Te encontré bajo la lluvia

Capitulo 22

Habían pasado seis meses.
La vida de Cristina comenzaba, por fin, a sentirse tranquila.
Valeria recuperaba poco a poco los años que le habían robado.
Gabriel ayudaba a reconstruir el antiguo hospital, que sería convertido en un centro de memoria para que nadie olvidara su historia.
Y Adrián...
seguía encontrando cualquier excusa para invitar a Cristina a tomar un café.
Aquella tarde, una lluvia suave cubría la ciudad.
—Parece que la lluvia nos persigue —dijo Adrián con una sonrisa.
—O quizá nos une —respondió Cristina.
Mientras caminaban por el parque, una anciana se acercó lentamente.
Llevaba un paraguas transparente y una pequeña caja de madera entre las manos.
—¿Cristina?
Ella asintió.
—Esto es para ti.
—¿Quién la envía?
La mujer sonrió con dulzura.
—Alguien que cumplió una promesa hace mucho tiempo.
Antes de que Cristina pudiera hacer otra pregunta, la anciana se alejó entre la lluvia y desapareció entre la gente.
—Qué extraño... —murmuró Adrián.
Cristina abrió la caja con cuidado.
Dentro había una carta perfectamente doblada.
Y una pequeña flor azul, seca, conservada entre sus páginas.
Con manos temblorosas, comenzó a leer.
"Si estás leyendo esto, significa que todo salió bien."
Cristina reconoció la letra al instante.
Era la de la joven reflejo.
"No estés triste por mí. Nunca estuve sola. Desde el día en que ustedes supieron que era su hermana, mi existencia tuvo un sentido."
Las lágrimas comenzaron a caer sobre el papel.
Valeria, que acababa de llegar, leyó por encima de su hombro.
"Cada vez que la lluvia toque un espejo, estaré allí. No como un fantasma, sino como un recuerdo feliz."
La última línea hizo sonreír a las dos hermanas.
"Vivan por las tres."
En ese momento, un rayo de sol atravesó las nubes.
La lluvia continuaba cayendo.
Y frente a ellas apareció un arcoíris.
Durante apenas un segundo, las tres pudieron ver el reflejo de una joven saludándolas desde uno de sus colores.
Después desapareció.
Cristina cerró la carta con cuidado y la guardó junto a su corazón.
—Nunca te olvidaremos.
Adrián tomó su mano.
Valeria sonrió.
Y los tres continuaron caminando bajo la lluvia.
Porque algunas historias no terminan con un final...
Sino con la promesa de un nuevo comienzo.

FIN... ¿O TAL VEZ NO?




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