Te encontré bajo la lluvia

Capitulo 3

Cristina observó la fotografía una y otra vez.
No podía creerlo.
La chica que aparecía junto a Adrián era idéntica a ella.
El mismo cabello oscuro.
Los mismos ojos.
La misma sonrisa.
Incluso tenía un pequeño lunar junto a la ceja izquierda.
Exactamente igual.
—¿Qué está pasando...? —susurró.
En la parte trasera de la fotografía había una fecha escrita a mano.
15 de abril, hace cinco años.
Cristina sintió un escalofrío.
Era imposible.
Hace cinco años ella jamás había conocido a Adrián.
Guardó la fotografía en su bolso y pasó toda la noche pensando en ello.
A la mañana siguiente decidió buscar respuestas.
Y la única persona que podía dárselas era Adrián.
Cuando llegó a la cafetería de las ventanas azules, él ya la estaba esperando.
Pero al verla, su sonrisa desapareció.
Porque vio la fotografía en sus manos.
—¿Dónde la encontraste?
—La dejaste caer.
Adrián bajó la mirada.
Durante unos segundos pareció incapaz de hablar.
—¿Quién es ella? —preguntó Cristina.
El silencio se volvió pesado.
Finalmente él respondió.
—Se llamaba Valeria.
—¿Se llamaba?
Adrián cerró los ojos.
—Murió hace cinco años.
El corazón de Cristina se encogió.
—Lo siento...
—Era mi mejor amiga.
Cristina volvió a mirar la fotografía.
—Pero se parece demasiado a mí.
—Lo sé.
—¿Es por eso que te acercaste a mí aquella noche?
Adrián tardó en responder.
Y esa demora fue suficiente.
Cristina ya conocía la respuesta.
—Al principio sí —admitió él.
Aquellas palabras dolieron más de lo que esperaba.
—Entonces solo era un reemplazo.
—¡No!
Adrián se levantó inmediatamente.
—Nunca fuiste un reemplazo.
—¿Entonces qué soy?
Él la miró directamente a los ojos.
Y Cristina vio algo sincero en ellos.
Algo que no podía fingirse.
—La persona que logró hacerme sonreír otra vez.
El silencio regresó.
Pero esta vez era diferente.
Más suave.
Más triste.
—Valeria era importante para ti.
—Muchísimo.
—Y aún la extrañas.
Adrián asintió.
Cristina comprendió entonces que algunas heridas no desaparecen.
Simplemente aprendemos a vivir con ellas.
Cuando estaba a punto de responder, una mujer entró apresuradamente en la cafetería.
Parecía nerviosa.
Asustada.
Y al ver a Cristina se quedó completamente pálida.
Como si hubiera visto un fantasma.
—No puede ser... —susurró.
Cristina frunció el ceño.
—¿Nos conocemos?
La mujer comenzó a temblar.
Y las siguientes palabras hicieron que Adrián se pusiera de pie de golpe.
—Valeria tenía una hermana gemela.




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