Te odio o... eso intento 2

capitulo 19

XIV (Bis): El concierto de "Cicatrices"

Yuta no planeaba ir, se lo repitió toda la semana. No tenía sentido, no debía, pero el anuncio apareció en redes: “KACZI – Tour ‘Cicatrices’ – Ciudad natal”. Una sola fecha, un solo escenario. Yuta miró la pantalla demasiado tiempo; no era curiosidad, era algo más peligroso: necesidad. Compró el boleto a última hora: zona trasera, gorra negra, cubrebocas. “No es para verlo, es para cerrar algo”, se dijo, pero en el fondo sabía que mentía. Mientras tanto, Haru ya había notado algo: Yuta escuchaba las mismas canciones todas las noches, con audífonos, en silencio.

Un día, mientras Yuta se bañaba, una notificación apareció en su pantalla: “Reproduciendo: Si algún día vuelves – Kaczi”. Haru sintió un vacío en el estómago; no era celos simples, era miedo, miedo de que el pasado no estuviera tan enterrado. Esa noche, cuando Yuta salió del baño, Haru preguntó con suavidad:

—¿Te gusta mucho ese cantante?

Yuta dudó medio segundo.

—Sí… canta bien. No fue mentira, pero tampoco fue verdad completa. Haru asintió, pero algo dentro de él comenzó a inquietarse.

La noche llegó, el estadio estaba lleno, luces moradas, pantallas gigantes, gritos. Yuta se quedó en la parte trasera, entre sombras. Cuando las luces se apagaron y el público comenzó a gritar su nombre —¡KACZI! ¡KACZI! ¡KACZI!—, el escenario se iluminó y ahí estaba. Más alto, más delgado, más serio, pero era él: Kaczi. Yuta sintió el golpe en el pecho, no estaba preparado. Comenzó con energía, el público cantaba, pero Yuta no cantaba, solo observaba, analizaba, buscaba algo en su rostro. Hasta que llegó el momento que temía: las luces bajaron, solo piano, Kaczi tomó el micrófono con ambas manos, su voz salió más suave, más vulnerable:

“Esta canción… es para alguien que nunca supo cuánto significó”.

El estadio enloqueció, pero Yuta dejó de escuchar el ruido, solo oía la voz: “Te fuiste creyendo que no dolería, pero yo me quedé aprendiendo a vivir sin ti… Y aunque ahora sonrías en otra dirección…”. Kaczi cerró los ojos al cantar la siguiente línea: “Siempre habrá una parte mía que te pertenezca”. Yuta sintió cómo sus ojos se llenaban otra vez, como aquella noche en su departamento, pero esta vez… no podía apartar la mirada.

En medio de la canción, Kaczi abrió los ojos, miró hacia el fondo del estadio y, por un segundo… sus miradas se cruzaron. No fue claro, no fue obvio, pero fue suficiente. Kaczi se quedó inmóvil medio segundo, la nota siguiente le tembló, el público no lo notó, pero Yuta sí, y Kaczi también. Yuta se fue antes de que terminara, no podía quedarse. Su corazón estaba demasiado expuesto, caminó rápido, respiraba fuerte, no sabía si había sido visto realmente, no sabía qué sentía exactamente, solo sabía que nada estaba tan cerrado como creyó. Esa misma noche, Haru fue a su departamento sin haber avisado. Quería sorprenderlo, pero al llegar, el departamento estaba vacío. Llamó, sin respuesta, entró porque tenía llave. En la mesa estaba el boleto arrugado: “Tour Cicatrices”, nombre del artista: Kaczi.

Haru sintió el golpe en el pecho. Yuta regresó 20 minutos después, abrió la puerta y encontró a Haru de pie en la sala con el boleto en la mano. Silencio pesado, incómodo.

—Fuiste —dijo Haru, no sonaba enojado, sonaba herido.

Yuta no respondió de inmediato.

—Solo quería escuchar en vivo —dijo finalmente.

Haru lo miró directo a los ojos.

—No me mientas. Esa frase dolió más que cualquier grito. Yuta tragó saliva, por primera vez en mucho tiempo no tenía una respuesta clara. En otra parte de la ciudad, Kaczi estaba sentado solo en su camerino, mirando su teléfono, un mensaje sin enviar abierto en pantalla: “Estabas aquí, te extrañé”. No lo mandó, pero sonrió, porque por primera vez en años… sintió que Yuta también lo escuchó de verdad.




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