Te encontré bajo la lluvia

Capitulo 16

El suelo se sacudió violentamente.
Grietas de luz plateada atravesaron toda la sala subterránea.
La llave azul seguía agrietándose en las manos de Gabriel.
Y detrás de la gigantesca mano plateada...
aquellos ojos dorados continuaban observándolos.
Pacientes.
Inmóviles.
Esperando.
La joven reflejo se puso de pie.
Su cuerpo brillaba cada vez con menos intensidad.
—No tenemos tiempo.
Cristina corrió hacia ella.
—¿Qué es esa cosa?
La joven tragó saliva.
Parecía aterrada.
—La llamamos El Vigilante.
—¿Es el gobernante de tu mundo?
—No.
La respuesta hizo que todos sintieran un escalofrío.
—Entonces ¿qué es?
La joven cerró los ojos.
—Es lo que quedó cuando nuestro mundo murió.
El silencio llenó la sala.
Incluso Lucien dejó de sonreír.
—Eso no tiene sentido.
—Lo sé.
La muchacha observó la inmensa sombra detrás de la puerta.
—Pero cuando una realidad se derrumba... algo siempre sobrevive.
La mano plateada tembló.
Y entonces ocurrió algo inesperado.
La criatura que estaba intentando cruzar se volvió hacia la sombra.
Como si también le tuviera miedo.
Como si estuviera huyendo de ella.
Cristina comprendió entonces la magnitud del desastre.
Millones de personas.
Ciudades enteras.
Todo un mundo escapando.
No porque quisiera conquistar el suyo.
Sino porque estaba siendo perseguido.
Valeria apretó los puños.
—Tenemos que cerrar la puerta.
La joven reflejo negó inmediatamente.
—Si lo hacen, todos morirán.
—¿Y si la dejamos abierta?
La respuesta llegó sola.
Los ojos dorados comenzaron a acercarse.
Cada paso de aquella cosa hacía vibrar ambos mundos.
—Entonces moriremos todos.
Nadie habló.
Porque ambas opciones eran terribles.
Entonces Adrián señaló algo.
—Esperen.
Todos miraron hacia el espejo.
La superficie plateada estaba cambiando.
Mostraba imágenes.
Fragmentos de recuerdos.
Personas.
Lugares.
Historias.
Y en medio de ellas apareció una escena imposible.
Dos niñas pequeñas jugando juntas.
Cristina y Valeria.
Pero había una tercera niña.
Una niña idéntica a ambas.
La joven reflejo.
Las tres reían bajo una lluvia de verano.
Felices.
Libres.
La joven comenzó a llorar.
—Yo también debía vivir esa vida.
Cristina sintió un nudo en la garganta.
Por primera vez dejó de verla como un reflejo.
Era una persona.
Una hermana.
Alguien que había sido separada de ellas.
Entonces la llave azul se rompió.
CRACK.
La luz explotó en toda la sala.
Gabriel cayó de rodillas.
—No...
Las cerraduras comenzaron a abrirse completamente.
Una tras otra.
La puerta ya no podía cerrarse.
Y detrás del espejo...
el Vigilante sonrió.
Una sonrisa enorme.
Imposible.
Antigua.
Y una voz resonó simultáneamente en ambos mundos.
—Por fin los encontré.
El espejo se hizo añicos.
Y la frontera entre los dos mundos desapareció.




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