Te odio o... eso intento 2

capitulo 22

XXII (Bis): El quiebre definitivo

El viento seguía soplando en el parque, Yuta y Kaczi seguían frente a frente, demasiado cerca, demasiado cargado, porque tú nunca te fuiste de mí, esas palabras aún flotaban en el aire. Yuta sintió que algo dentro de él se rendía, no era impulso, no era nostalgia simple, era la verdad desnuda.

—No quería lastimarte —dijo Yuta en voz baja. Kaczi miró sin alegría.

—Ya lo hiciste, pero no te culpo… yo tampoco supe pelear por ti.

Silencio, un paso más cerca, respiraciones mezclándose, Yuta levantó la mano… casi sin pensarlo… y rozó la muñeca de Kaczi. Fue mínimo, pero suficiente.

—Si me quedo aquí más tiempo… —murmuró Yuta.

—No te voy a detener —respondió Kaczi. Pero tampoco se movió, Yuta lo miró, los años, las canciones, las lágrimas, todo comprimido en un segundo, y entonces pasó: no fue agresivo, no fue desesperado. Fue lento, tembloroso, un beso que sabía a cosas pendientes, a preguntas sin respuesta, a «¿y si…?». Kaczi respondió con el mismo cuidado, como si tuviera miedo de que desapareciera, y durante esos segundos… nada más existió.

Un aplauso seco, lento, dolido. Ambos se separaron, Haru estaba ahí, sus ojos brillaban, pero no de emoción.

—Ya entendí —dijo con una voz que no parecía suya, Yuta sintió que el corazón se le caía al suelo.

—Haru…

—No —lo interrumpió, silencio pesado—. No vuelvas a decir mi nombre como si no acabara de ver lo que vi. Kaczi retrocedió un paso, no por cobardía, por respeto, Haru miró a Yuta. —Yo te pedí una cosa, solo una: que me eligieras sin dudas, Yuta abrió la boca, pero no había defensa, porque la duda había hablado por él.

—No estoy enojado —dijo Haru, y esa calma dolió más que cualquier grito—, estoy decepcionado, la palabra cayó como un martillo, decepcionado.

—Haru, yo…

—No me expliques lo que yo ya entendí. Sus ojos finalmente dejaron caer lágrimas. —Yo no puedo amar a alguien que todavía mira atrás, eso terminó de romperlo todo, Yuta dio un paso hacia él. —No fue planeado…

—Pero fue real, y esa frase fue imposible de negar. Haru respiró hondo. —Te amo, Yuta, pero no voy a competir con una historia que aún respira. Se dio la vuelta, y esta vez no esperó que lo detuvieran, Yuta no lo siguió, no porque no quisiera, sino porque sabía… que no tenía derecho. El parque quedó en silencio otra vez.

Pero ahora dolía, dolía de verdad, Yuta se llevó las manos al rostro.

—No quería esto…

Kaczi lo miró con culpa, con amor, con miedo.

—Yo tampoco, ¿Por qué tuvo que ser así? —susurró Yuta. Kaczi respiró profundo.

—Porque algunas historias no terminan hasta que explotan. Yuta lo miró, esta vez sin esconder nada.

—¿Y ahora qué?

Kaczi dio un paso más cerca, pero no lo tocó.

—Ahora decides, sin esconderte, sin usar a nadie como refugio. Silencio. Las luces del parque parpadeaban suavemente, Yuta sentía que había perdido algo irrecuperable, y al mismo tiempo… que había despertado algo que nunca murió. A lo lejos, Haru caminaba solo, sin mirar atrás, por primera vez entendiendo que amar también es saber irse. En el parque, Yuta se quedó de pie frente a Kaczi, sin excusas, sin máscaras, y con una verdad ardiendo en el pecho: no se puede tener paz cuando el corazón sigue dividido.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.