La lluvia golpeaba las ventanas de la cafetería.
Por un instante, nadie dijo una palabra.
Cristina observó a Elena.
—¿Qué quiere decir con que no murió?
La mujer tragó saliva.
—Porque el cuerpo nunca apareció.
Adrián se quedó inmóvil.
—Pero hubo un funeral...
—Un ataúd vacío.
El silencio se volvió pesado.
Durante cinco años, Adrián había llorado a alguien que quizá nunca estuvo realmente muerta.
Cristina sintió un escalofrío.
—Cuéntenos todo.
Elena abrió una vieja carpeta.
Los documentos estaban desgastados por el tiempo.
—La noche de la desaparición hubo una tormenta terrible. Valeria salió de casa después de recibir una llamada.
—¿Una llamada de quién? —preguntó Adrián.
—Nunca se supo.
La mujer sacó una fotografía.
Mostraba un viejo puente sobre un río.
—La encontraron aquí por última vez.
Cristina observó la imagen.
Algo le resultaba extrañamente familiar.
Como un recuerdo lejano.
Aunque estaba segura de nunca haber estado allí.
—Esa noche varias personas afirmaron verla caminando bajo la lluvia.
Adrián apretó los puños.
—¿Y después?
—Desapareció.
Cristina sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Entonces Elena sacó una pequeña libreta.
—Esto apareció junto al puente.
—¿Era de Valeria?
—Sí.
Cristina tomó la libreta.
Las primeras páginas estaban llenas de pensamientos normales.
Sueños.
Canciones.
Planes para el futuro.
Pero las últimas páginas eran diferentes.
Mucho más extrañas.
La escritura parecía apresurada.
Nerviosa.
Temblorosa.
Cristina comenzó a leer en voz alta.
"Creo que alguien me está siguiendo."
Pasó la página.
"Lo veo en los reflejos."
Otra página.
"Me llamó por mi nombre."
Otra más.
"Dice que conoce la verdad sobre mi hermana."
El corazón de Cristina se detuvo.
—Mi hermana...
Adrián levantó la vista.
—¿Valeria sabía de ti?
Elena parecía confundida.
—Eso es imposible.
Pero la siguiente página destruyó todas sus dudas.
Con tinta negra, Valeria había escrito:
"No estoy loca."
"Sé que mi hermana está viva."
Cristina sintió que las lágrimas acudían a sus ojos.
Valeria había pasado años buscándola.
Años.
Sin saber quién era ni dónde estaba.
Entonces una fotografía cayó del interior de la libreta.
Una fotografía que nadie había visto antes.
Adrián la recogió.
Y palideció.
Porque mostraba a Valeria bajo la lluvia...
tomada apenas unas horas antes de desaparecer.
Pero no estaba sola.
A unos metros detrás de ella había una figura.
Un hombre.
Alto.
Vestido de negro.
Observándola.
Y en el reverso de la fotografía había una frase escrita a mano:
"Si algo me sucede, fue él."
Editado: 25.06.2026