Te espere con el alma

•LA AMENAZA•

"El miedo deja de ser una sensación… cuando alguien decide convertirlo en palabras.”

Al leer el mensaje,sentí como mi cuerpo se volvía frío.El pulso se me aceleró, la respiración se me cortó... Y mi mente quedó en blanco

No sabía que hace.

Responder o quedarme en silencio

Defenderme o desaparecer

Estaba en un limbo...y tenía que salir de ahí.

Así que respondí.

—La verdad, no sé por qué lo tratan así.

La respuesta llegó rápido.

—No se meta en mi forma de educarlo. ¿Lo va a dejar tranquilo, sí o no?

Sentí cómo la rabia empezaba a subir.

—Mire señora, la relación es de Santiago y mía. Usted no tiene por qué meterse.

—JAJAJAJA, ¿relación? ¿Cuál relación? Yo me meto donde quiero. Déjelo tranquilo. No le mande recados con nadie.

—Puede preguntar mil veces si quiere —respondí, ya sin controlar el enojo—. Y no le voy a decir si lo dejo o no. Y se lo repito: no se meta en mi relación. Aquí decidimos él y yo, no usted.

No respondió más.

Tiré el celular a la cama, furiosa.

Me acosté intentando calmarme, pero el pecho me latía demasiado rápido.

Mire la hora.

11:00 p.m.

Y entonces… sonó el citófono.

Mi mamá se levantó conmigo. Miramos la cámara.

Era el.

Santiago.

Mi mamá iba a abrir, pero la detuve.

—No, ma… él no viene solo.

—¿Por qué? ¿Qué pasa?

—Su madrastra me escribió… me dijo que le terminara. Que él iba a terminar el curso sin novia y sin amigos.

En ese momento entró una llamada.

—¿Aló?

—Baja —era Santiago—. Mis papás quieren hablar contigo.

—Pues no voy a bajar. Que se queden toda la noche ahí —respondí, y colgué.

—Yo no voy a dejar que a usted la traten mal —dijo mi mamá.

Bajamos.

Nos quedamos en el portal.

ellos afuera.

Nosotros adentro

Solo nos separaba una reja.

entonces pasó.

—Agradezca que es mujer —dijo su padre—, porque si fuera hombre le dejo la cabeza al lado del cuerpo.

Sentí que el tiempo se detuvo.

¿Eso fue una amenaza?

Mi mamá explotó.

—A mi hija no la va a venir a amenazar en su casa, ¿quién se cree usted?

—A mi mujer nadie la trata mal —gritó él otra vez.

—¡Lárguese de aquí! —gritó mi mamá—. ¿Quién se cree para venir a mi casa a amenazar?

Yo estaba ahí…

parada…

callada…

viendo todo como si no fuera real.

Si madrastra intento calmarloy lo mando al carro.

Luego me habló.

—Intenté hablar con usted para que dejara tranquilo a Santiago mientras terminaba su bachillerato.

—No —respondí—. Usted me dijo que le terminara. Nunca me dijo eso.

—No quiero que sea novia de mi hijo —dijo gritando—. Él puede estar con quien sea… menos con usted.

Mi mamá la miró.

—¿Por qué grita? Está loca.

Yo no pude evitar reír.

—Sí… la verdad está mal de la cabeza.

Se veía ridícula.

Un espectáculo innecesario.

—Santiago tiene que terminar su bachillerato —seguía gritando—. No la quiero ver con ella. Y no la amenazamos.

Mi mamá lo miró.

Santiago dudo...

Pero habló.

—Sí… sí la amenazaron.

Silencio.

—¿Ve? —dijo mi mamá—. Entonces denunciaré. Les pondré una demanda por amenazar a mi hija de muerte.

Yo intentaba hablar, pero mi mamá me apretaba el muslo para que me quedara callada.

Así estuvimos media hora.

Ellos gritando.

Nosotras en silencio.

Antes de irse, mi mamá escribió en mi celular:

“Cuando puedas, ven”

y se lo mostró a Santiago.

Su madrastra lo jaló…

y se fueron.

Subimos.

—¿Qué acaba de pasar? —dije—. Yo no voy a aguantar esto.

—Hija… esta metido en una familia que no está muy bien.

Esa noche no terminó ahí.

Volvió a sonar el citófono.

Era Santiago. Solo.

Mi mamá bajó, confirmó… y lo dejó pasar.

Nos sentamos en la cocina.

Tomamos chocolate.

Santiago pidió que no los demandáramos.

Que podía ser peor.

Mi mamá le preguntó:

—¿Le pueden hacer algo a mi hija en la calle?

—No… si no está cerca de mí, no.

Eso a mí no me tranquilizo.

Me asusto más.

Después se lo llevaron.

Mi mamá me miró seria.

—Antes de meterte con un hombre, fíjate en su familia.

Tenía razón.

yo sabía cómo lo trataban... Pero no sabía hasta donde podían llegar.

Ahora lo sabía.

Estaba amenazada de muerte.

Mis salidas se acabaron, la preocupación de mi madre creció, y yo...

No entendía nada

Solo sabía algo:

Ésto había terminado.

O al menos... Eso creía

Pasaron los días.

Me sentía vacía.

Confundida.

Culpables.

Lloraba, dormía y volvía a llorar.

Pero aun así.

Seguía pensando en él.

Si estaba bien.

Si había comido.

Si estaba solo.

Porque el amor... No desaparece cuando cuando debería, y yo...

Seguía atrapada en un limbo.

Del que no podía salir.

•CARTAS QUE NUNCA LEÍSTE•

ese día no solo me amenazaron…

ese día me rompieron algo que no sé si voy a poder reconstruir.

Sentí miedo.

Un miedo que no venía de desconocidos, sino de las personas que decían quererte, y lo peor…

es que ni siquiera eso logró que dejara de amarte.

Me dolió verte ahí, parado entre ellos y yo, como si el mundo te estuviera arrancando de mis manos y yo no pudiera hacer nada para detenerlo.

Quise odiarte.

Te juro que lo intenté.

Quise soltarte, dejar de pensarte, dejar de preocuparme… pero no pude.

Porque incluso después de escuchar amenazas, incluso después de sentir que mi vida corría peligro…

yo seguía eligiéndote.

Y eso…

eso es lo que más me duele.

Me duele que amaras en silencio mientras yo gritaba por dentro.

Me duele que no pudieras defendernos.




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