pero seguro sí le pasó algo.
Asiento. Ella nunca se despega de su teléfono.
Estamos mordiéndonos las uñas hasta que una tela roja ondeando con el viento llama nuestra atención. Subimos la vista de nuestros teléfonos para ver a Pamela con el cabello recogido y el vestido rojo de Katy.
—¿Qué tal? —pregunta sonrojándose —¿Me queda bien?
—¡Estás preciosa! —no puedo evitar gritar y lanzarme a su lado para verla por todos lados —¡Dios! ¡Te ves divina!
Sofía es más tranquila. Le da una sonrisa y asiente.
—Te ves linda, Pamela, el rojo es sin duda tu color. La persona que te lo dio te debe querer mucho
—¡Sí! —aplaudo —¡El rojo es el color del amor!
Vemos como se sonroja poco a poco y asiente acariciando la tela de la falda.
—Sí, Jensen dijo algo parecido cuando me lo obsequio.
Mis manos sueltan mi teléfono y el sonido golpeando el piso llama la atención de quienes están en el comedor. Me disculpo torpemente y lo recojo sin saber donde esconder mi cara para que no vea mi confusión.
—¿Dijiste Jensen? —Sofía le pregunta tranquilamente.
—Sí, ayer nos reunimos y dijo que pensó que me vería bien usando este vestido en el escenario.
—Es un bonito detalle.
—Sí, sí, es bonito —balbuceo sentándome al lado de Sofía y solo puedo respirar cuando Pamela se va a traer su comida. Oh, y enloquezco —¡Sofia!
—¡Lo sé! —masculla entre dientes y se tapa el rostro —Yo también estoy igual de confundida que tú.
—¿Será que compraron el mismo diseño y él se lo dio primero?
—No lo sé, no vi una funda en las manos de él ese día, pero tenía una mochila —dice y suspira —Además, me asusta que no haya mencionado a Katy, y que ella tampoco responda nuestros mensajes.
Volvemos a mordernos las uñas obligándonos a conectar todo, pero las puertas abiertas con un estruendo nos llaman la atención.
—¡Hola mundo! —grita Darwin entrando a la cafetería —¿Cómo han estado?
Muchos gritan saludándole y responden su pregunta haciéndolo reír. Todo ello mientas se acerca a nuestra mesa. Oh. Volteo hacia Sofía. En efecto, ella está frunciendo el ceño.
—¿Qué le pasa ahora a este loco? —pregunta.
—Tal vez le fue bien con su cita —dice Alan detrás de nosotros.
Sofía se lleva la mano al pecho mientras él deja su comida en la mesa. Se voltea hacia mí y deja un beso en mi frente.
—Hola Abi, veo que el consejo estudiantil ya te soltó.
Me río.
—Apuesto a que extrañaste mi presencia en clases, ¿verdad?
Sonríe de forma ladeada, pero es Darwin quién responde.
—Créeme, lo hizo, estaba jodiéndome la paciencia con mensajes en clase.
—Claro —Alan rueda los ojos —porque yo era el que enviaba mensajes todo el tiempo...
—Al menos eres consciente —afirma Darwin y puedo ver como Alan pide paciencia.
Sonrío.
Un silbido nos hace voltear hacia Pamela, quién sonrojada toma asiento al frente de Darwin.
—Oh, estás muy bella, Pamela —ante el cumplido de Darwin, ella se sonroja —¿Te estás sonrojado? ¡Oh, que adorable eres, cariño!
—Ya déjala en paz —gruñe Sofía —no la molestes.
—¿Te estoy molestando, cariño?
—No, pero...
—¿No estás acostumbrada a recibir cumplidos? —le pregunta y se acuesta sobre la mesa. Ella asiente —¿Los chicos con los que has salido han sido ciegos?
—No he tenido una cita —le responde.
—¿Enserio? —parece sorprendido —Si no estuviera detrás de alguien seguro habría pedido tu número.
—Ya deja de coquetear con mi amiga —le ordena Sofía cortando la carne.
—¿Qué? ¿Quieres que coquetee contigo? —le voltea a ver y niega —No, gracias. Además, no estaba coqueteando.
Sofía suelta los utensilios sonriendo de forma irónica.
—¡Ja! Antes no parecía molestarte.
—Sin comentarios —es su respuesta.
—¿Qué? —Sofía enmarca una ceja de forma burlona—¿Fue mucho para ti, pequeño mujeriego?
—No, cariño —se arrima a su brazo —Solo que no soy un bocón y menos me gusta hacer quedar mal a las mujeres, por eso te repito: Sin comentarios.
—No tienes nada malo que decir sobre mí.
—Mmm —murmura y me mira para preguntar —¿A qué hora inicia el programa, pequeña Abi?