Te Encontré Demasiado Temprano

Capítulo 3 No Era el Juego

Los días comenzaron a parecerse unos a otros.

Me despertaba, hacía mis tareas, ayudaba en casa cuando era necesario y esperaba con ansias que llegara la noche. Era extraño, porque nunca había sido una persona fanática de los videojuegos. Si alguien me hubiera dicho unos meses antes que terminaría organizando mis días para conectarme a jugar, probablemente me habría reído.

Pero ahí estaba.

Esperando.

Las nueve de la noche se habían convertido en mi hora favorita.

Era el momento en que el grupo empezaba a conectarse poco a poco. Primero uno enviaba un mensaje preguntando quién jugaría esa noche. Después aparecía otro diciendo que ya estaba entrando. Minutos más tarde la sala estaba llena de voces, risas y bromas.

Sin darme cuenta, aquello dejó de ser un simple pasatiempo.

Se convirtió en mi refugio.

Mientras el mundo seguía detenido por un virus que nos obligó a encerrarnos en casa, nosotros habíamos construido un pequeño mundo propio al otro lado de una pantalla.

Y, aunque parezca exagerado, ese pequeño mundo hacía que todo fuera un poco más llevadero.

Había noches en las que jugábamos hasta que el sueño nos vencía.

Otras en las que perdíamos todas las partidas y terminábamos riéndonos más de nuestros errores que de las victorias.

Yo seguía siendo la peor del equipo.

No entendía muchas estrategias, me perdía con facilidad y más de una vez hacía exactamente lo contrario de lo que me pedían.

—¡Pero ve para la derecha! —gritaba uno de ellos.

—¿Cuál es la derecha? —respondía completamente confundida.

Las carcajadas no tardaban en escucharse.

Con el tiempo dejaron de decir que era la peor.

Comenzaron a llamarme la mascota del equipo.

Y, curiosamente, nunca me molestó.

Me hacía sentir parte de algo.

Esperaba tanto esas partidas que incluso empecé a organizar mi vida alrededor de ellas.

Si había una reunión familiar, llevaba el celular conmigo.

Buscaba cualquier rincón tranquilo de la casa, me colocaba los audífonos y entraba al juego mientras de fondo escuchaba las conversaciones de mis tíos, las risas de mis primos o la música que siempre sonaba en esos encuentros.

—¿Dónde está Luz? —preguntaba alguien.

—Debe estar con el celular otra vez —respondía mi mamá entre risas.

Y tenía razón.

Más de una vez me llamó porque la comida ya estaba servida.

—¡Ven a comer!

—¡Ya voy!

Pero "ya voy" casi nunca significaba inmediatamente.

Siempre esperaba terminar la partida.

O empezar una más.

En ese momento pensé que simplemente me había vuelto adicta al juego.

Hoy sé que estaba completamente equivocada.

No era el juego.

Eran las personas.

Mientras tanto, él seguía siendo exactamente igual.

Molesto.

Burlón.

Y con una habilidad increíble para hacer comentarios en el momento menos esperado.

Nunca perdió la oportunidad de recordarme aquella foto donde aparecía orgullosa de mi delineado.

—Oye... ¿ya aprendiste a maquillarte o todavía haces experimentos? —preguntó una noche.

—Al menos yo sí tengo cara para maquillarme —respondí sin pensarlo.

El silencio duró apenas un segundo.

Después todos comenzaron a reír.

—¡Por fin respondió! —dijo otro de los chicos.

Él también se rió.

Y, por primera vez, yo lo hice con él.

Desde aquella noche nuestras conversaciones comenzaron a ser diferentes.

Seguíamos molestándonos, respondiéndonos con bromas y compitiendo por ver quién tenía la última palabra.

Si alguien nos hubiera escuchado sin conocernos, habría pensado que nos llevábamos mal.

La verdad era todo lo contrario.

Sin darme cuenta, empecé a esperar esos pequeños intercambios.

Ya no me molestaban sus bromas.

Al contrario.

Si una noche estaba demasiado callado, el grupo se sentía extraño.

Pero yo seguía convencida de que todo aquello no significaba nada.

Después de todo, yo todavía creía que la razón por la que me conectaba cada noche era mi crush del colegio.

Qué irónica puede ser la vida.

Mientras intentaba llamar la atención de alguien que apenas me miraba, había otra persona que, entre bromas y risas, comenzaba a ganarse un lugar en mi vida sin que ninguno de los dos lo supiera.

Y lo más curioso de todo...

...es que esa historia apenas estaba comenzando.



#6140 en Novela romántica

En el texto hay: primer amor

Editado: 15.07.2026

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