El Mundo Entre los Espejos se sacudió violentamente.
Miles de fragmentos de recuerdos giraban alrededor de ellos como una tormenta de cristal.
El Vigilante rugió.
Y aquel rugido atravesó la realidad misma.
Los espejos explotaron.
Las estrellas se apagaron.
Y durante un instante pareció que todo iba a desaparecer.
Pero Cristina permaneció inmóvil.
Observándolo.
Mirando más allá del monstruo.
Más allá de los ojos dorados.
Más allá de la ira.
Porque había visto algo.
Algo escondido.
Dolor.
Un dolor inmenso.
Antiguo.
Insoportable.
—Cristina, aléjate —gritó Valeria.
Pero ella no se movió.
La joven reflejo comprendió lo que estaba ocurriendo.
—Lo viste...
Cristina asintió lentamente.
—Sí.
El Vigilante se detuvo.
Sus enormes ojos se clavaron en ella.
—¿Qué crees haber visto?
Cristina respiró profundamente.
Y respondió:
—Tu tristeza.
El vacío quedó en silencio.
Incluso los fragmentos de espejo dejaron de moverse.
Nadie se había atrevido jamás a decirle algo así.
El Vigilante observó a la pequeña humana que tenía delante.
—No sabes nada de mí.
—Sé que estás solo.
Los ojos dorados temblaron.
Apenas un instante.
Pero Cristina lo vio.
—Y sé que llevas tanto tiempo solo que olvidaste quién eras.
La ira comenzó a desaparecer.
Sustituida por algo mucho más peligroso.
La desesperación.
Alrededor del gigante aparecieron miles de imágenes.
Su mundo.
Su familia.
Sus amigos.
Las personas que había amado.
Todos convertidos en polvo.
Todos desaparecidos.
—Los perdí a todos —susurró.
Su voz ya no sonaba monstruosa.
Sonaba rota.
Cristina sintió lágrimas en los ojos.
—Lo sé.
—No.
La oscuridad comenzó a rodearlo.
—No lo sabes.
La realidad volvió a temblar.
—No sabes lo que es vivir millones de años recordando a quienes ya no existen.
Valeria bajó la cabeza.
La joven reflejo comenzó a llorar.
Y Adrián comprendió algo terrible.
El Vigilante no estaba destruyendo mundos por odio.
Los destruía porque intentaba llenar un vacío imposible.
Entonces Cristina dio un paso adelante.
—No puedes recuperarlos.
El gigante cerró los ojos.
—Lo sé.
—Y destruir otros mundos tampoco los traerá de vuelta.
El silencio se volvió absoluto.
Por primera vez...
el Vigilante no tuvo respuesta.
Entonces Cristina extendió la mano.
Un gesto pequeño.
Insignificante frente a una criatura tan inmensa.
—Pero no tienes que estar solo.
Todos quedaron inmóviles.
Incluso Gabriel.
Incluso Valeria.
Porque nadie esperaba escuchar esas palabras.
Los ojos dorados del Vigilante se llenaron de algo que había desaparecido hacía incontables siglos.
Esperanza.
Una pequeña.
Frágil.
Casi olvidada.
Esperanza.
Y en el centro de su pecho apareció una luz.
Una diminuta luz plateada.
La joven reflejo abrió mucho los ojos.
—El corazón...
Gabriel palideció.
—Creí que había desaparecido.
La luz comenzó a crecer.
Más y más.
Hasta iluminar todo el Mundo Entre los Espejos.
Y el Vigilante comprendió algo que había olvidado hacía una eternidad.
Que incluso después de la pérdida...
todavía era posible elegir quién quería ser.
Pero justo cuando la luz parecía vencer...
una sombra surgió detrás de él.
Una sombra aún más antigua.
Más oscura.
Más terrible.
Y una voz desconocida resonó por todo el vacío:
—Qué conmovedor.
Ahora entrégame el corazón.
Por primera vez...
el verdadero enemigo había aparecido.
Editado: 03.07.2026