Te espere con el alma

•PROMESAS SUSURRADAS•

Sentir, amar, es algo hermoso. Es ver cómo esa persona daría todo por ti… y darte cuenta de que tú también lo harías todo por ella, incluso arriesgando tu propia vida.”

Todo era perfecto.

Salíamos, reíamos, nos encontrábamos casi todos los días en el Parque de los Susurros. Cuando no podíamos vernos, hacíamos llamadas o videollamadas después de que yo terminaba mis quehaceres. No importaba la distancia ni el cansancio: siempre encontrábamos la forma de estar juntos.

Una tarde, sentados en el parque, con el viento rozándonos la piel y el mundo pareciendo amable, le pregunté algo que nació sin pensarlo demasiado.

—Amor… ¿tú te quieres casar en algún futuro?

Él guardó silencio un segundo antes de responder.

—No. La verdad no me quiero casar. Mis padres dicen que el matrimonio te quita todo, que te deja sin nada… y que nunca duran —dijo con voz suave, tranquila, como si repitiera una verdad aprendida.

Desde ese momento, mi mente empezó a llenarse de preguntas. ¿Por qué alguien diría algo así del amor? Se suponía que el matrimonio era unir dos almas que se aman, decidir caminar juntos la vida entera.

—Pero el matrimonio es unir a dos personas que se aman —respondí—, personas que darían su vida la una por la otra. No entiendo cómo podría quitarlo todo… a menos que el amor muera.

—Amor —dijo mirándome fijamente—, ¿acaso tú te quieres casar?

Me quedé callada unos segundos. Luego sonreí, dejando salir ese sueño que siempre había guardado.

—Sí, me quiero casar. Quiero una boda grande, un vestido de princesa con una cola larga y brillante. Quiero que sea en una iglesia enorme, irreal… —dije ilusionada, casi como una niña—. Pero tú no te quieres casar, ¿verdad? Por lo que te dijeron tus papás.

–No me gusta mucho la idea del matrimonio– admitio– pero quien sabe... Tal vez en un futuro cambie de parecer. Luego sonrió y pregunto:

– ¿Y hijos? ¿Cuantos hijos quieres tener ?

Ya habíamos hablado de eso antes, pero esta vez lo dije en serio.

—Dos. Quiero dos hijos. Dos niñas o un niño y una niña, no importa… pero quiero ser madre a mis 28 años —dije mirándolo fijamente—. ¿Y tú?

—Yo también quiero dos —respondió—, pero en especial una linda niña con tu sonrisa.

Mi sonrisa

La parte de mí que más inseguridad me causaba. Nunca se lo había dicho, y aun así eligió justo eso.

—¿Por qué con mi sonrisa? A mí no me gusta —dije, intentando esconder lo mucho que me tocaba.

—Porque es hermosa —respondió con una sonrisa leve—. Prométeme que me darás una niña con tu sonrisa.

Lo miré fijamente. Pensé en todo lo que significaba prometer algo así.

Aun así, asentí.

—Te daré una niña con mi sonrisa… en un futuro —susurré—. Te lo prometo.

Los días pasaron y empezamos a hacer planes, como si el futuro ya nos perteneciera.

—Cuando vivamos juntos, tú lavas la loza. Yo detesto lavar platos —dije riendo.

—A mí tampoco me gusta lavar —respondió, llevándome la contraria.

—Pero la loza es lo peor de la casa.

—Eso sí es verdad.

—Entonces tú lavas y yo te hago conversación. Así es justo.

—Está bien —aceptó sonriendo—. Así será.

Aunque ya era mi novio y llevábamos tiempo juntos, había algo en él que no lograba entender del todo. A veces era cariñoso, dulce… y otras veces frío, distante. Quería comprenderlo.

Un día nos reunimos en el parque con sus amigos y una amiga mía. Alex, uno de sus amigos, hablaba de su novia con un amor tan evidente que dolía. Se refería a ella como si fuera perfecta. Y lo era… porque él la amaba.

Esa tarde me despedí de Santiago con un beso tierno y me fui a casa. No pasó mucho tiempo cuando me llegó un mensaje.

—Amor, ya llegué a mi casa.

–Bueno, mi vida. ¿Cómo te fue?

—Bien… bueno, más o menos.

—¿Por qué, amor?

—¿Tú crees que yo no soy muy cariñoso contigo?

—¿Cómo así?

—Hablando con Alex me di cuenta de que soy poco cariñoso contigo.

—Un poco… sí.

—Voy a cambiar.

—Eso tiene que nacer de ti —le dije—. No lo hagas por obligación, hazlo porque lo sientes.

Con los días, Santiago se volvió más cariñoso. No forzado, no fing_toggleado. Se notaba que le nacía, y eso me hacía sentir amada.

No sabía mucho de sus padres. Solo los había visto un par de veces. Siempre los saludaba, pero sentía que su madrastra no me veía con buenos ojos.

"todas las promesas que hicimos las guardé como si fueran eternas.

Aunque odiaba prometer, contigo me hacía ilusión hacerlo.

Promesas que, por primera vez, no me daban miedo."

Prometimos vivir juntos.

Prometimos viajar sin rumbo.

Prometimos amarnos sin condiciones.

Prometimos dos hijos.

Especialmente la niña con mi sonrisa… y un niño con sus hermosos ojos.

Prometimos casarnos, aun cuando el mundo parecía no creer en ese “para siempre”.

•CARTAS QUE NUNCA LEÍSTE•

Amor, todas las promesas que hicimos, todos los momentos, las risas y los chistes….

aunque siempre odié prometer, contigo me hacía ilusión hacerlo.

Porque por primera vez, creí que no terminarían en un ‘perdón’ o un ‘lo siento’.”




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.