Te encontré bajo la lluvia

Capitulo 13

La lluvia caía con fuerza sobre la entrada de la cafetería.
Cristina no podía apartar la mirada de la joven que estaba frente a ella.
Era como mirarse en un espejo.
Los mismos ojos.
La misma sonrisa.
La misma expresión de asombro.
Valeria estaba viva.
Después de cinco años.
Después de tantas preguntas.
Después de tanto dolor.
—Cristina... —susurró Valeria.
Las lágrimas comenzaron a correr por las mejillas de ambas.
Y sin pensarlo, Cristina corrió hacia ella.
Las dos se abrazaron con fuerza.
Como si intentaran recuperar todos los años perdidos.
Ninguna quería soltar a la otra.
Adrián observó la escena con lágrimas en los ojos.
Elena se cubrió la boca para contener el llanto.
Pero la emoción duró apenas unos segundos.
Porque la figura de ojos plateados seguía allí.
Observándolas.
Esperando.
—Qué conmovedor —dijo con una sonrisa fría.
Valeria se puso inmediatamente delante de Cristina.
Protegiéndola.
—No te acerques.
El hombre inclinó la cabeza.
—Siempre tan valiente.
Gabriel apretó la antigua llave entre sus manos.
—No podrás cruzar.
La figura soltó una pequeña risa.
—¿De verdad crees que esa llave aún puede detenerme?
Valeria giró hacia Cristina.
Y por primera vez vio miedo en los ojos de su hermana.
—Escúchame.
—¿Qué está pasando?
—No tenemos mucho tiempo.
Cristina sintió un nudo en la garganta.
—Quiero respuestas.
—Las tendrás.
Valeria tomó sus manos.
—Pero primero debes saber algo.
La lluvia parecía caer más lentamente.
Como si el mundo entero estuviera esperando.
—Nunca desaparecí por accidente.
Cristina contuvo la respiración.
—Lo sé.
—Fui secuestrada.
El silencio fue absoluto.
Adrián cerró los ojos.
Gabriel bajó la mirada.
Y el hombre de ojos plateados continuó sonriendo.
—Porque yo descubrí lo que éramos.
Cristina sintió un escalofrío.
—¿Qué somos?
Valeria miró la llave.
Luego miró a Gabriel.
Y finalmente respondió:
—Las guardianas.
Un trueno iluminó el cielo.
Y la llave comenzó a brillar.
Una luz azul recorrió los grabados antiguos.
La figura de ojos plateados dejó de sonreír.
Por primera vez parecía preocupado.
—No...
Valeria apretó la mano de Cristina.
—Nuestra familia ha protegido un secreto durante generaciones.
—¿Qué secreto?
Gabriel levantó lentamente la llave.
La luz se hizo más intensa.
Y entonces dijo las palabras que cambiarían todo:
—La puerta que jamás debe abrirse.
El suelo comenzó a temblar.
La tormenta rugió sobre la ciudad.
Y en algún lugar lejano...
algo acababa de despertar.




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