Te odio o... eso intento 2

capitulo 23

XXIII (Bis): Mientras el caos envolvía a Yuta...

Otra historia comenzaba a moverse… más despacio, más cuidadosa, más sincera. Kenzo llevaba veinte minutos mirando la pantalla, escribía, borraba, volvía a escribir y finalmente envió: “Oye… ¿te gustaría salir algún día? Solo nosotros. Como amigos”. Vio el “en línea”, su corazón empezó a latir fuerte, un minuto, dos, respuesta: “Depende. ¿Tú vas a hablar esta vez o me vas a dejar hablar sola como antes?”. Kenzo sonrió, era su forma, siempre directa. “Prometo intentar no quedarme callado”, Miru respondió con un emoji riéndose, y aceptó. No fue romántica, no oficialmente, fue café en el centro, pero esta vez Kenzo no se quedó en segundo plano.

—Antes eras más callado —dijo Miru, mirándolo de una manera diferente.

—Antes tenía miedo de decir lo que pensaba —confesó Kenzo.

—¿Y ahora?

Kenzo sostuvo su mirada con firmeza.

—Ahora me da más miedo no decirlo.

Ella no respondió, pero sonrió, y eso fue más que suficiente. Después de esa tarde, comenzaron a verse más seguido: idas al cine, helados y largas caminatas nocturnas. Oficialmente seguían llamándolo "salidas casuales", pero ya no eran un simple grupo; ya no eran ruido. Eran conversaciones largas, risas privadas y silencios cómodos.

Una noche, mientras caminaban por el malecón iluminado, Miru rompió el silencio:

—¿Sabes qué me gusta?

—¿Qué?

—Que ya no intentas impresionar a nadie.

Kenzo se rió suavemente.

—Me cansé de competir.

—¿Con quién competías?

Él la miró con absoluta honestidad.

—Con todos... por tu atención.

Miru se quedó quieta. El viento movía su cabello mientras se sentaban en una banca, contemplando las luces reflejándose en el agua. Kenzo respiró profundo, armándose de valor.

—Miru... ¿alguna vez pensaste que nosotros...?

No terminó la frase, pero ella lo miró sin burlas ni evasivas.

—Sí.

El corazón de Kenzo dio un salto en su pecho.

—Pero tú nunca dabas un paso —agregó ella.

Él bajó la mirada, derrotado.

—Tenía miedo de no ser suficiente.

Miru negó suavemente con la cabeza.

—Nunca fue eso.

Un silencio distinto se instaló entre ellos, uno cargado de significado, pero no pesado. Kenzo levantó la mano lentamente; no la tomó, solo la dejó cerca, dándole la opción de elegir. Fue Miru quien cerró la distancia hasta que sus dedos se rozaron. No fue un beso, ni una declaración formal; fue algo más poderoso: una decisión mutua de empezar.

Esa noche, al despedirse, no hubo dramatismo, solo una promesa simple.

—La próxima vez invito yo —dijo Miru.

Kenzo sonrió.

—Entonces habrá una próxima vez.

Ella asintió y, antes de irse, se acercó un poco más.

—Y esta vez... no me dejes hablar sola.

—No pienso volver a hacerlo —respondió él en voz baja.

Raiko notó pronto que Kenzo sonreía más, Elian comenzó a sospechar algo y Ania simplemente sentenció que "ya era hora". Y aunque el grupo principal estaba fragmentado por la tormenta que rodeaba a Yuta... Había algo que empezaba a sanar en otra esquina, una historia que no nacía del caos, sino del crecimiento.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.