Te encontré bajo la lluvia

Capitulo 21

La pequeña chispa dorada brillaba en el pecho del Devorador.
Era diminuta.
Frágil.
Pero iluminaba más que toda la oscuridad que lo había rodeado durante siglos.
Nadie se movía.
El Mundo Entre los Espejos esperaba.
El Devorador observó aquella luz con incredulidad.
—Había olvidado... cómo se sentía.
Cristina sonrió con calma.
—No olvidaste. Solo la enterraste bajo demasiado dolor.
Las palabras resonaron en el vacío.
La oscuridad comenzó a desprenderse lentamente de su cuerpo, como ceniza llevada por el viento.
Donde antes había una sombra monstruosa, empezó a aparecer la silueta de un hombre.
Cansado.
Con el rostro marcado por la tristeza.
Pero humano.
El Vigilante se acercó.
Por primera vez, sus ojos dorados ya no reflejaban ira.
Solo comprensión.
—Yo estuve a punto de convertirme en lo mismo que tú.
El hombre levantó la vista.
—Lo sé.
Ambos permanecieron frente a frente durante un largo instante.
No como enemigos.
Sino como dos almas que habían sobrevivido a pérdidas imposibles.
Entonces la joven reflejo habló.
—La grieta entre los mundos comienza a cerrarse.
Todos miraron alrededor.
Los espejos flotantes regresaban lentamente a su lugar.
El cielo recuperaba su color.
La realidad empezaba a sanar.
Gabriel sostuvo la llave azul.
Aunque estaba rota, una tenue luz seguía brillando en ella.
—Cumplió su misión.
Valeria tomó la mano de Cristina.
—Lo logramos.
Cristina asintió, con lágrimas de felicidad.
—Juntas.
En ese momento, el Mundo Entre los Espejos empezó a desvanecerse.
La joven reflejo sonrió a las dos hermanas.
—Ha llegado la hora de despedirme.
Cristina sintió un nudo en la garganta.
—¿Tienes que irte?
Ella asintió.
—Mi lugar siempre estuvo aquí, protegiendo el equilibrio.
Valeria la abrazó.
—Gracias... hermana.
La joven cerró los ojos, emocionada.
Nunca había escuchado esa palabra dirigida a ella.
—Siempre estaré con ustedes... cada vez que se miren en un espejo y recuerden quiénes son de verdad.
Su cuerpo comenzó a transformarse en miles de pequeños destellos plateados.
Los fragmentos de luz ascendieron al cielo y se mezclaron con las estrellas.
Y desapareció.
Un instante después, un resplandor envolvió a Cristina, Valeria, Adrián y Gabriel.
Cuando abrieron los ojos...
estaban nuevamente frente al antiguo hospital.
La tormenta había terminado.
El sol atravesaba las nubes.
Las calles estaban tranquilas.
Como si nada hubiera ocurrido.
Cristina levantó la vista hacia el cielo.
Una gota de lluvia cayó sobre su mejilla.
Luego otra.
Y otra más.
Pero esta vez, la lluvia ya no traía miedo.
Traía esperanza.
Adrián sonrió.
—Parece que siempre terminamos encontrándonos bajo la lluvia.
Cristina rió.
—Y espero que siga siendo así.
Los dos caminaron juntos, mientras Valeria y Gabriel los seguían unos pasos atrás.
El primer arcoíris apareció sobre la ciudad.
Y, por un instante, en uno de sus colores, Cristina creyó ver el reflejo de la tercera hermana sonriéndoles.
Porque algunas personas nunca se marchan del todo.
Solo encuentran otra forma de acompañarnos.




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