Te Encontré Demasiado Temprano

Capítulo 7 Un Mensaje inesperado

A la mañana siguiente desperté con la sensación de que la noche anterior había sido un sueño.

Recordaba el baile, el abrazo, las risas... incluso aquel olor a cigarro que tanto me había molestado. Cada recuerdo aparecía en mi mente una y otra vez, como si mi corazón se negara a dejar ir aquella noche.

Era domingo.

Mi mamá y yo estábamos en la cocina preparando postres. El aroma a vainilla y a mantequilla recién horneada llenaba toda la casa, mientras ella me daba indicaciones y yo intentaba concentrarme en no quemar nada.

Pero mi cabeza seguía en otro lugar.

El celular vibró sobre la mesa.

Miré la pantalla.

Era él.

Sentí un pequeño vuelco en el estómago antes incluso de abrir el chat.

—¿Por qué tengo llamadas perdidas tuyas de anoche? —me escribió.

Leí el mensaje dos veces antes de responder.

Todavía seguía molesta.

Durante meses habíamos hablado de todo. En más de una ocasión le había contado cuánto detestaba el cigarro y el alcohol. Él siempre decía que pensaba igual.

Y, sin embargo, la noche anterior había llegado con el olor de ambas cosas impregnado en su ropa.

No era tanto el olor lo que me dolía.

Era la sensación de que me había mentido.

Así que respondí con la misma frialdad con la que me sentía.

—Porque me dijeron que te llamara. Según nuestro amigo querías decirme algo.

Su respuesta llegó casi al instante.

—¿Estás molesta?

Miré el mensaje unos segundos.

Podía haberle dicho exactamente lo que pensaba.

Podía haberle preguntado por qué había dicho una cosa y hecho otra.

Pero, como siempre, preferí guardar silencio.

—No pasa nada.

Aunque los dos sabíamos que sí pasaba.

Hubo unos minutos de silencio.

Hasta que decidí preguntarle:

—¿Y qué era eso que querías decirme?

Lo que ocurrió después fue algo para lo que definitivamente no estaba preparada.

El teléfono vibró otra vez.

"La verdad... hace tiempo quería decirte algo."

Sentí que mi respiración se detenía.

Seguí leyendo.

"Me pareces una chica muy bonita."

Mi corazón dio un vuelco.

"Y creo que ya no puedo seguir ocultando lo que siento por ti."

Las palabras comenzaron a perder sentido.

Las releía una y otra vez intentando convencerme de que no las estaba imaginando.

"Aunque no lo tomes como una confesión... por ahora solo quería que lo supieras."

No recuerdo cómo reaccioné.

Lo único que sé es que salí casi corriendo de la cocina para que mi mamá no pudiera verme.

Entré al primer lugar donde pude esconderme.

Apoyé la espalda contra la pared.

Y, lentamente, me dejé caer hasta quedar sentada en el piso.

Tenía el celular entre las manos.

Las piernas me temblaban.

El corazón latía con tanta fuerza que estaba convencida de que, si alguien se acercaba lo suficiente, podría escucharlo.

Jamás imaginé que aquellas palabras llegarían.

Mucho menos por un mensaje.

Me quedé inmóvil.

Sonriendo.

Leyendo una y otra vez la conversación.

Sentía una felicidad inmensa... y al mismo tiempo un miedo imposible de explicar.

¿Qué debía responder?

¿Qué se suponía que hacía ahora?

Él había sido claro.

No era una confesión.

O al menos eso decía.

Era solo un comentario.

Una forma de sacar de su pecho aquello que llevaba tiempo guardando.

Y quizá por eso decidí no responder lo que mi corazón gritaba.

Simplemente dejé que la conversación continuara como si nada hubiera pasado.

Pero nada volvió a ser igual.

Desde ese día, cada mensaje tenía un significado diferente.

Cada broma escondía una posibilidad.

Cada corazón que enviaba dejaba de parecer una simple coincidencia.

Seguíamos jugando.

Seguíamos hablando durante horas.

Seguíamos molestándonos como siempre.

Solo que ahora había algo nuevo entre nosotros.

Algo que ninguno de los dos se atrevía a nombrar.

Pasó la Navidad.

Después llegó el Año Nuevo.

Entre villancicos, fuegos artificiales y buenos deseos, nosotros seguíamos compartiendo noches enteras frente a una pantalla.

Él continuaba enviándome videos románticos "por broma", canciones con letras sospechosamente bonitas e indirectas que yo fingía no entender.

Yo respondía con una risa.

Con algún chiste.

O simplemente cambiando de tema.

Era más fácil seguir escondiéndome detrás de la palabra amigos que aceptar lo evidente.

Pensé que nuestra historia se quedaría ahí.

En mensajes.

En partidas.

En sentimientos que ninguno se atrevía a llamar por su nombre.

Pero me equivocaba.

Porque llegó un mes en el que entendí que, si quería descubrir qué podía pasar entre nosotros, primero tendría que enfrentar el miedo más grande que tenía.

No era hablar con él.

Era hablar con mi familia.



#6140 en Novela romántica

En el texto hay: primer amor

Editado: 15.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.