—Entonces, hazlo —Crucé mis brazos poniendo distancia entre nosotros, casi no podía respirar—. Lamentalo.
—Si me dejas lamentarlo, lo haré encantado —Le vi sonreír, realmente me gustaba el color de sus labios.
—¿Por qué estás haciendo esto conmigo? —comenté frustrada ante el latido acelerado de mi corazón.
Estaba frente a él. No, esto no estaba pasando en mi mente.
—…No quiero arruinar las cosas para ti, sé que ya hiciste tu vida en este tiempo —Lucas acercó su mano suavemente a mi rostro, al principio acariciándolo con las yemas de sus dedos y luego dirigiendo mi mentón para mirarle—. Pero mírame. No hacía más que estar varado en la misma pista de baile pensando: “tuve la novia más linda del mundo, alegre y cálida”. Probablemente más de lo que había creído merecer.
Sus palabras fueron directo a mi corazón. Mi pecho se apretó y las lágrimas hicieron a mis ojos brillar en un instante. Lucas era más tierno de lo que podía recordar.
—¿Piensas que fue sencillo? —preguntó dolido—. Estos dos años, me lamenté constantemente. No quería verte —Le vi sorprendida—. Porque sabía que no podría dejarte ir una vez más. Sé que no quieres esto, soy parte de tu pasado. Pero, para mí lo eres todo.
Lucas me abrazó, llenó ese espacio que había entre los dos. No me negué, él era tan él... ¿Cómo podría negarme?
No podía huir, mañana pensaría en lo que no debía hacer. Pero en este momento, sólo quería abrazarlo, hacerle ver que también una parte de mí siempre lo necesito.
Nos quedamos así por largos minutos, en los que recordé la única vez que le había abrazado, esa vez que escuché sus latidos y estaba a punto de llorar por ser tan cercana a su corazón.
<< ¿Por qué eso no ha cambiado?>> pensé al sentir las lágrimas caer en mi mejilla.
—Soy un idiota. —Me susurró en el oído.
—Tal vez, no eres el único.
Nos separamos lentamente. Al hacerlo Lucas me sonrió con tristeza, yo le miré de la misma forma.
En el fondo, ambos sabíamos que nada podía ser como antes. Que debíamos seguir avanzando hacia aquel futuro que queríamos… separados, pero aun así…
—No fue por una apuesta —Él volvió a tomar mi rostro, le vi con una pequeña sonrisa—, tampoco es porque soy un patán.
Lucas remarcaba la comisura de mis labios con las gentiles yemas de sus dedos, eso hacía que estuviera al borde de caer. Cerré mis ojos instintivamente controlando un poco mi respiración, olvidando las veces que había besado a alguien.
Sabía porque me lo decía, y yo siempre supe que quería besarme, que no era un simple premio que iba a ganar.
—Gracias. —susurró.
Abrí mis ojos solo para ver su expresión y allí había una sonrisa, tan gentil y cálida como siempre.
<<Qué más da>> pensé.
Lucas me besó. Fue lento y sin prisas, sentí su tacto tembloroso unos segundos. Mi mente ni siquiera podía controlarse, no cabía en mí la posibilidad de ese beso. Nos separamos y vimos fijamente esperando la reacción del otro, pero lo único que notamos debido a la tenue luz fue nuestras mejillas rosadas y la respiración acelerada.
Nuestro primer beso, fue torpe e ingenuo, pero fue… nuestro.
—¿Estás sonrojada? —preguntó burlándose de mí.
—¡Por supuesto que no! —dije con el mismo tono. Él comenzó a reír y yo mordí mis labios.
En ese momento, todo lo que había pasado giraba en mi mente. Había besado a un chico que no era mi novio, y no, no era solo eso. Lucas, mi primer amor lo había hecho.
Me había dado un beso tal y como él era.
El silencio entre los dos se hizo presente, no sabía qué decirle.
—Creo que es hora de irme. —Él me sonrió tristemente.
No pude decir nada. Él me saludó y echó a caminar por el pasillo.
Nuevamente estaba esa escena en mi mente, yo viéndole mientras él se iba, sin ser capaz de decirle nada porque el miedo se apoderaba de mi… siempre creyendo que hacía lo correcto.
Por Dios, ¿acaso iba a tener perdón? ¿estaba mal pensar que todo lo que siempre necesite estaba en él?
Las lágrimas se presentaban en mis mejillas, pero yo no era capaz de ir tras él.
<<No, ¿Cómo puedo seguirlo si estoy saliendo con alguien? ¿Qué hice? ¿Cómo es posible que siempre me haya gustado?>> mis pensamientos contradictorios me detenían.
—No te vayas. —susurré y vi su silueta desvanecerse en la puerta.
<<No, no quiero que me deje sola de nuevo. No quiero intentar encajar en los brazos de otra persona. Yo… siempre quise…>>
Volví mi vista al final del pasillo, él ya no estaba. Negué repetidas veces con mi cabeza.
—A veces lo correcto no es lo que queremos hacer. Y eso está bien. —me dije.
Al terminar mis palabras corrí por el pasillo, tanto como los zapatos de tacón me permitían. En la puerta de entrada me dispuse a mirar para encontrarlo, pero choqué con el pecho de alguien de la nada, levanté mi mirada sobando mi nariz.
—Creí que te habías ido —dije incorporando mi postura.
—Yo… quiero que te quedes conmigo. Qué seas feliz conmigo —Lucas tomó mi mano apretándola con fuerza. No supe qué decir—. Sé que estás en una situación difícil, pero dime que piensas. Lo que sea. Dime que soy un idiota o que soy mejor que eso.
Su voz desesperada y asfixiada, se calaban en mi corazón.
<< ¿Tanto teme perderme?>> pensé con ternura.
—Eres el idiota que más feliz me hizo —dije y lo abracé—. Quiero quedarme contigo, quiero que no me dejes ir nunca. Que siempre me sostengas en tus brazos y no tener que separarnos.
Mis ojos estaban llenos de lágrimas, incluso podía sentir mi nariz goteando.
Pero más allá de mi apariencia, Lucas se sentía igual que yo, no había posibilidad de error. No lo sería nunca más.
Lucas me abrazó, nos fundimos en un suave abrazo en el que él acarició mi cabello y depositó un suave beso en la frente.
—Haré lo que quieras, Selena.
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Editado: 20.08.2025