Te Encontré Demasiado Temprano

Capítulo 2 El Chico Que Me Cayó Mal

Si soy sincera, la primera vez que entró al grupo ni siquiera le presté atención.

No recuerdo qué dijo.

No recuerdo cómo sonaba su voz.

Ni siquiera recuerdo si habló mucho aquella noche.

Para mí era simplemente otro jugador más.

Además, tenía cosas más importantes en las que pensar.

O mejor dicho, tenía a alguien más importante en quien pensar.

Mi crush.

Después de tantos años, seguía sintiendo esa pequeña emoción cada vez que jugábamos juntos. Nada exagerado, pero sí esa esperanza tonta de adolescente que te hace pensar que quizá, algún día, esa persona empezará a fijarse un poco más en ti.

Por eso mi atención estaba completamente enfocada en él.

No en el chico nuevo.

Yo tampoco ayudaba mucho al equipo.

La verdad es que era bastante mala jugando.

Mientras los demás hablaban estrategias, daban instrucciones y parecían entender perfectamente qué estaba ocurriendo, yo apenas intentaba sobrevivir en las partidas.

Casi no hablaba.

A veces pasaban varios minutos sin que dijera una sola palabra.

Por eso comenzaron a bromear diciendo que era como la mascota del equipo.

Estaba allí.

Siempre presente.

Pero nadie esperaba demasiado de mí dentro del juego.

Y, curiosamente, eso me gustaba.

Podía divertirme sin presión.

Las noches fueron pasando y él continuó apareciendo.

Supe que uno de mis amigos ya lo conocía desde antes, pero no le di importancia.

Era simplemente parte del grupo.

Nada más.

O al menos eso pensaba.

Con el tiempo, mi crush decidió invitarnos a formar parte de su clan.

La idea era sencilla: tener más compañeros para jugar, completar equipos más rápido y participar en más partidas.

Todos aceptamos.

Y fue así como el desconocido dejó de ser un invitado ocasional.

Ahora era oficialmente parte del equipo.

Éramos un grupo completo.

Pasábamos tantas horas juntos que comenzábamos a reconocernos incluso por pequeños detalles.

Quién se enojaba al perder.

Quién siempre llegaba tarde.

Quién hablaba demasiado.

Quién desaparecía sin avisar.

Y quién era tan mala jugando que necesitaba ayuda cada cinco minutos.

Yo, obviamente.

Un día surgió una idea para personalizar nuestros perfiles dentro del juego.

Nos pidieron enviar fotografías para identificarnos mejor.

Recuerdo perfectamente la foto que elegí.

En aquella época recién estaba aprendiendo a maquillarme.

Había descubierto el delineador hacía poco y me sentía orgullosa de haber logrado que quedara más o menos bien.

Tal vez hoy la vería y me daría vergüenza.

Pero en ese momento me parecía una gran foto.

La envié convencida de que se veía bonita.

Esa misma noche nos conectamos para jugar.

Todo transcurría con normalidad hasta que, de repente, escuché su voz.

—Qué graciosa te veías en la foto.

Hubo unos segundos de silencio.

Y luego sentí cómo toda mi sangre hervía.

¿Graciosa?

¿Graciosa?

Recuerdo quedarme completamente indignada.

Ni siquiera sabía quién era realmente.

No éramos amigos.

Apenas hablábamos.

¿Y tenía la confianza suficiente para burlarse de mí?

Mientras los demás se reían, yo me crucé de brazos frente a la pantalla, molesta.

Quizá él solo estaba bromeando.

Quizá ni siquiera tenía malas intenciones.

Pero yo no lo vi de esa manera.

Lo único que pensé fue:

"¿Y este quién se cree?"

Lo que no sabía en ese momento era que aquel chico que acababa de hacerme enojar terminaría convirtiéndose en una de las personas más importantes de mi vida.

Y que, aunque entonces me pareciera imposible, algún día esperaría escuchar su voz más que la de cualquier otra persona.



#5065 en Novela romántica

En el texto hay: primer amor

Editado: 09.06.2026

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