XX (Bis): La confrontación inevitable
Tomó el teléfono, escribió el mensaje que había borrado tantas veces: “¿Fuiste hoy?”. Lo miró, su dedo tembló, y lo envió. El teléfono de Yuta vibró en medio del silencio, ambos miraron la pantalla, Nombre: Kaczi. Haru vio el cambio en su expresión, no necesitó preguntar, Yuta abrió el mensaje: “¿Fuiste hoy?”. Nada más, tres palabras, pero pesaban como años. Haru dio un paso atrás.
—Respóndele —dijo, con voz rota.
Yuta levantó la mirada.
—No quiero lastimarte.
Haru sonrió con tristeza.
—Ya me estás lastimando… pero prefiero la verdad.
Yuta miró la pantalla otra vez y escribió: “Sí”. Enviar. Visto. Un segundo, dos, respuesta inmediata: “Gracias por escuchar”. Yuta sintió que el pecho le ardía, no era un intento de recuperarlo, no era manipulación, era gratitud, y eso lo hizo más difícil. Haru no soportó más.
—¿Aún lo amas? —Yuta negó rápido—. ¿No? ¿Entonces por qué lloras por su voz?
Yuta ya no pudo contenerlo, las lágrimas cayeron sin permiso.
—¡Porque nunca entendí lo que fuimos! ¡Porque pensé que solo era algo pasajero y ahora escucho sus canciones y me doy cuenta de que para él no lo fue! Su voz se quebró completamente. —Y eso me hace sentir culpable, Haru, también estaba llorando ahora, eso me duele, Porque nunca lo supe, Nunca lo vi.
Haru sintió que el pecho se le apretaba.
—¿Y conmigo? ¿Soy culpa también? —Esa pregunta fue como un disparo, Yuta dio un paso hacia él—. No, Contigo siento paz, Contigo me siento elegido.
—Pero cuando lo escuchas… ¿qué sientes?
Yuta cerró los ojos, y por primera vez fue completamente honesto:
—Siento algo que nunca terminé.
Silencio. Haru asintió lentamente, se limpió las lágrimas.
—Entonces termina lo que tengas que terminar —Yuta abrió los ojos, confundido—. ¿Qué? —No quiero ser la persona con la que te quedas porque es lo correcto, Quiero ser la persona que eliges sin dudas. Eso dolió. Porque Haru no gritó, no exigió, solo fue digno, y eso lo hizo más fuerte. Esa noche, Yuta se quedó solo, Haru se fue, no rompieron oficialmente, pero algo se fracturó. Yuta miró el chat abierto con Kaczi, tres puntitos aparecieron, desaparecieron, aparecieron otra vez, mensaje nuevo: “Hay cosas que nunca dije. Si quieres… podemos hablar”. Yuta sostuvo el teléfono con manos temblorosas; el pasado lo estaba mirando de frente, y esta vez… no podía ignorarlo.
XVI (Bis): Fantasmas en la banca del parque
Los días siguientes fueron distintos: Yuta ya no mandaba mensajes de buenos días, ya no llegaba sin avisar, ya no se quedaba a dormir. Respondía, pero corto, frío, educado, y eso dolía más que un grito. Una tarde, Yuta intentó detenerlo cuando salían del departamento.
—Haru… ¿estás enojado conmigo?
Haru lo miró fijo, no había lágrimas esta vez, solo orgullo herido.
—No estoy enojado —dijo—. Estoy aprendiendo a no competir con fantasmas.
Y se fue, Yuta se quedó inmóvil, porque entendió exactamente a qué se refería.
Esa noche, Yuta no soportó quedarse en su departamento, necesitaba aire. Caminó sin rumbo hasta el parque donde solía sentarse cuando necesitaba pensar. Las luces eran tenues, el viento movía las hojas, el mundo parecía demasiado tranquilo para el caos que sentía por dentro. Se sentó en una banca, respiró profundo, una vez, dos, pero el aire no llenaba el vacío. Se sentía culpable: culpable con Haru, culpable con Kaczi, culpable consigo mismo. «—¿Por qué no puedo tener claridad?», murmuró para sí. «—Tal vez porque nunca la tuvimos», la voz vino desde atrás.
Yuta se quedó helado, conocía esa voz. Aunque no la hubiera escuchado en persona en años, se giró lentamente: Kaczi estaba ahí. Sudadera oscura, cabello un poco más largo, mirada menos impulsiva… pero igual de intensa. No era un estadio lleno, no había luces, solo ellos, silencio.
—No sabía que venías aquí —dijo Yuta finalmente.
Kaczi dio un pequeño gesto con los shoulders.
—Yo tampoco sabía que tú vendrías, no sonaba acusador, sonaba… vulnerable. Yuta se levantó de la banca.
—¿Me seguiste?
—No. Vengo cuando no puedo respirar en mi casa. Esa respuesta fue demasiado honesta. Se quedaron de pie, frente a frente, a metros, pero sintiéndose demasiado cerca.
—Fui al concierto —dijo Yuta.
Kaczi lo miró directo.
—Lo sé. Yuta sintió el golpe en el pecho. —...¿Lo sabías?
—Te reconocería en cualquier lugar. Silencio. El viento se llevó lo que ninguno se atrevía a decir.
—Tus canciones… —empezó Yuta, pero se detuvo.
—¿Duelen? —preguntó Kaczi suavemente. Yuta tragó saliva. —Sí. Kaczi bajó la mirada por primera vez. —A mí también me dolió escribirlas, esa confesión fue como una grieta abriéndose.
—No sabía que significaba tanto para ti —dijo Yuta. Kaczi soltó una risa corta, sin alegría.
—Ese fue el problema, Yo… pensé que éramos algo pasajero, Para mí no lo fue, directo, sin drama, sin reproche, solo verdad. Y eso fue peor.
Editado: 02.06.2026