Te encontré bajo la lluvia

Capitulo 8

La lluvia golpeó los cristales con fuerza.
Cristina no podía apartar la mirada de Adrián.
Su corazón latía tan rápido que apenas podía respirar.
—Eso es imposible... —susurró él.
Pero la duda ya había aparecido.
Y una vez que aparece una duda...
es difícil hacerla desaparecer.
—Cristina, yo jamás le haría daño a Valeria.
Ella quería creerle.
De verdad quería hacerlo.
Pero aquella imagen que acababa de surgir en su memoria seguía allí.
La lluvia.
La noche.
Y un muchacho persiguiendo a su hermana.
Entonces ocurrió algo extraño.
Un dolor agudo atravesó la cabeza de Cristina.
—¡Ah!
Se llevó una mano a la frente.
Las imágenes comenzaron a aparecer una tras otra.
Como piezas rotas de un recuerdo olvidado.
Vio a Valeria.
Empapada por la tormenta.
Corriendo por una calle vacía.
Mirando constantemente hacia atrás.
Asustada.
Y detrás de ella...
sí estaba Adrián.
Pero no parecía perseguirla.
Parecía intentar alcanzarla.
Como si quisiera advertirle algo.
La visión cambió.
Valeria llegó al viejo puente.
Allí había alguien esperándola.
Una figura alta.
Vestida de negro.
El mismo hombre de la fotografía.
Cristina sintió un escalofrío.
Valeria se detuvo.
Y pronunció unas palabras que el viento casi se llevó.
—¿Dónde está mi hermana?
El hombre sonrió.
Una sonrisa fría.
Peligrosa.
Y respondió:
—Más cerca de lo que imaginas.
La visión desapareció.
Cristina abrió los ojos sobresaltada.
—Lo recuerdo...
Adrián se acercó rápidamente.
—¿Qué viste?
Ella le contó todo.
Y por primera vez desde que comenzó aquella historia, Adrián pareció aliviado.
—Entonces no la estaba siguiendo.
—No.
—Intentaba alcanzarla.
Elena parecía confundida.
—¿Cómo puedes recordar algo que nunca viviste?
Cristina bajó la mirada.
No tenía respuesta.
Entonces el teléfono volvió a sonar.
El mismo número desconocido.
La misma llamada imposible.
Cristina respondió de inmediato.
—¿Valeria?
Esta vez no hubo interferencias.
Solo una voz débil.
Muy débil.
—Escúchame bien.
Cristina sintió lágrimas en los ojos.
—¿Dónde estás?
—No tengo mucho tiempo.
—¿Estás viva?
Hubo un largo silencio.
Y finalmente llegó la respuesta.
—Sí.
Los tres quedaron paralizados.
Valeria estaba viva.
Después de cinco años.
Estaba viva.
—¿Dónde estás? —preguntó Adrián acercándose al teléfono.
La voz tembló.
—En el lugar donde comenzó todo.
—¿El orfanato?
—No.
Otro silencio.
Luego susurró:
—El hospital.
Cristina sintió un escalofrío.
—¿Qué hospital?
—Donde nacimos.
La llamada comenzó a cortarse.
—Valeria, espera.
—Él viene...
—¿Quién?
La respiración al otro lado se volvió acelerada.
Aterrada.
Y antes de que la comunicación se cortara, Valeria dijo algo que dejó a todos sin palabras.
—Cristina... él sabe que eres la verdadera heredera.
La llamada terminó.
Y en el reflejo oscuro de la ventana de la cafetería apareció una silueta.
Alta.
Vestida de negro.
Observándolos.
Esta vez no desapareció.
Porque acababa de entrar por la puerta.




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