XXV
La casa estaba sumida en un silencio abrumador, demasiado silencio. Yuta llevaba días fijo los ojos en el chat con Haru, sin atreverse a escribirle. El último mensaje de Haru había sido un escueto "Cuídate", nada más. No había enojo ni reclamos en sus palabras, solo una distancia glacial que a Yuta lo estaba matando por dentro.
Sentado en el borde de su cama, Yuta repasó mentalmente todo una y otra vez: el parque, el beso y la mirada rota de Haru al descubrirlos. Sabía perfectamente que no era que no lo amara, el problema era que él mismo nunca había resuelto su pasado, y ahora había terminado por herir a la única persona que le brindaba estabilidad.
—¿Cómo se arregla algo que tú mismo rompiste? —murmuró para la habitación vacía.
Abrió el chat. Escribió "Perdón", pero lo borró por considerarlo demasiado simple. Luego intentó con "No fue lo que parece", pero volvió a borrarlo; era exactamente lo que parecía. Finalmente tecleó con el corazón en un puño: "No sé cómo explicarte lo que siento". Esperó unos segundos, suspiró y presionó enviar. El mensaje apareció como "Visto", pero la respuesta nunca llegó.
Al día siguiente, incapaz de soportar la incertidumbre, Yuta fue a buscarlo al lugar donde Haru solía pasar las tardes al salir de clase: una pequeña y tranquila cafetería. Lo vio sentado junto a la ventana, completamente solo y con los audífonos puestos. Tras una breve duda, Yuta caminó hacia él y se paró frente a su mesa.
Haru levantó la mirada; sus ojos lucían profundamente cansados.
—Hola —dijo Haru, con una palabra neutra, desprovista tanto de calidez como de frialdad.
—Hola —respondió Yuta, sintiendo el peso enorme en el pecho. Tras un tenso silencio, añadió—: No vine a justificarme.
Haru permaneció callado.
—Vine porque no sé qué hacer... pero sé que no quiero perderte.
Haru se retiró los audífonos con una parsimonia dolorosa.
—Yuta... no se trata de lo que tú quieras ahora. Se trata de lo que hiciste cuando tuviste que elegir.
Esas palabras calaron hondo. Yuta bajó la cabeza.
—No lo pensé.
—Exacto.
A su alrededor, el bullicio de la cafetería continuaba, pero en esa mesa el tiempo parecía haberse congelado de golpe.
—¿Lo amas? —preguntó Haru finalmente.
Yuta titubeó; ya no quería seguir mintiendo.
—No sé si lo que siento es amor... pero sé que no estoy seguro.
Haru asintió despacio, sus ojos brillaron pero se negó a llorar.
—Entonces no me arregles a mí para no enfrentarlo a él. —Esa frase fue directa, clara y digna; Yuta sintió que el pecho se le comprimía. —Yo no quiero estar con alguien que vuelve por miedo a quedarse solo.
Yuta dio un paso más cerca, desesperado.
—No es miedo. Es que contigo me siento en casa.
Haru lo miró fijo.
—Pero cuando lo besaste... no estabas pensando en casa.
El argumento fue irrefutable. Haru tomó su chaqueta.
—No te odio.
—Eso lo sé —susurró Yuta.
—Pero tampoco puedo quedarme mientras decides qué sientes —sentenció Haru antes de levantarse. —Si algún día me buscas... que sea porque estás seguro. No porque estás confundido.
Y se fue, dejando a Yuta sentado solo. No lo habían rechazado, pero tampoco lo habían perdonado. Salió de la cafetería con el pecho pesado, comprendiendo que no podía arreglar nada mientras su corazón siguiera dividido. Esa noche, recibió un mensaje nuevo de Kaczi: "¿Hablaste con él?". Yuta miró la pantalla sin responder de inmediato, porque por primera vez no sabía si debía correr hacia el pasado o terminarlo de una vez.
Editado: 02.06.2026