Te encontré bajo la lluvia

Capitulo 14

El mundo pareció detenerse.
La gigantesca Puerta del Espejo continuó abriéndose lentamente mientras aquella voz resonaba en toda la sala subterránea.
—Bienvenida a casa...
Cristina sintió que el corazón le latía con fuerza.
Porque la voz era idéntica a la suya.
Exactamente igual.
Valeria la sujetó del brazo.
—No la escuches.
Pero ya era demasiado tarde.
La luz plateada comenzó a envolver la sala.
Y en el centro de la puerta apareció una figura.
Una joven.
De pie entre la niebla luminosa.
Cabello oscuro.
Ojos color miel.
Y el mismo rostro de Cristina.
La misma cara.
La misma expresión.
La misma voz.
—¿Quién eres? —preguntó Cristina.
La muchacha sonrió.
Una sonrisa triste.
—Soy quien debió quedarse.
Un escalofrío recorrió la sala.
Lucien observaba fascinado.
Como si estuviera contemplando un milagro.
Gabriel cerró los ojos.
—No...
—¿La conoces? —preguntó Valeria.
—Solo por las leyendas.
La joven salió lentamente de la puerta.
Sus pies apenas tocaban el suelo.
Parecía un reflejo hecho realidad.
—Hace siglos —dijo— existía un solo mundo.
A su alrededor comenzaron a aparecer imágenes flotantes.
Ciudades imposibles.
Océanos de plata.
Cielos cubiertos de estrellas.
—Pero fue dividido en dos.
Las imágenes mostraron un gigantesco espejo rompiéndose.
Millones de fragmentos volaron por el aire.
—Un mundo de este lado.
La imagen cambió.
Mostrando la realidad que conocían.
—Y otro detrás del espejo.
Cristina observó fascinada.
—¿Y quién eres tú?
La joven la miró directamente.
Y respondió:
—Soy tu reflejo original.
El silencio cayó sobre todos.
Adrián abrió mucho los ojos.
Valeria quedó inmóvil.
Y Lucien sonrió.
Porque aquello era exactamente lo que había estado buscando.
—Cuando naciste —continuó la joven— el espejo eligió a dos guardianas.
Tú y Valeria.
Pero también creó una copia.
Una sombra.
Una protectora.
Yo.
Cristina sintió que el mundo giraba.
—Eso es imposible.
—Lo mismo pensaba yo.
Por primera vez la joven pareció triste.
Muy triste.
—Hasta que me encerraron aquí.
Lucien dio un paso adelante.
—Y ahora la puerta está abierta.
La joven lo observó.
Y por primera vez apareció miedo en su rostro.
—No entiendes lo que estás haciendo.
—Oh, sí lo entiendo.
Lucien sonrió.
—Voy a liberar al mundo perfecto.
Las paredes comenzaron a temblar.
La luz plateada se volvió más intensa.
Y detrás de la puerta...
algo comenzó a moverse.
Algo enorme.
Algo que no debía cruzar.
La joven miró a Cristina desesperadamente.
Y gritó:
—¡CIERRA LA PUERTA AHORA!
Pero justo en ese momento...
una gigantesca mano plateada emergió desde el otro lado del espejo.
Y la verdadera pesadilla comenzó.




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